Ser afrodescendiente no significa el anhelo de ser africano y desconocer nuestra propia presencia y vivencias en América, tampoco es un indicativo del porcentaje de melanina en la piel. Ser afrodescendiente es una construcción personal y social orientada a la valoración y respeto por los elementos territoriales, generacionales, históricos y culturales, que nos legitiman como herederos de un legado invaluable.

A propósito del artículo de Juan Veroes titulado: "no soy afrodescendiente, soy negro simplemente"... Una cosa es cierta: Los primeros africanos y africanas provenientes de diversos grupos del conjunto nigero-congoleño, y que fueron traídos a tierras americanas en condición de esclavizados y eslavizadas (no esclavos), tuvieron la capacidad y disposición de mantener significativos valores culturales de sus culturas originarias, y así mismo, ya emplazados en América, resemantizaron varias de esas expresiones e hicieron nuevas construcciones culturales; muchas de las cuales se mantienen en la actualidad.

Este proceso, nada despreciable en la construcción de la diversidad cultural venezolana, es un referente que poseemos y que como venezolanos estamos obligados a valorar. En este sentido, dicho aporte cultural ha sido fuente de inspiración para que muchos y muchas descendientes de aquellos que en el pasado, fueron reconocidos como negros, esclavos, salvajes, animales, y seres sin alma, y que en la actualidad han sido objeto de relaciones de poder asimétricas y de dominación-subordinación, progresivamente hayan consolidado un discurso y un accionar que en su condición política y reivindicativa, contribuye a la visibilización de esta población históricamente excluida y maltratada; incluso luego de la Abolición de la esclavitud en 1854. De esto, se trata grosso modo la afrodescendiencia.

Lo anterior viene a colación del artículo suscrito por Juan Veroes y titulado "No soy afrodescendiente, soy negro simplemente", publicado en el sitio virtual de Aporrea, con fecha 04 de marzo del año en curso. Desde nuestra perspectiva, y conscientes de que el tema de la arodescendencia es un tema que por relevante se mantiene constantemente bajo polémica, debemos decir en primera instancia, que no pretendemos cuestionar que el referido autor se reconozca como negro y no como afrodescendiente, ya que objetar una posición individual de este calibre, sería contradecir nuestros propios principios en cuanto a que el ser afrodescendiente debe partir del autoreconocimiento de cada persona y no de una imposición ideológica salida de un organismo público o de una suerte de evangelio desde el cual, aquellos (as) que estamos inscritos en la afrovenezolanidad, exigimos a otros como deben denominarse de ahora en adelante. Sin embargo, consideramos necesario exponer algunos planteamientos que consideramos pertinentes dentro de la discusión, a fin de que los lectores cuenten con mayores argumentos, y que en definitiva les permitan construir sus juicios al respecto.

Para lo anterior, quisiésemos partir de la siguiente idea esgrimida por el Sr. Veroes. Dice este autor en su artículo: "... mis antepasados no llegaron aquí como turistas, ni como inmigrantes, ni como refugiados, ni como seres humanos (...) (se) los transformó en mercancía quitándoles la esencia de humanos. No eran africanos los que aquí llegaron...". Con respecto a la primera parte de dicho planteamiento, estamos en total y absoluto acuerdo, ya que efectivamente, pensar que las y los africanos arribaron por voluntad propia a América o que ser esclavizados formaba parte natural del proceso mercantilista colonial, no es sólo un error histórico sino una profunda contradicción e irrespeto a los más esenciales derechos que como seres humanos todas y todos poseemos.

No obstante, plantear que las y los africanos secuestrados para ser traídos como esclavizadas (os) no eran humanos y africanos, es desconocer por una parte, la resistencia de estas personas por mantener vínculos con su propia ancestralidad y por tanto descartar la impronta cultural que nos heredaron. Por otro lado, la consideración de estas personas como "no humanas" fue un hecho terrible, pero ni tal horror, pudo aniquilar la dignidad y las aspiraciones de libertad e igualdad de nuestras ancestras y ancestros. En este orden de ideas, el considerarnos negros porque sólo en eso nos convertimos (o nos convirtieron), pareciera ser un discurso más asimilado a lo que la elíte colonial y más tarde, el sector social dominante de la República, se propuso y no a lo que a pesar del dolor sufrido, se ha logrado (aunque falte mucho por alcanzar).

Ser afrodescendiente no significa el anhelo de ser africano y desconocer nuestra propia presencia y vivencias en América, así como tampoco es un indicativo del porcentaje de melanina que tengamos en la piel. Ser afrodescendiente es una construcción personal y social orientada a la valoración y respeto por los elementos territoriales, generacionales, históricos y culturales, que nos legitiman como herederos de un legado invaluable, que como parte de nuestra diversidad, nos permite posicionarnos como auténticos venezolanos, sujetos de derecho.

Por lo anterior, aspiramos entre otras cosas, contarnos como afrodescendientes en el próximo censo poblacional del año 2010. Ya que sólo visibilizandonos como población, tanto que diversa como venezolana, estaremos en la senda de la igualdad. Desde allí, deberemos trabajar por la consolidación de la libertad cultural de las y los afrodescendientes, entendiendo por libertad cultural, el derecho que tiene un grupo de personas a elegir su modo de vida, a estimular la creatividad, la imaginación, la experimentación y la diversidad, fundamentos mismos del desarrollo humano.

La definición constitucional de Venezuela como una nación multiétnica y pluricultural representa una ruptura con respecto al modelo de Estado-nación configurado en la ideología política del mestizaje, y como ya han señalado algunos autores, de lo hispánico mestizo como paradigma cultural necesario para el logro de la civilización y del progreso.

En la actualidad, muchos movimientos sociales están conceptualizando y desarrollando la instrumentalización política de sus identidades étnicas y culturales. En este contexto, las y los afrovenezolanos, como diversas comunidades y organizaciones afrodescendientes de América, están considerando cada vez más, que el éxito de sus demandas estará garantizado no sólo tras la consolidación del autoreconocimiento y reconocimiento de su condición de afrodescendientes, sino también tras una profunda interpretación de su pasado y del desarrollo de proyectos sociales y políticos de cara al futuro.


*Directora de Enlace con las Comunidades Afrodescendientes

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