El 3 de agosto del año 2004 las bandas paramilitares que operan en la SIERRA NEVADA DE SANTAMARTA, golpearon el corazón de la estructura política de la Organización Indígena Kankuama, cuando en plena luz del día  masacraron en las calles de Valledupar al compañero FREDY ARIAS ARIAS, quien se desempeñaba como coordinador del área de DH.

 

En una actitud desafiante y una clara demostración de que en este país “ellos” pueden hacer y deshacer amparados en la aberrante impunidad, principal bastión del estado colombiano ya que este repudiable crimen lo consumaron en respuesta a la decisión de la Corte Interamericana de DH quien acababa de otorgar medidas provisionales a favor del pueblo Indígena Kankuamo ante las constantes violaciones a los derechos fundamentales de que es victima nuestra comunidad y las inminentes amenazas de apropiación de nuestros territorios derechos ancestrales y por ende contemplados en los Tratados Internacionales.  Pero además los paramilitares básicamente pretendieron y aún persisten en  silenciarnos, para imponer sus demagogas aspiraciones con la descarada complicidad  de la clase politiquera y económica de la región, quienes pretenden extraer la biodiversidad de nuestros territorios, ya que FREDY en esos días había formulado enérgicas y muy pertinentes denuncias en un encuentro nacional de pueblos indígenas con presencia de instituciones representativas del gobierno nacional.

 

Estas circunstancias han permitido que la lamentable desaparición del compañero FREDY al igual que KIMI PERNIA DOMICO se haya convertido en otro reclamo multitudinario para el movimiento Nacional Indígena y que de acuerdo a la recién sancionada ley de justicia y paz del presidente Uribe no habrán investigaciones contundentes que nos permitan conocer la verdad y la reparación integral de nuestras víctimas.

 

Sin embargo las innumerables muestras de solidaridad hacia el pueblo Kankuamo no han cesado ante el inminente y nefasto exterminio en contra nuestra por el solo hecho de defender nuestros territorios para las futuras generaciones; los mas de 240 hermanos asesinados, 100 de ellos durante la política de seguridad democrática del presidente Uribe, reflejan esta inocultable realidad, sin embargo el estado colombiano en una forma perversa e infame pretende ocultar el inefable baño de sangre que nos invade y aterroriza; por ejemplo, cuando han tratado de  atribuirle a la delincuencia común el vil asesinato del compañero FREDY.

 

No han bastado las incansables y múltiples denuncias que hemos realizado por todo el mundo clamando justicia y el cese de hostilidades hacia el pueblo Kankuamo, ya que continúan las violaciones de los DH en nuestro territorio, la reciente desaparición del compañero WILMER ARIAS del asentamiento de Río Seco, a donde retornaron 38 familias y la ejecución de dos hermanos mas en el  asentamiento de La Mina por paramilitares, las continuas y arbitrarias detenciones masivas y la falta de voluntad política para definir sus situaciones jurídicas, los constantes señalamientos y amenazas en contra de la dirigencia Kankuama desplazada en Riohacha, Valledupar y Bogota, la ocupación en los territorios de sitios sagrados y lugares no permitidos por el DIH y el control territorial por parte de la fuerza pública, los incalculables perjuicios morales, sociales y culturales que padecemos demuestran la grave crisis humanitaria en que esta sumida nuestra comunidad sin que se vislumbre solución alguna.

 

Hoy más que nunca FREDY permanece en nuestro pensamiento, porque de acuerdo a nuestra tradición nadie muere siempre y cuando revivamos las ideas y los anhelos que lo caracterizaron, seguramente la MADRE TIERRA y nuestros padres espirituales en su sabia decisión lo llamaron a engrosar el ejército constructor de paz que desde otras esferas fortalecen nuestras capacidades de luchas encaminadas a la reconstrucción de nuestra identidad cultural, como un compromiso de vida emanado desde nuestra ley de origen y constantemente recomendado por nuestros Mayores para salvaguardar a SEYNEKEN (madre sierra), como una forma de equilibrar la humanidad.

 

Por lo tanto no declinaremos en nuestra loable lucha convencidos de que ELLA se encargará de protegernos y en un caso adverso cobrar con creces a quienes incluso incrédulamente persisten en llevar a cavo sus maquiavélicas prácticas guerreristas sobre su sagrado pecho.

  

 Sea esta la ocasión propicia para llamar una vez mas a la unidad de los pueblos y la solidaridad nacional e internacional para que exijan al gobierno colombiano la inmediata judicializacion de los autores materiales e intelectuales de nuestros muertos.

 

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