Bogotá. 15/09/2006. En el seminario internacional de “Mujeres indígenas, territorialidad y biodiversidad” celebrado la semana anterior, Actualidad Étnica tuvo la oportunidad de compartir con algunas de las mujeres asistentes. Este el testimonio de Ana Francisca Pérez Conguache, líder Guatemalteca.

Pérez Conguache, es la segunda hija de una familia indígena del país centroamericano, abogada, maya de la lengua pocoman, casada con un indígena y madre de un niño de cuatro años. Ella se considera afortunada por lo que ha vivido y comprometida con el trabajo de género que hace con las indígenas, pues habla de involucrarse y sentir con él su tradición, “Creo que no se trata de venir y hablarle a las mujeres de proyecciones y metas, sino de dar aplicabilidad a esa retórica desde mi casa; y mi familia me da la oportunidad para hacerlo, por eso estoy trasmitiendo mi experiencia en esta visita a Colombia”.

La líder indígena nos contó cómo se ve y cómo se debe proyectar el género desde su cultura. El libro sagrado del Popol Vul, los ritos espirituales tradicionales y el calendario maya son algunos de los elementos que rigen la vida de la mujer, quien es la columna vertebral para el trabajo de reconstrucción social del pueblo.

¿En qué consiste su trabajo?

Pertenezco a una asociación de mujeres hablantes Pocoman, que brinda el servicio de asesoría jurídica, hacemos una especie de trabajo de bufete popular. Allí atendemos a las mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar, la discriminación y el racismo.

También trabajo en la Academia de Lenguas Maya de Guatemala, soy de la junta directiva y participo en la defensoría legal y violación a los derechos de las mujeres; asesoro la reforma educativa con enfoque de género, pero aplicado a los indígenas; estoy en los cambios del código de trabajo de Guatemala; y ahora con la experiencia del Centro de Acción Legal-Ambiental y Social de Guatemala (CALAS) estoy en Colombia, presentando la ponencia “Conocimiento tradicional, sabiduría y filosofía Maya de las mujeres y biodiversidad”.

¿Cómo es su núcleo familiar?

En mi casa somos cinco, tres mujeres, papá y mamá. ¡A Dios gracias!, mi padre nos dio estudio a las tres, él nos dijo que la universidad le parecía justo. Entre mi familia, tuve esa suerte de tener a mis padres y el derecho que ellos me dieron de compartir con mis hermanas.

De nosotras la mayor es Sociolingüista, trabaja en la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala, es directora de la lectoescritura que en nuestro país está muy avanzado; yo estoy con el tema legal ambiental desde los derechos colectivos de los pueblos indígenas; y mí hermana menor es médica, recién egresada.

Además tengo mi propio hogar, estoy casada con un indígena de mi pueblo, soy madre de un bebé de cuatro años, con quien hago una labor muy linda para involucrarlo y practicar con él mi tradición. Porque no se trata de hablarle a muchas mujeres, sino de dar aplicabilidad a esa retórica desde casa. Por ejemplo, es estos viajes mi esposo es ser excepcional porque me apoya, existe una confianza y respaldo mutuo.

Porque nosotras como mujeres podemos tener muchos deseos y sí hay obstáculos, trabajar por eso es muy difícil. A los hombres los han educado de manera distinta y por eso intento con mi hijo hablar el idioma, hacer las tareas, acostumbrarlo al traje y trato de enseñarle el respeto por “la naturaleza” e inculcarle el valor que tenemos las mujeres.

¿Cuál es su análisis de la mujer del siglo XXI?

En estos momentos he tenido la oportunidad a través de una investigación que estoy realizando, es un Análisis Legal y Sociocultural del Acceso y Control de los Recursos Naturales de las Mujeres Mayas Pocoman en mi pueblo, he descubierto que la toma de decisiones en el hogar es de la mujer, y en la sociedad lo hacen los hombres; se encuentra un desequilibrio entre la evidencia del conocimiento y la labor que ella cumple en el hogar, se le ha subvalorado y ella misma ha aceptado esa situación.

Los hombres no ven el potencial y la importancia de nosotras, gracias a eso la figura femenina se queda en casa y no significa gran cosa, pero igual ves que ella es la que trabaja día y noche; y a la luz pública no realiza ninguna labor digna. La mujer es la encargada de todo, incluso del liderazgo pleno del proceso productivo, reproductivo y complementario del hogar.

De igual forma es cierto que no desarrolla sus habilidades totalmente aunque tenga mucho deseo de superación, pues en la sociedad existe barreras que le impiden tener acceso a la tierra, a la toma de decisiones y al involucramiento en los procesos; por eso en necesario la unión y el respaldo del género para salir adelante. Una de las cosas más lindas y positivas es que hay cientos de mujeres en las que existe el deseo de seguir sobresaliendo; pero es necesario trabajar la autoestima de otras que por su educación cultural, no están enseñadas a luchar y no sienten la necesidad de hacer parte de la esfera social.

¿Cuáles son las reivindicaciones de las mujeres indígenas de latinoamérica?

Estamos seguras que nosotras las mujeres necesitamos un espacio donde podamos estar y contarle al mundo que existimos, que somos víctimas, pero luchadoras y sobre todo que como indígenas tenemos responsabilidades sociales y familiares muy importantes, por tanto merecemos un respeto especial y esencial para criar a nuestros hijos.

También creo que la formación y la educación cívica y política le permiten a la mujer estar en los puestos de decisión, involucrarse con los espacios donde se puede luchar junto a los hombres por los derechos colectivos y de género.

¿Quién es la mujer maya guatemalteca?

Nosotras estamos muy relacionadas con la naturaleza, trasmitimos los conocimientos indígenas a nuestros hijos e hijas y hay un vínculo de respeto superior con la madre naturaleza. Nuestros hermanos mayores son los lagos, los ríos y los mares; y los hermanos menores son las plantas y los animales. Nuestra cosmovisión está muy relacionada con el respeto por la naturaleza, la experiencia y la espiritualidad.

En cuanto a la espiritualidad, la figura femenina es la encargada de mantener el legado y la intentamos ejercer a pesar de que en los 80, la guerra en Guatemala nos marginó e impidió de alguna forma vivirla, a partir de los acuerdos de paz de 1999 hubo mayor cobertura a la identidad y al derecho de la espiritualidad para los pueblos indígenas en Guatemala.

La mujer es la encargada de la transmisión y reproducción de nuestros valores, hace las veces de socializadora; ella es la que le enseña a su hijo a hablar el idioma, le dice cual debe ser su traje, también es la encargada de ayudarle en la combinación de las normas indígenas con las sociales. Nuestra cultura podría decirse que es matrilineal, porque para nosotros la responsabilidad más grande de conservación recae en la mujer.

Y la combinación de esos elementos están estrechamente ligados con la naturaleza; a su vez el uso de hierbas es importante para el equilibrio emocional. La cosmovisión se basa en el entendimiento de la biodiversidad y la espiritualidad significa respeto a la naturaleza, eso no es algo nuevo, es de miles de años atrás. Por eso los 20 días del calendario maya son esenciales, es así como se rige el nagual, que es el otro yo que cada uno tiene; recordemos que la cosmovisión es la forma de ver las cosas que están a nuestro alrededor.

¿Cuáles son las apuestas de las mujeres guatemaltecas?

Existe un gran esfuerzo, sobre todo de las jóvenes, decidas a ser profesionales y esto está siendo incentivado con becas. Por ejemplo en estos momentos cuba concede cupos para estudiar medicina a mujeres indígenas y es importante comprender que esto es una labor conjunta para que las mujeres indígenas nos decidamos a dar pasos positivos y gigantes, sin pensarlo mucho.

¿Cuáles considera son los principales retos para las mujeres indígenas?

Retos hay muchos, pero el principal debe centrarse en que las mujeres debemos proponernos eliminar las envidias entre nosotras mismas, existen mucho egoísmo y rivalidad en el género; los indígenas nos discriminamos y creamos enemistades internas que son innecesarias y lo único que hacen es dividirnos. Tenemos que concienciarnos entre nosotros y con los ladinos (blancos), que hay gente al interior creando malas visiones y enemistades y la meta es unificarnos, solidarizarnos, según el Popol Vul “No debemos olvidar dónde estamos, de dónde venimos y qué se quiere hacer en el futuro”.

Hay mucha gente resentida, y aún así hay que seguir luchando porque sin juntar los criterios no se puede; entender que necesitamos hacer muchas cosas, buscar más participación en el congreso, formarse e informarse, lo debemos hacer como un solo gremio y no divididos. En lugar de pensar en eso, es ideal ocuparse en el principio del “informado previo”, más se conoce, más se informa y hay más poder de decisión. Consiste en luchar por nuestro derecho a formarnos como profesionales y tomar decisiones desde nuestra posición de mujeres.

¿Cuál es su balance del seminario de mujeres indígenas?

Una experiencia muy rica; qué chévere aprender y contar esto; y llevar ese saber a mi pueblo como una oportunidad de seguir creciendo y construyendo la identidad de la mujer indígena a nivel latinoamericano.

En cuanto a los resultados de las ponencias, hubo un aspecto un tanto negativo y de reflexión, es necesario fortalecernos como mujeres indígenas y las colombianas unificar un poco más los criterios de lucha, pues el respeto por el trabajo de las profesionales ladinas (blancas) es esencial. Existieron comentarios donde se argumentó que ellas no tenían legitimidad para contar las cosas que suceden al interior de los resguardos o provincias; puede ser que no se traduzca de la misma forma, pero aun así las mujeres tenemos que valorar el trabajo que otras, en su condición de no indígenas, nos ayudan a hacer.

Las antropólogas, abogadas e investigadoras lo que hacen es visualizar las problemáticas desde su experiencia, y todas lo que queremos es contar qué sucede y denunciar la situación. Buscar la capacidad de equilibrio y de igual manera escuchar a las grandes líderes de los territorios, tener los dos puntos de vista es fundamental para el fortalecimiento de la labor, porque el respeto está perdido frente a lo que ellas hacen y es de admirar la ayuda que nos dan a los indígenas.

¿Cuál fue la experiencia más significativa del intercambio cultural?

Ha sido bien halagador que para las colombianas seamos un ejemplo, porque nosotras usamos mucho el traje y aquí según ellas, se ha perdido; además les preocupa el idioma que es una parte medular para las mujeres indígenas del mundo y tratar de ejercer la espiritualidad según la visión de cada pueblo. Porque hay confusión al respecto debido a la violencia y la misma crisis social de Colombia. ¡Qué a propósito! Me pareció un territorio hermoso, pues de lo que conocí en Bogotá. ¡Muy lindo! y de gente muy querida, demasiado amable y cálida.

En cuanto al contenido del seminario, los temas de territorio y biodiversidad son campos importantes para todos, y después de esto sería bien chévere hacer una excelente propuesta como gremio para que de paso que el presidente de Colombia, escuche las sugerencias y fortalezca su apoyo a los pueblos indígenas del país.

Reportaje Gráfico

Conozca a la líder, Ana Francisca Pérez Conguache y a otras mujeres indígenas que participaron del seminario de “Mujeres Indígenas, territorialidad y biodiversidad” haciendo click aquí.

Reportaje Gráfico “Rostros femeninos de una etnia”

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