Este año de elecciones no solo para Colombia sino para América Latina, trae una serie de componentes particulares y definitivos los cuales son determinantes para nuestro futuro. El posicionamiento de la izquierda, y de sectores nuevos que se imponen en los escenarios de decisión pública, la globalización, el modelo de desarrollo, las relaciones entre los centros de poder y otros en proceso, la revolución tecnológica y la internacionalización de la economía, son algunos de los ejes en torno a los cuales giran los procesos electorales. 

 

Además de los temas que atañen al conjunto de la región, en nuestro caso se suman particularmente: el conflicto armado, la reforma política y por supuesto la posibilidad de la reelección del actual mandatario. El proceso más cercano se desarrollará el 12 de marzo cuando se celebren los comicios para el Congreso de la República, soporte institucional en todo Estado de derecho. Es sin lugar a dudas, un evento trascendental para el país y para nuestra historia democrática, que a pesar de las dificultades constantes y las amenazas, se mantiene vigente.

 

Es innegable el ambiente electoral que se esta viviendo, el cual se manifiesta en la competencia entre los diferentes partidos y movimientos, en la contienda política, en la propaganda que invade las calles y los medios de comunicación, en las propuestas de los candidatos y sus innovadoras formas de llegar a los electores y en el debate público que se introduce en la cotidianidad de las ciudadanas y ciudadanos.

 

En este escenario, la participación de los grupos étnicos es de vital importancia, no solo para reafirmar las posibilidades de representación de todos los sectores poblacionales que conforman la nación, sino para hacer realidad los postulados de la constitución de 1991, que establece el carácter pluralista y el reconocimiento a la diversidad étnica y cultural que enriquece a nuestra nación.

 

El periódico Actualidad étnica, con el ánimo de contribuir al debate político - electoral, presenta en esta edición un especial sobre la forma como participaran los candidatos al Congreso de los distintos grupos étnicos, el cual esperamos sea un aporte a la discusión en el seno de la democracia, al proceso electoral y por supuesto a la participación de los grupos étnicos en la contienda política.

 

La Reforma Política

 

Uno de los aspectos cruciales de estas elecciones parlamentarias es la implementación de la reforma política aprobada por el congreso a través del acto legislativo 01 de 2003, el cual introdujo un cambio en la constitución política del 91.

 

Dicha reforma, modificó el sistema electoral, que es el conjunto de procedimientos a través del cual los ciudadanos y ciudadanas eligen a sus representantes. Esto, tiene efectos directos sobre el sistema de partidos y por supuesto sobre la competencia y las estrategias que deben implementar los candidatos que aspiran a una cural en el Congreso de la República. Es por esta razón, que en La contienda se ha podio observar la fusión de diferentes partidos y movimientos, y las tácticas que han utilizado algunos para no quedarse por fuera de la corporación o incluso del juego político. Sin embargo los pronósticos son inciertos y hay temor entre los líderes y dirigentes por lo que pueda suceder con sus colectividades, pero… ¿Qué se buscaba con la reforma política?

  

Legitimidad y reducción del número de partidos y movimientos

 

Antes de su implementación, el sistema electoral se caracterizaba por una atomización de las fuerzas políticas, escasa legitimidad y una débil representación. Las reglas para obtener una personería jurídica  era mucho más flexible y en época de elecciones un amplio número de partidos tenía la posibilidad de avalar múltiples listas de candidatos para una misma corporación.

 

La formula electoral utilizada, para obtener los escaños era el cuociente electoral, lo cual permitía a los caciques políticos regionales jugar con su caudal buscando los residuos justos para acceder a una curul

 

Aparece el umbral

 

Para la asignación de escaños, se fijo un umbral, que es mínimo de votos que debe obtener un partido o movimiento político para acceder a la repartición de curules. En el caso del Senado este es del 2% de los votos emitidos en el total nacional y para la Cámara de Representantes es el 50% del cuociente electoral (el total de votos emitidos dividido por el número de curules a proveer).

 

Con la reforma política -Acto legislativo 01 de 2003-, cambian considerablemente las reglas del juego. La personería jurídica se le reconocerá solo a los partidos y movimientos políticos que obtengan una votación que no sea inferior al 2% en las elecciones para Cámara de Representantes o Senado. Sólo podrán presentar una lista única de aspirantes a la corporación, con tantos integrantes como cargos haya que proveer. 

  

Se introduce el voto preferente

 

En este punto se introduce el voto preferente que consiste en la posibilidad que tiene el elector de marcar el candidato de su preferencia dentro de la lista, sin embargo cada partido o movimiento puede decidir si lo acoge o por el contrario mantiene una lista cerrada, la cual debe ser votada en el orden que se proponga.

 

Los indígenas mantienen su personería con solo obtener representación en el Congreso

 

Es importante resaltar el carácter de especial de las circunscripciones para minorías, entre ellas, la circunscripción especial indígena. El artículo 108 de la constitución establece la excepción para estas circunscripciones, señalando que con la sola obtención de representación en el Congreso, estas mantendrán su personería jurídica.

 

La cifra repartidora

 

Con la reforma política se cambió la formula electoral, que para estas elecciones será la cifra repartidora. Esta consiste en dividir sucesivamente por uno, dos, tres o más el número de votos obtenido por cada lista, ordenando los resultados de forma decreciente hasta que se obtenga un número total de resultados igual al número de curules a proveer. El resultado menor se llamará cifra repartidora y cada lista obtendrá tantas curules como veces esté contenida la cifra repartidora en el toral de sus votos. En las circunscripciones donde se eligen dos curules, se aplica el método de cuociente electoral, por lo que no rige la cifra repartidora. 

 

Aunque en teoría la reforma política busca el fortalecimiento de los partidos, la cohesión de las fuerzas políticas dispersas y que quienes obtengan las votaciones más altas se queden con un mayor número de escaños, sus consecuencias sobre la participación de las minorías son aún impredecibles, pues los procesos identitarios o de unidad no se decretan a instancias de una reforma y solo saldrán avantes coaliciones, que  han replanteado sus posiciones sobre el acceso al poder.  

 
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