SIEC - Actualidad Étnica. Puerto López, Colombia. A primera hora del pasado lunes informaba el Gobernador del Cabildo del resguardo achagua Turpial La Victoria (Puerto López, Meta) de la desaparición de seis jóvenes de esta etnia en los alrededores de ese territorio indígena.

 

Sin que nadie se enterase demasiado de cómo sucedió, sin mediar palabra o aviso alguno, parece que un grupo de militares uniformados integrantes de la compañía que actúa en los aledaños del resguardo decidió, en connivencia con los propios jóvenes, planificar la evasión de los muchachos, de entre 17 y 22 años, quienes deseosos de salir del resguardo, no avisaron a sus familiares.

 

Así lo relatan los propios Achagua: familias consternadas que acaban de enterarse de lo sucedido; padres y madres llorando porque no sabían qué les había pasado a sus hijos, mientras el Ejército Nacional ni se había molestado en hacerles llegar un comunicado oficial.

 

Los muchachos, que responden a los nombres de Abraham Guarín, Víctor Arrepiche, Álvaro Cuniche, Albeiro Ruiz, Ferney Gaitán y Ricardo Cuniche, parecen haber sido enviados a Yopal según las últimas informaciones reveladas a este periódico por el Gobernador del Cabildo del resguardo, Marcos Arrepiche, que se enteró de su situación a través de otro joven que había recibido una llamada desde la capital del Casanare y al que uno de los fugados le relató lo sucedido.

 

Los muchachos, quienes de ser ciertas estas informaciones que nos llegan de la autoridad legal del resguardo estarían prestando un servicio militar obligatorio, en realidad están eximidos del mismo en virtud del Artículo 27 de la Ley 48 de 1993, que indica que "los indígenas que residan en su territorio y que conserven su integridad cultural, social y económica" están "exentos de prestar el servicio militar en todo tiempo y no pagan cuota de compensación militar".

 

La aquiescencia de los adolescentes parece clara según las últimas informaciones que provienen del interior del resguardo, y aunque su partida habría sido consentida e incluso anhelada, aparecen un buen número de porqués en el fondo de un asunto mucho más complicado que involucra directamente a las dificultades diarias para sobrevivir dignamente de una etnia con una población que no supera las 1.000 almas.

 

Las injerencias del proyecto Oleoducto de los Llanos en sus territorios ancestrales, la dificultad para conseguir alimentos en buen estado, la aridez del terreno del resguardo, que imposibilita un cultivo que realmente produzca, los problemas con el abastecimiento de agua, la contaminación gestada por la petrolera que opera a escasos centenares de metros del límite del resguardo... todos ellos se aparecen como factores coercitivos que invitan a estos jóvenes a integrarse en un conflicto armado que se perpetúa a través de la pobreza ab aeterno, en Colombia y en el resto del mundo.

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