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A pesar de que importantes organizaciones indígenas como la ACIN, consideran que el voto en blanco fue un veto a alguno de los candidatos indígenas, que presentaron su nombre el pasado 12 de marzo, creo que el análisis que hagamos los pueblos indígenas debe ir mucho más allá. A manera de ejemplo, quiero mencionar estas situaciones, que considero influyeron en los resultados del 12 de marzo.

El nuevo sistema electoral, privilegia el fortalecimiento, de las grandes maquinarias que, independientemente de sus afinidades ideológicas, se unen con propósitos meramente electorales. De tal manera que, los partidos que no corresponden a esas grandes maquinarias como los de origen indígena, o aquellos que se asumen como independientes, el caso de Visionarios, Por el País que Soñamos o Dejen jugar al Moreno, se quedan por fuera del juego político, ya sea vía umbral, cifra repartidora, o en nuestro caso, vía interpretación del voto en blanco.

Por otra parte, la presentación del tarjetón es muy confusa, y aunque el pretexto es hacerlo más manejable y pequeño, su diseño y las reglas que se establecieron para su aplicación, favorecen claramente a aquellos partidos capaces de invertir grandes cantidades de dinero en el posicionamiento de sus logotipos. Este es el caso del partido de la U, al cual, extrañamente sus electores en repetidas oportunidades marcaron el logotipo de la U y el número 95, y aunque dicho partido no tenía candidato con un número 95, el voto era válido para el partido.

La confusión que originó el tarjetón, para el grueso de la población colombiana y, en particular, para la población indígena, hizo del voto en blanco, más que un veto a los candidatos propuestos, una salida más, junto con las tarjetas no marcadas y los votos nulos. Incluso, se presentó la situación de que algunos ciudadanos marcaron el voto en blanco en dos oportunidades, lo cual podría mostrar la verdadera intención de ellos de votar en blanco, pero las reglas definieron que ese es un voto nulo.

Con lo anterior, pretendemos probar que la dificultad en el manejo del tarjetón y la falta de capacitación de los electores hace que los resultados que vemos no sean absolutamente confiables y no se puedan tomar totalmente como la expresión de la voluntad popular. Por el contrario, con todas las fallas que se presentaron considero que la voluntad del elector está altamente viciada. Esto, sin contar las confusiones que tuvieron los jurados de mesa al momento de contar los votos, situación que ya fue denunciada por la Procuraduría General de la Nación.

Ahora, si la sociedad no indígena, que marcó el voto en blanco, a través de ese mecanismo quiere vetar a los candidatos indígenas, considero que la circunscripción especial indígena requiere una reglamentación adecuada, por cuanto dicho espacio es un derecho de los pueblos indígenas, y mal podrían otras personas venirnos a decir si tal o cual dirigente es o no la persona que nos debe representar.

Si hasta el momento, la población no indígena está eligiendo a nuestros representantes, se impone la necesidad de reglamentar la circunscripción especial indígena, para que seamos los indígenas quienes elijamos a nuestros representantes, respetando el verdadero espíritu de la norma constitucional que reconoció nuestro derecho a la participación política. Es más creo que si en la actualidad cualquier hermano indígena se puede presentar como candidato por la circunscripción especial indígena, desconociendo el querer de los pueblos, esto demuestra que los mecanismos de control interno están fallando y deben ser revisados y fortalecidos por los pueblos, para que cualquier candidatura por la circunscripción especial indígena, ya sea en Cámara o en Senado goce de legitimidad. La aplicación de la autoridad y la autonomía indígenas supone que las estructuras que crean nuestros pueblos no pueden pasar por encima de la voluntad de sus creadores.

Mirando, de manera un poco más amplia, la participación de los indígenas en las elecciones del 12 de marzo, por decir lo menos, inquietan los resultados para cada uno, independientemente de si fueron candidatos por movimientos indígenas, por partidos de izquierda, de derecha y hasta de extrema derecha. Podríamos decir que no puede afectarnos tanto unos simples resultados electorales, más aún cuando algunas de las candidaturas no contaron con el respaldo de las comunidades y autoridades.

Sin embargo, considero que este es un mensaje de la sociedad colombiana que quiere ver en nuestras organizaciones y dirigentes una verdadera opción alternativa, y la escasa votación señala que no está viendo así. Seguramente la dispersión de nuestra presencia y propuesta está enviando un mensaje muy confuso a los colombianos, más aún cuando hermanos indígenas concientemente o no, respaldan propuestas de una política opresora de nuestros pueblos y violatoria de nuestros derechos, como es la del presidente Uribe Vélez. U otras propuestas de corte marcadamente neoliberal y continuista del actual.

Finalmente creo que, antes que los candidatos y los movimientos políticos, son los pueblos indígenas y sus organizaciones, los llamados a tomar un posicionamiento político frente a este tema, y luego darle el desarrollo jurídico que sea necesario, con el fin de resguardar los derechos adquiridos, en este caso a la participación política.

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