El accidente aéreo ocurrido en Providencia el 26 de marzo pasado, cuando un avión de la compañía West Caribbean se vino a pique con 14 personas a bordo, fue una tragedia anunciada. Y no tanto porque se esperara un siniestro de esta naturaleza sino porque las condiciones de la isla, paraíso natural y reserva de la Biosfera, indican un gran abandono del Estado en materia de infraestructura y servicios de salud.

 

El impacto del accidente para la comunidad de Providencia y Santa Catalina Islas y para los que estábamos con ellos fue tan grande, que aún no hemos logrado superar la sensación de impotencia y frustración. Esto, sin mencionar la incertidumbre por el futuro turístico.

 

Un grupo de valientes, hombres y mujeres del Pueblo Raizal, se encargaron de trasladar a los heridos en camionetas de platón porque la ambulancia estaba dañada. Los pocos implementos de auxilio fueron usados con inteligencia y en medio de la desesperación surgieron soluciones espontáneas, como el uso de tablas, sábanas templadas y brazos entrelazados en lugar de camillas, que tampoco había. Fue necesario recortar cajas de cartón para hacer tablillas e inmovilizar los miembros fracturados. No había oxigeno. No había rayos X. No había suficiente gasa ni los mínimos elementos. Cuando alguien de la comunidad logró conseguir dos balas de oxigeno, no había como entubar a los pacientes. El doctor Camilo Casas, miembro de la junta directiva de la Clínica del Country, que se encontraba en vacaciones en la isla y quien fue un gran apoyo en esos momentos manifestó su tristeza al tener que colocar oxigeno a través de sondas nasales por la falta de tubos apropiados. Los médicos (dos raizales y tres de afuera: el rural y dos turistas), junto con las enfermeras y otros colaboradores, hicieron hasta lo imposible por salvar todas las vidas. No fue posible porque no había con qué, aparte de suero y drogas por vía intravenosa. Los aviones para el traslado de los heridos hacia San Andrés fueron llegando por turnos y por turnos se envió a los heridos. Los más graves no pudieron esperar.      

 

En otras ocasiones ha ocurrido lo mismo con personas de la comunidad, casos aislados que no se denuncian justamente por eso. Traslados al hospital de San Andrés por urgencias que no se pueden atender. Dolores tras dolores.  

 

Trabajo con la comunidad raizal desde hace más de quince años, tiempo suficiente para conocer la situación de vulnerabilidad en que se encuentran Providencia y Santa Catalina. Pequeños paraísos amenazados por intereses económicos y políticos, por daños ambientales y problemas sociales. Población nativa que ha sido atropellada en sus derechos como grupo étnico desde la colonia y que teme por su tierra y su cultura. ¿El Estado permitirá que esta Reserva de la Biosfera sufra daños similares a los ocurridos en San Andrés Isla? ¿Después de esto, se dotará la isla para atender las emergencias? ¿La Procuraduría y otras entidades iniciarán una investigación?

 

NOTA:

 

Casos como el del uno de los mejores basketbolistas de Providencia son muy tristes: una fractura y una herida que no se atendieron a tiempo -ni como debía ser-  produjeron gangrena. Los médicos le cortaron la pierna por el afán de trancar la infección.  

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar