PROYECTO DE ACUERDO NO. 143 DE 2006

POR EL CUAL SE MODIFICA EL CAPITULO IV Y SUS ARTÍCULOS 13º Y 14º DEL ACUERDO 19 DE 1996 SOBRE EL ESTATUTO GENERAL DE PROTECCIÓN AMBIENTAL DEL DISTRITO CAPITAL.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

1-Sustento Jurídico

El Estado Colombiano tiene la responsabilidad de respetar y garantizar el derecho a gozar de un ambiente sano, al igual que proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el logro de estos fines; es decir, Colombia al ser un Estado Social y Democrático de Derecho tiene la obligación de salvaguardar la dignidad humana de cada persona a partir de su corporalidad, su conciencia y su autonomía, esta última en la dinámica de igualdad, solidaridad y participación.

La responsabilidad de Respeto significa que el Estado debe asumir los instrumentos internacionales (jurídicos y de acciones) en materia de los derechos colectivos y ambientales; al igual que el sistema universal de protección, entre los que se encuentran el comité interamericano de Derechos Humanos y la Carta Política de Colombia.

En cuanto a la responsabilidad de Garantizar los derechos colectivos y ambientales, Colombia a través de sus Políticas Públicas y sus Planes de Desarrollo de Inversión, debe permitir el desarrollo sostenible, su conservación, restauración o sustitución; también prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental.

Colombia le otorga especial atención a la calidad de vida y al bienestar de los ciudadanos, este precepto se sustenta en el mandato de la Constitución Política de 1991 artículos 8º, 58º inciso 2º, 63º, 79º, 80º y 95º numeral 8º; los cuales autorizan las acciones de legitimar la preservación, mantenimiento y calidad del ambiente.

En la obligación del Estado de preservar, conservar, y proteger el ambiente se observa un mismo fin el mejoramiento de la calidad de vida de la población y aseguramiento del bienestar general con el objetivo fundamental de solucionar las necesidades insatisfechas de salud, educación, saneamiento ambiental y agua potable.

La Constitución Política desarrolla los artículos superiores precitados, a través de la promulgación de la Ley 99 de 1993 y en donde se establece en su Artículo 1º los Principios Generales Ambientales a seguir por parte de la política ambiental colombiana, como son la Declaración de Río 1992; la protección de la Biodiversidad del país; el derecho a la vida saludable y productiva en equilibrio con la naturaleza; la protección especial de áreas de páramos, subpáramos, nacimientos de agua y acuíferos; la disponibilidad, accesibilidad y calidad del agua; la aplicación al principio de precaución para impedir la degradación del ambiente; la incorporación de los costos ambientales y uso de instrumentos económicos para prevenir, mitigar y compensar los impactos al ambiente; el obligatorio cumplimiento de medidas frente a desastres naturales y su prevención; la protección ambiental en red con Organizaciones gubernamentales, no gubernamentales, sector privado, comunidad y Estado en general; el estudio de impacto ambiental al igual que su manejo será descentralizado, democrático y participativo coordinada bajo el Sistema Nacional Ambiental –SINA-.

El ambiente en Colombia fue regulado con el Código Nacional de los Recursos Naturales Renovables y de Protección al Ambiente - Decreto 2811 de 1974 -, éste es oficializado e institucionalizado por la Constitución Política de Colombia de 1991. En él se expresan reglas y principios referidos al dominio público, inalienable e imprescriptible del ambiente en el país. Para lo anterior establece al Estado y los particulares su deber de participar en su preservación y manejo.

En materia de normas en el Distrito Capital, se presenta el Acuerdo 19 de 1996 con el propósito del “mejoramiento de la calidad del ambiente y los recursos naturales como mecanismos para mejorar la calidad de la vida urbana y rural y satisfacer las necesidades de los actuales y futuros habitantes del Distrito Capital”.

Otra norma es el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, Decreto Distrital 190 de 2004 artículo 157º, organiza las políticas sobre ambiente y recursos naturales: Calidad ambiental para el desarrollo humano; Desarrollo sostenible como proyecto social y cultural; Preeminencia de lo público y lo colectivo; Ecoeficiencia de la función y la forma Urbanas; Transformación positiva del territorio; Gestión ambiental urbano-regional; Liderazgo nacional y articulación global.

El mismo Decreto dispone la definición, objetivos, componentes y principios de la Estructura Ecológica Principal en sus artículos 72º, 73º, 74º y 75º.

Razones Del Proyecto

La estructura ecológica principal de la sabana de Bogotá puede definirse tomando cuatro grandes componentes: estructuras morfopedológica, biótica, hídrica y antrópica. El humano es considerado como parte fundamental del ecosistema.

Las tierras

La actual estructura geológica y morfológica está determinada por la evolución paleotectónica del territorio colombiano y, más específicamente, la cordillera Oriental, en cuyo seno se ubica. Esta evolución tiene sus raíces desde los tiempos precámbricos (hace más de 575 millones de años), cuando todas las tierras del planeta estaban unidas en un inmenso supercontinente denominado Pangea y el actual territorio colombiano formaba parte de ese escudo primitivo de rocas cristalinas, hasta el momento en que la orogénesis o levantamiento general de la cordillera llegó a su posición actual, hace cerca de 3,5 millones de años. Posteriormente, los procesos paleoclimáticos y paleogeomorfológicos dieron origen al relleno fluviolacustre de una antigua fosa que ocupaba lo que hoy es la planicie de la sabana. En la actualidad, las principales unidades morfoestructurales de la sabana resultantes de esta evolución son:

Una zona plana a suavemente inclinada, constituida, desde el piedemonte hacia el centro de la sabana, por conos aluviales, llanura aluviolacustre (terrazas altas y bajas) y llanura aluvial actual (vegas inundables).

Una zona montañosa, conformada por diversos tipos de formas, según la naturaleza y la disposición de las rocas, entre las cuales las más importantes son: los escarpes y las laderas escarpadas de areniscas duras, los lomeríos paralelos de areniscas friables, las laderas en fajas de lomeríos de plaeners, las depresiones de arcillolitas negras, las lomas redondeadas de arcillolitas de varios colores y los depósitos de vertiente.

Los suelos formados sobre los relieves, tanto de la parte plana como quebrada, tienen como características en común la influencia de cenizas volcánicas provenientes de las erupciones de los volcanes de la cordillera central, transportadas por el aire hasta la sabana de Bogotá. Estas cenizas, al descomponerse y mezclarse con el humus de la vegetación, formaron una capa de suelo oscuro de 50 a 150 cm. de espesor, de gran fertilidad, conocido como suelo ándico o Andisol. Estos suelos no se formaron en los valles aluviales, a causa de la depositación periódica de arcillas de inundación, ni en las zonas secas de la sabana, a causa de la menor cantidad de humus; en cambio, se formaron suelos diferentes, como entisoles, inceptisoles, alfisoles o planosoles.

Los estudios existentes han permitido clasificar los suelos en 11 asociaciones, 7 de ellas en la zona quebrada y 4 en la zona plana. En la zona quebrada, los suelos de las asociaciones Monserrate y Páramo – Usme – Guasca, con el 28,5% de la superficie de la cuenca, no son aptos para actividades agropecuarias, por tener un relieve abrupto y un clima muy frío. Los suelos de las asociaciones Cabrera – Cruz verde, Facatativa – Cabrera, Cogua – Cabrera, Bojacá – Cogua –Techo y complejos coluviales, que en conjunto suman el 37,5% de la cuenca, son aptos para actividades agropecuarias con diversos grados de restricciones por pendiente, pedregosidad, profundidad (claypan) y erosionabilidad, estas dos últimas especialmente en la asociación Bojacá – Cogua – Techo (64%). En la zona Plana, los suelos son todos aptos para actividades agropecuarios intensivas (28,5%), con restricciones por inundaciones periódicas en la asociación río Bogotá – Nemocón, y en la asociación Techo-Gachancipa, por presencia de clay pan a poca profundidad. Los mejores suelos son los de la asociación Tibaitatá – Zipaquirá – Corzo. Cerca de un 9% de la cuenca está ocupada por superficies de agua y zonas urbanizadas.

La biota

Los cambios paleoclimáticos y, más específicamente, las sucesivas glaciaciones y deglaciaciones que ocurrieron durante los últimos tres y medio millones de años, fueron responsables de sucesivas transformaciones en la vegetación de la altiplanicie, la cual fluctuó desde el páramo abierto en loa épocas más frías, hasta el bosque subandino, propio del actual piso cafetero, en las más cálidas. Después de la última glaciación, ocurrida entre hace 75.000 y 10.000 años, el clima experimentó un mejoramiento general (Holoceno o últimos 10.000 años) y luego de un período en que, incluso, llegó a ser ligeramente más calido que en la actualidad, se estableció en su situación actual, hace cerca de 3.000 años (holoceno superior), con una vegetación de bosque en la mayor parte de la planicie, excepto en los humedales. En la medida en que el bosque cubría la sabana, también fue desapareciendo la megafauna propia de los espacios abiertos de la época glacial, en especial el mastodonte y el caballo americano. Sólo quedaron las especies que lograron adaptarse al bosque, como el venado, el curí, el conejo, el armadillo y otras menores, que se constituyeron, entonces, en las principales presas de los grupos cazadores-recolectores que llegaron a la sabana al final de la glaciación.

En consecuencia, al final del Holoceno el bosque andino cubría el altiplano y los cerros que lo bordean, salvo en los sectores de más baja precipitación del occidente y sur de la sabana, donde se desarrolló un tipo de vegetación xerofítica, y por encima de 3.300- 3.3500 msnm, donde empieza el páramo. En los bordes de los humedales se desarrolló, asimismo, un tipo de vegetación de pantano, a base de juncos, de cortaderas y de alisos, entre otras especies. No obstante, el bosque andino presenta cambios en su composición y en su estructura entre la planicie y los cerros, así como a diferentes altitudes. En efecto, es posible identificar por lo menos tres tipos de bosque andino bajo y un tipo de bosque alto andino.

En la planicie existía un bosque de tendencia seca, posiblemente dominado por palo blanco y raque, y que fue talado en su totalidad. En los cerros interiores secos dominaba un bosque caracterizado por corono y espino, mientras que en las laderas interiores de los cerros exteriores, más húmedos, el bosque estaba terminado por mano de oso y gomo; estos dos tipos de bosque han sufrido una degradación intensa y los restos que se observan en la actualidad corresponden a bosque secundario. A partir de los 2.750-2.800 metros de altitud y hasta cerca de los 3.300-3.500 metros se desarrolla el bosque altoandino, de menor altura y estratificación que el andino bajo, cuya especie más característica, en la región, es el encenillo. Desde los 3.300-3.500 hacia arriba aparece la vegetación de páramo, si bien es posible observar una franja de transición con el bosque en su límite inferior, conocida como subpáramo (entre 3.300 y 3.600 m), donde se entrelazan bosques bajos de colorao y tíbar, matorrales de cachovenao, romero, amarguero negro y sanalotodo, y vegetación de páramo como frailejones, paja de ratón y chusque. El páramo es una formación herbácea abierta que aparece por encima de los 3,550-3.600 m, dominada por pajonales de paja de ratón (Calamagrostis), acompañadas por otras especies de gramíneas y ciperáceas y la presencia del característico frailejón. En los páramos húmedos la paja de ratón es reemplazada por especies de chusque.

Además de las vegetación zonal se han distinguido dos tipos de matorrales xerofíticos, uno dominado por tuna y hayuelo, en el suroeste de la sabana, y otro caracterizado por espino y condalia, en la zona del checua; también, se han identificado un bosque de zonas inundables, caracterizado por aliso, y la vegetación típica de los humedales, como juncos y eneas, en las riberas, y diversos tipos de vegetación flotante y sumergida, en relación con la calidad del agua.

El agua

En relación con el agua, la precipitación total cae sobre la cuenca alta del río Bogotá se estima en 3.040 millones de metros cúbicos por año. De este volumen, 2.730 Mm3 se pierden por evapotranspiración y 130 adicionales por evaporación a partir de superficies de agua. La descarga del río al final de la sabana (Alicachín) es de 80 Mm3 y el resto, o sea la suma de 100 Mm3, se i9nflitran en el suelo y constituyen la recarga de los acuíferos de la sabana.

La escorrentía de la cuenca está organizada por 15 cuencas hidrográficas, cuyos emisarios finales desaguan en el río Bogotá. De las 15 cuencas que conforman el sistema, la más importante, por su tamaño, es la del río Balsillas, la cual drena toda la parte occidental y representa el 15,5% de la superficie total de la cuenca alta del río Bogotá, siendo sus subcuencas principales las de los ríos Subachoque, Bojacá y Balsillas bajo. Le siguen en importancia la cuenca de Tibitó, con sus principales subcuencas del embalse del Neusa, río Checua, río Neusa (aguas abajo embalse) y ríos Susagua-Barandilla; la del embalse de Tominé (9,6%); la del río Tunjuelito (9,6%); la del río Teusaca (8,4%); y la del Alto Bogotá (Villapinzón 6,5%). Las zonas de Tibitó-Salto (14,6%), Sisga- Tibitó (5,6%) y oriente bogotano (3,4%) abarcan una serie de pequeñas cuencas localizadas a lo largo del curso principal del río Bogotá. De especial importancia para la capital, por atravesar su casco urbano, son estas últimas y la cuenca del río Tunjuelito.

Forman parte del sistema no menos de 27 humedales naturales, entre lagunas, chucuas y pantanos, y 9 embalses de regulación con una capacidad total de 1.226Mm3, construidos para el sistema de acueducto y generación eléctrica de la región. Dado que los caudales existentes dentro de la cuenca no fueron suficientes para atender las necesidades de la población bogotana, hubo necesidades de recurrir a la desviación de las cabeceras de los ríos Negro y Guatiquía (páramo de Chingaza), y a un uso cada vez más intensivo de las agua subterráneas.

No obstante, la explotación de las aguas subterráneas ha sobrepasado en gran parte de la cuenca la capacidad natural de recarga de los acuíferos. Tal es el caso de los acuíferos del Cuaternario, los más intensivamente explotados, los cuales presentan déficit (recarga vs. Descarga) en 5 de las 9 cuencas hidrogeológicas de la sabana, seguidos por los acuíferos del grupo Guadalupe, con déficit en 4 cuencas, y por los de la formación Tialatá, con déficit en 2 cuencas. Esta sobreexplotación ha producido un descenso en los niveles de los acuíferos, junto con la desaparición de numerosas quebradas y de la mayor parte de los manantiales y fuentes primarias de agua de la cuenca. Las reservas elásticas y seculares, aparentemente abundantes, no se pueden explotar como se quisiera, sin generar impactos muy graves en el sistema de aguas superficiales, por desaparición de quebradas y de manantiales y por reducción de caudales en los ríos.

Alcances Del Proyecto

La destrucción de la cobertura vegetal original de la cuenca del río Bogotá, en especial en los cerros, el mal uso del suelo, la erosión, la sobreutilización de los recursos hídricos y la contaminación han producido una degradación intensa y creciente del sistema de aguas superficiales y subterráneas de la cuenca alta del río Bogotá. Para recuperar la estructura ecológica principal es necesario adelantar acciones urgentes en por lo menos los siguientes campos:

Recuperación de la cobertura vegetal natural en la totalidad de los cerros que bordean a la sabana, en especial en los sectores con suelos de las asociaciones Monserrate y Páramo –Usme- Guasca y, en general, por encima de los 3.300 msnm (límite del páramo).

No permitir la invasión de los vallesaluviales con construcción de vivienda, para evitar pérdidas materiales y humanas y para garantizar los procesos hidrológicos naturales (inundaciones, alimentación de acuíferos y otros), y fomentar en ellos la revegetalización con especies nativas.

Crear cinturones de conexión vegetal entre los cerros y los valles aluviales, preferiblemente a lo largo de los vallecitos de las quebradas, con el fin de recuperar y/o mejorar las condiciones de biodiversidad.

Recuperar el sistema natural de humedales, mediante el control de vertimientos de aguas negras, el control de invasiones y la realización de obras de rehabilitación de sus riberas.

Controlar los vertimientos y tratar las aguas residuales de las ciudades y municipios de la cuenca, con el fin de recuperar la calidad de las aguas de los ríos y quebradas y crear las condiciones para el desarrollo de la fauna acuática nativa.

Controlar la explotación de las aguas subterráneas, con el fin de reducir el déficit recarga – descarga que actualmente se presenta en varias subcuencas hidrogeológicas. Por lo pronto, es necesario no dar más permisos de perforación de pozos en las cuencas que ya presentan déficit. Determinar, mediante modelos, las posibilidades de explotar las reservas elásticas y seculares de agua subterránea, para evitar impactos indeseables sobre el sistema de escorrentía superficial.

Realizar un planteamiento regional del uso de los recursos hidráulicos, con el fin de evitar que un solo uso consuma la totalidad del agua disponible y asegurar un desarrollo agropecuario sostenido de la sabana.

Este proyecto de acuerdo reforma el Estatuto ambiental del Distrito Capital, Acuerdo 19 de 1996, en su capitulo IV artículos 13º y 14º, articulado que no es concordante con lo establecido por el Plan de Ordenamiento Territorial establecido desde el año 2000, en relación con la Estructura Ecológica Principal para el Distrito Capital y su región.

Porque somos gotas de un mismo río…

Ati Quigua

Concejala Indígena – Bogotá D.C.

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