En el futuro los bogotanos podrían caminar por calles que lleven nombres de líderes o comunidades indígenas, así como afrodescendientes.

Si usted es de los bogotanos que se pregunta ¿por qué la avenida Gonzalo Jiménez de Quesada no se llama avenida Saquesazipa o Nemequene, o por qué una biblioteca pública o el nombre de un río no se llama Yurupary?, pues posiblemente las cosas cambiarán gracias a un Proyecto de Acuerdo que la concejal indígena Ati Quigua solicitó al cabildo distrital.

La idea es que mediante un Proyecto de Acuerdo radicado en la Comisión del Plan, se pueda dar aplicabilidad a la Ley 388 de 1997, artículo 6, en donde se establece que el Ordenamiento del Territorio debe hacerse atendiendo a las condiciones de diversidad étnica y cultural.

“Este Proyecto propone crear una comisión para tener en cuenta elementos históricos, antropológicos y técnicos para denominar accidentes geográficos o avenidas en el Distrito Capital. Esto con el objetivo de rescatar nuestro origen, nuestra historia. Pienso que se debe ser más riguroso en ese sentido, encontramos antecedentes como por ejemplo los departamentos que llevan nombre de próceres políticos como Córdoba, Bolívar, Nariño, Santander, etcétera. Y no hay ninguno que haga honor a la gente del territorio, un árbol o un elemento representativo de la región. Otros sitios tienen nombres religiosos católicos como Magdalena, San José o Santa María. Colombia que significa tierra de Colón. Pienso que la Constitución del 91 abre un proyecto de reconocimiento de esa diversidad que estamos en mora de replantear como símbolos patrios”

Para la concejala, dentro de las funciones que debe adelantar la comisión estarían: las investigaciones conducentes a la recuperación de la memoria colectiva frente a los espacios geográficos de la ciudad y socialización con sus habitantes; integrar armónicamente los nombres de los actuales sitios geográficos del Distrito con los históricamente dados por los pobladores originarios, colonizadores y ciudadanos actuales, a fin de recuperar el significado de los mismos y reconocer la diversidad cultural existente en la ciudad, entre otras.

“Encontramos por ejemplo en materia de monumentos, obras de arte, que también los monumentos son de próceres políticos de los diferentes partidos, pero no existe ninguno de los luchadores de las comunidades negras o indígenas. Lo que significa que el río San Francisco se llame así, y no Vicacha como lo denominaban los muiscas; son elementos que ayudan al arraigo de los ciudadanos. Queremos que la diosa Bachue pueda vigilar desde Monserrate el desarrollo de la capital al igual que la virgen de Guadalupe en un intento de recuperar la memoria de los muiscas”.

Ati Quigua, manifestó que la creación de la comisión de Toponimia o estudio de los nombres del lugar, está cobrando vigencia y en algunos países como Venezuela, Perú, Cuba y España, en donde han adelantado en algunas de sus principales ciudades procesos de normalización de los nombres geográficos conforme a los criterios establecidos por la Organización de las Naciones Unidas.

VOZ. La verdad del Pueblo. Bogotá, Página 9. Agosto 23 de 2006

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