El pasado martes 3 de febrero, un hecho luctuoso se convirtió en agravio para los chocoanos. Un bus de Rápido Ochoa se accidentó en la vía que de Medellín conduce a Quibdó, a la altura de la vereda Santa Ana, del municipio del Carmen de Atrato, dejando más de 40 víctimas fatales.

Las condiciones de la vía explican el accidente. Fue abierta en 1942 y, desde los años ochenta, se la conoce como "La Trocha de la Muerte" por la gran cantidad de huecos, derrumbes, hundimientos, pérdida de la banca y el constante colapso de puentes y estructuras hidráulicas. Es una vía cuya calzada en algunos tramos apenas alcanza los 2,5 m., que ponen en riesgo de rodar por el abismo a los camiones y buses que por allí transitan.

El viernes 6 de febrero, el presidente Álvaro Uribe se desplazó a Quibdó para reunirse con las autoridades locales y los dirigentes políticos, sociales y eclesiásticos, y prometió un presupuesto extraordinario de $70 mil millones para rectificar y pavimentar el tramo de 98 kilómetros entre El Siete y Quibdó. Ahora, al revisar los documentos Conpes, encontramos en el Nº 3536 del 18 de julio de 2008, que el gobierno se había comprometido ya con este mismo tramo, por la suma de $130 mil millones, con lo cual el anuncio presidencial del 6 de febrero en realidad supone una disminución de 60 mil millones. En condiciones normales, el recorrido de este tramo se haría en hora y media; sin embargo, en el estado actual tarda entre ocho y doce horas. Según los conocedores, con lo presupuestado hoy sólo se logrará la reparación de la mitad del recorrido.

La desconfianza frente al gobierno nacional llevó a la sociedad civil chocoana a convocar un paro cívico el 19 de febrero, que sorprendió por la forma como recogía las mismas reivindicaciones que los chocoanos habían hecho en el paro cívico de 1987. Después de 22 años, las peticiones son las mismas: construcción de la vía al mar entre Nuquí y Cupirijo; terminación de la vía Cartago-Nóvita; dragado de las Bocas del Atrato para facilitar la navegación y controlar las frecuentes inundaciones; fortalecimiento de la red pública de salud; interconexión eléctrica con el Baudó, la Costa Pacífica, el Medio y Bajo Atrato y el Bajo San Juan. A estas peticiones se le suman un par más, siendo la más relevante la definición de Belén de Bajirá como territorio del Chocó, actualmente reclamado por Antioquia.

Pese a la similitud de los reclamos, existe una diferencia importante entre el paro de 1987 y el de 2009: el primero reclamaba la integración del Chocó a una comunidad nacional que se imaginaba a sí misma en términos unitarios. El de este año moviliza la diferencia étnica no sólo como factor que explica la discriminación, sino como dispositivo para identificarse como comunidad y proponer, desde la diversidad que se asume y defiende, alternativas al modelo de desarrollo hegemónico.

Si bien los detonantes fueron la carretera y los proyectos inconclusos o no realizados, es necesario decir que el Chocó es el departamento con los más altos índices de necesidades básicas insatisfechas, pues el 79% de la población carece de alguna de ellas. Tiene baja cobertura de acueducto (22,5%) y alcantarillado (15,9%) y, además, el 97% de los bachilleres tuvieron desempeños bajos en las pruebas del ICFES según cifras de 2005. Ahora, según el Departamento de Salud y Seguridad Social de Chocó (DSSSCH), para el 2006 sólo estaban afiliados el 12% de los chocoanos a través del régimen contributivo y el 58%, por el subsidiado, mientras que el 30% carecía de toda vinculación al sistema de salud.

El último acto colectivo de la población se llevó a cabo en semana santa. La marcha de más de 100 estudiantes de la Universidad Tecnológica del Chocó, partió, con gran apoyo de los chocoanos, el 5 de abril, Domingo de Ramos, hacia el sitio del accidente, donde se encontraron con la colonia chocoana y algunos estudiantes solidarios que marcharon desde Medellín. Luego se movilizaron a esta ciudad, donde, el Jueves Santo, recibieron el apoyo de organizaciones sociales antioqueñas y de la comunidad afrodescendiente del país. Esta movilización no contó con cubrimiento de los medios de información nacional y tuvo escasa visibilidad en los medios regionales. Al parecer la región quedará nuevamente en el olvido hasta que una nueva tragedia la vuelva a poner como noticia nacional.

Olvido que contrasta con la importancia geo-estratégica del Chocó. Departamento que cuenta con 388.476 habitantes, en su gran mayoría afrodescendientes (82,12%), además de los pueblos indígenas Emberá, Emberá Chamí, Emberá Katío, Tulé y Waunana (12,67%). Tal concentración de etnias minoritarias se expresa en territorialidades étnicas, como son los 115 resguardos y los 52 títulos de Territorios Colectivos de Comunidades Negras (Censo Dane 2005). Es el departamento colombiano con mayor extensión de costa sobre el Océano Pacifico (casi la mitad de los 1.400 kilómetros), y con costa también sobre el Atlántico. Es, además, la frontera del país con Panamá, en la que desde hace más de dos décadas está proyectado el canal Atrato-Truandó, como complemento al congestionado Canal de Panamá.

La región permanece en disputa militar, entre otras razones por su alta biodiversidad; por servir de ruta para el comercio de armas y el tráfico de estupefacientes; por albergar cultivos y laboratorios para el procesamiento de coca; por las plantaciones de palma africana destinada a la producción de agrocombustibles; por el crecimiento de la ganadería extensiva; por la producción de maderas finas y por los importantes yacimientos de oro, plata y platino. Es pues una región globalizable en globalización, pero ¿de qué forma?

También preocupan los procesos de etnocidio afro e indígena, que se producen en medio de la disputa de un territorio para la globalización, que además ya han sido denunciados por la Diócesis de Chocó. El indicador principal de este hecho es el desplazamiento, que para el 2006 se calculó en 62.889 personas, es decir, el 16% de la población (DSSSCH). Según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, en el 2007 fueron forzadas a desplazarse otras 6.829 personas. Sumémosle a ello las tierras que han sido arrebatadas de las 2.915.339 hectáreas tituladas colectivamente a comunidades afrodescendientes.

Ante los ojos de un ciudadano del mundo que disfruta de las ventajas de la globalización, resulta paradójico que una región con las potencialidades del Chocó esté condenada a tener la infraestructura y las condiciones sociales que hemos descrito. Es tarea de la academia elaborar un concepto que dé cuenta de esta contradicción. La geógrafa francesa Odile Hoffman habla de violencia contra las territorialidades étnicas; el geógrafo social inglés Peter Wade lo explica como resultado del colonialismo interno de Antioquia sobre el Chocó. Sin negar capacidad explicativa a estos conceptos, considero que se podría comenzar a hablar de globalización segregadora étnico-territorial, como un concepto que permite entender por qué, pese a la carencia de conectividad y condiciones mínimas de calidad de vida que se presuponen para la globalización, el Chocó está inserto en el mercado mundial. Contradicción que nos seguirá dando de qué hablar, en tanto la población no renunciará a reclamar que los frutos de esa globalización que el Chocó exporta para el mundo se traduzcan en desarrollo y equidad para su región.

*Doctor en Estudios Sociales UAM-I
Profesor del Departamento de Sociología de la U. de A.
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