“No podemos permitir que con un permiso de los indígenas se nos venga a invadir nuestro terreno (sic) que es Colombia entera y que estamos luchando contra ese flagelo (el narcotráfico). Este es un eslabón y corresponde a la Fiscalía confirmar los otros eslabones”

Nos dicen que estas fueron las palabras de una juez de control de garantías en el Huila en el marco de la audiencia de imputación de cargos por narcotráfico a un chofer que transportaba hoja de coca acreditada y legal.

Con el centeno se puede hacer pan de centeno y Whisky de centeno, de modo que considerar narcotraficante al chofer de un bus que transporta hoja de coca en Guambía, equivale a considerar borracho perdido a un campesino de Escocia por llevar sobre un buey algunas pacas de centeno.

En casos como éste el dolo se encuentra en el alma del funcionario, antes que en la intención del vinculado a la investigación.

Cuando la Juez de Control de Garantías asegura que el “decomiso” es un eslabón de una industria que se ha convertido en un flagelo, se pone en la posición de quien construye un delito, olvida la funcionaria la máxima de Denis Diderot, el revolucionario y enciclopedista francés: “El delito no se construye, se descubre”.

Si la funcionaria empleara más tiempo en la lectura que en ver películas de Rambo o de Schwarzenegger, seguramente habría tenido acceso a las siguientes jurisprudencias: 

  • C - 882 de 2011

“2.5.2.  Los usos ancestrales de la hoja de coca en las comunidades indígenas: manifestación de su derecho a la identidad cultural

 2.5.2.1. (…) La hoja de coca es un elemento fundamental desde el punto de vista cultural, religioso, medicinal, alimenticio, entre otros, para varias comunidades indígenas del país; por esta razón, varios instrumentos normativos y la jurisprudencia constitucional ha reconocido que los usos ancestrales de esta planta se encuentran amparados por nuestra Carta, en particular, por el derecho a la identidad cultural y autonomía de dichas comunidades.

También a esta:

  C – 176 de 1994

(…) Esta declaración se funda en una distinción que esta Corte comparte. No se puede colocar en el mismo plano la planta coca y los usos lícitos y legítimos que de ella se han hecho y se pueden hacer, y la utilización de la misma como materia prima para la producción de cocaína. Esta diferenciación entre la hoja de coca y la cocaína es necesaria puesto que numerosos estudios han demostrado no sólo que la hoja de coca podría tener formas de comercio alternativo legal que precisamente podrían evitar la extensión del narcotráfico, sino además que el ancestral consumo de coca en nuestras comunidades indígenas no tiene efectos negativos. Así, señala el Instituto Indigenista Interamericano., organismo especializado del sistema interamericano:

En el lenguaje de la servidora judicial se encuentran los mismos vocablos y el lenguaje rimbombante de los derrotados presidentes gringos, -“estamos luchando contra ese flagelo”-.

La funcionaria de manera equivocada asocia el té de coca que consumen y comercializan los indígenas,  con la casa extravagante del mafioso; con la vendetta callejera, con el soborno a funcionarios y con la financiación de campañas políticas. Por supuesto no hace lo mismo con la Coca Cola, ni con el mate de coca de un argentino.   

Por otra parte resulta muy preocupante conocer que en criterio de la juez el permiso de los indígenas no cuenta. ¿Cosa diferente sería si el permiso proviene de una institución estatal o lo emite un blanco?.

Sin duda la funcionaria judicial dejaría a un lado sus voces histéricas, su alma de marine y su ignorancia supina, si el Consejo de Estado hubiese exigido el cumplimiento del fallo en el que obliga a los funcionarios de la rama a capacitarse en materia de diversidad étnica y cultural y conocimiento en valores y culturas indígenas.

Seguramente no encontraríamos tantos problemas en la apreciación judicial de estos funcionarios si desmitificáramos el uso de la coca y entendiéramos la gran distancia que existe entre la hoja de coca y la cocaína.

El juicio que se adelanta en el Huila, antes que un debate jurídico, es un debate entre la ignorancia, vestida de toga y la cultura, acoquinada por la anterior.

Suelten a ese chofer, juristas majaderos.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar