Las elites culturales y las clases sociales dominantes menosprecian a los pueblos indígenas. Heredando prejuicios de los antiguos colonialistas, reverdecidos ahora por los imperialistas, los creen seres inferiores. Al imponer ese concepto en el seno de la sociedad, las comunidades de indios se vuelven presa fácil para ser perseguidos, despojados y exterminados. Son objeto de burla tanto que cuando alguien comete un desafuero, se acusa que “se le salió el indio”. Y, dado que se les considera salvajes, sus aportes se atribuyen a la “malicia indígena”, a algo instintivo, no venido de la razón.

 

El presidente Uribe, el jefe negociador del TLC, Hernando Gómez, el ministro de Agricultura, Andrés Arias y el de Comercio Exterior, Jorge H. Botero, inspirados en las repugnantes manías racistas que predominan en torno a los pueblos indígenas, calificaron como “ignorantes”, “manipulados políticamente”, “carentes de información” y con el infaltable “terroristas” a los 47.000 ciudadanos que atendieron el llamado de los Cabildos y organizaciones campesinas que convocaron la Consulta Ciudadana sobre el TLC en seis municipios del oriente del departamento del Cauca. Los mismos epítetos, en tonos más altos, les extendieron a las 50.835 personas, el 98% de las 51.330 que votaron en total, incluyendo a 4.778 entre 14 y 18 años quienes acorde con la cultura indígena están en capacidad de discernir,  que votaron NO al TLC.

 

Uribe, Gómez, Arias y Botero no pueden discernir en el dilema entre la vida y el TLC.  Cuando se ha medrado durante toda la existencia en las cúpulas gremiales, en lo más alto del  escalafón burocrático oficial o en las instituciones mundiales neoliberales no es  posible entender que la vida esté en riesgo para muchos que ven comprometida la seguridad alimentaria o la presencia de las semillas autóctonas o pierden el acceso a medicamentos baratos y a tratamientos terapéuticos, ven atacada su cultura por las poderosas industrias multinacionales o sufrirán el menoscabo de la autonomía sobre su destino, del arraigo en sus territorios y del control de recursos naturales como el agua y la biodiversidad, por la práctica de la “biopiratería”, convertidos en mercancía y objeto de concesión a consorcios internacionales, y que, como consecuencia de todo esto y de mucho más, ven inminente la desintegración de sus comunidades y el quebranto de la soberanía nacional. Uribe y los suyos no reparan en que al convertirnos en colonia de Estados Unidos,  de sus empresas y de sus inversionistas, colmados de privilegios en el TLC, desaparece el primer requisito de vida para los ciudadanos: la autodeterminación.  Contrario a la mayoría, afirman que la sujeción completa a Tío Sam es la salvación de Colombia.

 

Es evidente que Uribe y su grupo no pueden consentir que alguien no pertenezca a su secta de pensamiento único y que jóvenes como los de la vereda El Trapiche del municipio de Jambaló colocaran estas coplas en los muros de su escuela referidas a la Consulta del pasado 6 de marzo: Esto dijo el Presidente Bush/ tomándose una cerveza/ ahora sí a toditos/ les voy a dar en la cabeza. La lógica encerrada en ese verso, y que a los tecnócratas debe parecerles elemental y “sesgada”,  es más contundente y objetiva que cualquier Modelo de Equilibrio General , Matriz de Intereses Ofensivos y Defensivos, Ejercicio de Costo- Beneficio que muchos exigen para, al final, concluir de igual modo que el país es un claro perdedor en el TLC.

 

El resto de ciudadanos colombianos debemos comportarnos distinto al grupo gobernante y respetar y seguir el ejemplo de las etnias NASA y de Guambía, exigir al gobierno emular en democracia con dichas comunidades y, en consecuencia, llamar a una consulta a todos los colombianos en torno a su opinión sobre el TLC ya que existen normas legales que lo facultan para ello. Y, como primera enseñanza que está en el alma de la Consulta del Cauca, aprender que el proyecto de vida de los individuos no puede entenderse sino en compañía de los demás y en la felicidad conjunta. Es por esto mismo que el himno del pueblo Páez dice: “…seguiremos peleando mientas no se apague el sol…”. 

 

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