Tras la reelección del Álvaro Uribe Vélez como presidente de los colombianos, para el período 2006-2010, Olafo Montalbán, de la Agencia Latinoamericana de Información, Alai-amlatina, analiza en su artículo “Colombia: El triunfo del continuismo”, el nuevo panorama político de Colombia después de la histórica decisión.

Colombia: El triunfo del continuismo

Tomado de Servicio Informativo “Alai-amlatina”

Por Olafo Montalbán

ALAI AMLATINA, 29/05/2006, Medellín.- Colombia decidió el pasado domingo 28 de mayo quién será presidente para el período 2006 - 2010. Reeligió al actual mandatario, Álvaro Uribe, con 7.363.297 votos (62% de electores). El candidato de la derecha, del continuismo y del imperio ganó con amplia mayoría a pesar de la histórica abstención, 55%. Carlos Gaviria, candidato del Polo Democrático Alternativo y de la esperanza, obtuvo la segunda votación con 2.608.914 sufragios rompiendo el récord histórico de la izquierda en unas elecciones presidenciales. El candidato del partido Liberal, Horacio Serpa, obtuvo 1.400.582 de votos, el más bajo en la historia de uno de los partidos burgueses que han gobernado por décadas.

El mapa político de Colombia se ha recompuesto. Las elecciones del domingo son históricas porque despejan varios interrogantes. Primero, queda demostrado que la derecha sigue teniendo un amplio respaldo popular y que la maquinaria electoral está intacta. Sostenida, por supuesto, por la gran prensa del país, los Medios de Alienación Masiva. Segundo, estas elecciones fueron sepultureras del decadente bipartidismo que gobernó, ¡y de qué manera!, al país por más de un siglo. Tercero, el Polo Democrático Alternativo pasó la prueba de bautizo convirtiéndose en la segunda fuerza política del país, y en la alternativa de poder del futuro cercano. Demostrando, de un lado, que es el verdadero partido de oposición al bloque y modelo político de la desgastada oligarquía colombiana; y del otro, que encarna los sueños y la esperanza de las reformas radicales que tenemos que llevar a cabo.

Reelecto Álvaro Uribe, continuará la seguridad democrática, de lo cual no cabe duda. Se reafirma, de otra parte, el poder de la derecha, la elite económica y financiera, la jerarquía eclesiástica, los Medios de Alienación Masiva (RCN, Caracol, El Tiempo, ETC) y los paramilitares (menos los candidatos a extradición).

Washington, sede de la Roma moderna, sentirá suyo, cómo no, este triunfo y brindará porque Colombia permanezca bajo su protectorado. Con Uribe vuelve y gana la política de privatizaciones. El TLC será aprobado, seguramente, por un Congreso identificado con su patrón. Con lo cual cederemos, aún más, espacios de soberanía nacional y seguridad alimentaria, garantizando, de paso, un alto rendimiento a las inversiones extranjeras y brindando mayores gabelas a las transnacionales en nuestro debilitado mercado nacional.

El imperio se aseguró, por cuatro años más, al más fiel aliado de la región, quinta columna en la lucha contra el “terrorismo” o los comunistas disfrazados, como nos llama ahora, y principal conspirador contra la República Bolivariana de Venezuela. Continuarán, igualmente, las extradiciones, se extenderá la pobreza y miseria del pueblo, seguirá la política de desplazamiento forzado, y el asesinato y persecución contra la oposición que ha nacido con el PDA. Nada de esto sorprende.

Carlos Gaviria y el PDA: la esperanza y la reforma radical de la sociedad

Habíamos afirmado, en un escrito donde hablamos de los dos escenarios únicos, que si Carlos Gaviria ganaba las elecciones triunfaría la esperanza de llevar acabo una reforma radical de la sociedad, desde el Estado Social de Derecho. Inflándose como un inmenso globo amarillo la idea que vamos a salir de la prolongada crisis histórica que vivimos. Dijimos que el proyecto social por una vida digna, una patria soberana, libre y de derechos para todos y todas, tomaría vuelo. Y, finalmente, que las FARC aceptarían el llamado a negociar el intercambio humanitario, dispuestos a jugar la carta de la solución política negociada al conflicto armado.

Pero este escenario, el del triunfo del PDA con Carlos Gaviria, era menos probable de conquistarse por las urnas, y al mismo tiempo, el más complejo y difícil para la izquierda. La derecha y el imperio buscarían desgastar y anular a Gaviria y su gobierno en el menor tiempo posible. A lo cual contribuirían, también, las contradicciones de las distintas tendencias dentro del PDA. El estallido del bello globo amarillo lleno de esperanza que hoy recorre las calles, las universidades, rincones y los campos colombianos era muy probable. Pasados cuatro años del bello experimento de la izquierda, se auguraba que vendrían los liberales, en el 2010. El proyecto de reencauche al que juega la agotada oligarquía colombiana. Los Vargas, Lleras, Santos, Pardos, etc.

La tarea que tiene la izquierda y el PDA con Carlos Gaviria será titánica. No solo ser la segunda fuerza política, sino constituirse en verdadera alternativa de poder en Colombia. Desde ahora consolidar lo alcanzado, cuadruplicar el apoyo obtenido, difundir nuestra propuesta, el programa y las ideas que nos llevarán al poder nacional, conquistando y ganado los poderes locales y regionales. Ese es el gran reto. Para ello contamos hoy con un dirigente y líder de la talla de Carlos Gaviria, con un PDA en ciernes pero lleno de jóvenes, que son la esperanza del cambio radical que necesitamos.

No tenemos otra alternativa que la unidad para responder desde la oposición, organización, movilización y lucha callejera al histórico desafío. Sabemos que la derecha gobernará, de lograr terminar su mandato, otros cuatro años bajo el signo del desgaste y a la defensiva. La vieja zorra está confiada en la buena imagen y opinión favorable que tiene su gallo.

Opinión construida con blasfemias, trucos y represión. Sin embargo, el rápido desgaste de las políticas de este gobierno es tan evidente, que por cada día que pasa sentirán como si pasaran meses. Sin duda, se agotará más temprano que tarde el combustible que alimentó la máquina de guerra y frágil imagen del gobierno de la seguridad democrática. Pronto, el apoyo que le queda empezará a ceder. La derecha está nerviosa y no sabe qué y cómo hacer para contener el irremediable desvanecimiento de su reelecto presidente.

Dos utopías luchan a muerte: la una vieja zorra que se niega violentamente a morir y resiste contra el tiempo, y la otra recién nacida recorre, aunque sin despertar bien aún, las calles, campos y rincones de éste país enarbolando la bandera amarilla de la esperanza y de las reformas radicales.

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