Por Ricardo Villa Sánchez @rvillasanchez

Diversas son las razones para decir Sí a la Paz, sin embargo sólo hay ocho horas del domingo 2 de octubre para refrendar los acuerdos que ponen fin al conflicto armado de más de cinco décadas con las FARC.  El 26 de septiembre, día en que se suscriben los acuerdos de Paz, es el preámbulo a la era de la construcción de la Paz y la reconciliación en Colombia. Todos podemos participar en la elaboración de un nuevo relato de nación, que nos una, así nos duela.

 

Muchos serán los beneficios de la Paz. La guerra ha costado en vidas, en dolor, en presupuesto, en odio, en desengaños, en abrir venas, en perpetuar privilegios, en detener cambios, impedir inversión propia y extranjera, olvidar regiones, y en enriquecer a quienes siempre han pescado en río revuelto, entre otras aristas, que no han permitido profundizar nuestra democracia; pero al sol de hoy, aún hay esperanza.

Han salido varias encuestas, contradictorias algunas, otras triunfalistas. Datexco- El Tiempo- La W nos afirman que el 64% votará si y el 28% el no. Ipsos Napoleón Franco que sólo el 38% de los colombianos depositará su voto y de estos el 72% lo hará por el sí y el 28 por el No, empero, a renglón seguido el 43% manifestó no estar enterado del contenido de los acuerdos.

Votar por el Sí a la Paz será un despertar ciudadano. Todos los colombianos, habilitados para votar, contamos con una oportunidad única para decidir si continuamos con un país fragmentado, en guerra, que para algunos es una nación fallida, para empezar a escribir una nueva historia, en la que el diálogo social se constituye en la vía para construir otro pacto social colectivo y para resolver las diferencias.

En nuestro país hay poca cultura de consultas como mecanismos de participación democrática con votaciones atípicas a las tradicionales para escoger cargos de elección popular. Las hay emblemáticas, y convocadas como el plebiscito del 1º de diciembre de 1957 de transición al frente nacional luego de una dictadura, en la que votaron más de 4 millones de ciudadanos y el cartapacio derrotado del referendo constitucional del 25 de octubre de 2003 en la que el pueblo sólo decidió sobre la incompatibilidad para ejercer o hacerse elegir en cargos públicos a quienes hayan sido condenados por delitos contra la administración pública; u otras de iniciativa constituyente como la llamada Séptima Papeleta el 11 de marzo de 1990, con más de 2 millones de votos que llevó a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente en la que se eligieron delegados para elaborar la Constitución de 1991 y  el mandato ciudadano por la Paz del 27 de octubre de 1997 con más de 9 millones de votos.

Sin querer ser ave de mal agüero, a pesar del aparente clamor ciudadano por el Sí a la Paz, es importante recordar que hace poco en el Reino Unido, en el llamado Brexit, nadie daba por sentado que el 51,9% de los nacionales votaran a favor de retirarse de la Unión europea lo que generó fuertes choques políticos, económicos, sociales, hasta geográficos, (¡el sueño erótico para  los especuladores financieros!), derrota a la política tradicional de allá y un haraquiri para su primer ministro David Cameron, que por honor renunció a su cargo. 

Con alegría vamos por la Paz. Sin embargo, el Sí a los acuerdos, requiere pedagogía y movilización social por la Paz, con logística, organización, imaginación, mensajes claros y nada de triunfalismo. En ese sentido, la votación del 2 de octubre por el Sí, es necesario que sea contundente para que le dé una mayor legitimidad al ejercicio de la construcción de la Paz y la reconciliación.

Los ciudadanos de a pie, que han luchado por salir adelante con su esfuerzo, dedicación y disciplina, tienen la oportunidad histórica de manifestarse por el sí a un mejor futuro, por el Sí a los acuerdos entre el gobierno actual y las Farc y  tendrán la responsabilidad y derecho de participar en la construcción de la Paz y la reconciliación. Es necesario que las mayorías ciudadanas se activen en el esfuerzo compartido de derrotar a la violencia, a la guerra, a la autocomposición o justicia a mano propia y de sumarse a la esperanza de Paz. Decía Benjamín Franklin que nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz. Es el momento de decidirse por el Sí a una buena Paz. La respuesta es por la vida y la única herramienta con la que cuenta la ciudadanía el 2 de octubre es con su poder de decisión: El Voto por el Sí a la Paz; por el Sí a la Vida.

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