"Se prestaron para todo tipo maniobras electorales y alteración de los datos relacionados con la economía para hacernos creer que vivíamos una bonanza incomparable de aciertos inimaginables".

 

Por  Mario Serrato Valdés   

Les hicieron creer que la Seguridad Democrática era la mismísima patria convertida en programa de gobierno. Se tragaron el embeleco de que el país sin Uribe al mando sería inviable.

Se hicieron a la idea de que Uribe era imprescindible y que cualquier cosa que se hiciera por él, (legal o ilegal) estaría justificada por la historia y por la patria. Se comieron el cuento de que la causa de Uribe sería eterna y que Colombia había alcanzado el máximo nivel de perfección en materia de gobierno.

A pesar de su sólida formación profesional y su vasta experiencia en materia laboral, muchos de los funcionarios seguidores del mesías mitológico, renunciaron a la sensatez, despreciaron la rotación democrática del poder, desestimaron  los frenos y balances que deben existir entre las ramas del poder público en un Estado democrático y enrarecieron con sus ofrecimientos ilegales y sus presiones delincuenciales, los valores institucionales y de paso, sometieron al silencio a la oposición aterrorizada con la estrategia infame de culparla en todo momento de terrorista.

Se prestaron para todo tipo maniobras electorales y alteración de los datos relacionados con la economía para hacernos creer que vivíamos una bonanza incomparable de aciertos inimaginables.

Algunos, incluso, convirtieron en peligrosos terroristas los cadáveres de apacibles peluqueros sin clientela, campesinos desorientados y muchachos sin empleo de los que se apostan en galladas, en la esquina de la incertidumbre del  barrio marginal.     

Alucinados por el embrujo del poder y la presencia del mesías que lo tendría eternamente y haría que todo lo irregular quedara impune, incurrieron en actos de credulidad irresponsable y de candidez dignas de un niño soñador. 

Años después, cuando se ganaron un merecido carcelazo por estar creyendo en ilusiones de adolescentes aturdidos, piden que la Justicia Especial para la Paz los saque de la cárcel y de la majadería.

Pero el ilusionista embaucador que los llevó al ostracismo y a la destrucción de sus vidas y las de sus familias, se opone a que recuperen algo de tiempo para los suyos y le devuelvan algo de dignidad a la nación a la que le mintieron.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar