ultima guerrilla

Guillermo Segovia Mora

La desmovilización y reintegración a la vida civil de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo -FARC-EP- no solo es un paso trascendental para desactivar uno de los factores de violencia que marca la historia del país, constituye en el ámbito latinoamericano el simbólico cierre de la era de la vía armada para la toma del poder, no porque no subsistan otros destacamentos guerrilleros menores en el continente  -el más notorio el Ejército de Liberación Nacional, en la misma Colombia- si no por ser, a pesar de su merma,  el más poderoso militarmente y más antiguo y por su historia.

Tierra fértil para la rebeldía

Contrario a lo intensamente difundido por Estados Unidos y las estructuras de poder latinoamericanas y caribeñas súbditas en el marco de la “Guerra fría” -el escenario pos conflagración mundial que dividió al planeta en los bandos capitalista y socialista en los años 50- la rebelión armada, si bien en ese momento acicateada por el alineamiento cubano y la doctrina marxista, hunde también sus raíces profundas en las injusticias y sometimientos imperiales que provocaron levantamientos populares de hondo calado como la Revolución Mexicana de Villa y Zapata y sus campesinos desarrapados en demanda de tierra en 1910 y “El pequeño ejército loco” del “General de Hombres Libres”, Augusto Cesar Sandino, en defensa de la soberanía de Nicaragua en 1928.

Pero no se puede desconocer que la Revolución Rusa inspirada en el marxismo vía Lenín y la doctrina de la lucha de clases no haya tenido eco prontamente, como también el anarquismo, el trotskismo y el populismo, de lo cual dan cuenta “La Patagonia Rebelde”, La columna del Teniente rebelde Luis Carlos Pestes y su larga marcha en el Brasil de los años 30, la insurrección liderada por Farabundo Martí en el 32 en El Salvador, ahogada en sangre,  la huelga y masacre de las Bananeras en el Magdalena colombiano como parte de un objetivo mayor revelado por Gonzálo Sánchez en “Los Bolcheviques del Líbano”, los alzamientos promovidos por el aprismo en el Perú, la Revolución Boliviana de 1952 encabezada por el MNR y la resistencia peronista al golpe de Aramburo en Argentina en 1955.

Un continente convulsionado, dependiente, con dudosas democracias y masas hambrientas pedía a gritos reformas que la gula de las multinacionales estadounidenses, el temor anticomunista de su gobierno y el servilismo de sus aliados locales no les permitía conceder incubándose nuevas rebeldías. No por azar el objetivo de la IX Conferencia Panamericana convocada en Bogotá en abril del 48 era sellar acuerdos para combatir el comunismo, palabra polisémica que bien podía implicar un gobierno, un partido, un pliego, una protesta, un ruego. Tampoco por cosas del destino acaeció el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, ese 9 de Abril, desatándose “El Bogotazo”. De esa exaltación de la iracundia popular fue testigo Fidel Castro, años después, protagonista de la única revolución triunfante y en el poder.

El comunismo como causa y como excusa

Las iras de Washington, en ese momento, surgían de lo que sucedía en Guatemala, donde el Coronel Jacobo Árbenz lideraba un gobierno nacionalista que osó poner en cintura a la United Fruit de la que eran dueños estadounidenses altos funcionarios de Estado, repartir tierras y organizar al campesinado. Esa década de excepcionalidad liberal fue sellada en 1954, cuando cebando traidores al interior del ejército, dieron un golpe contra la “Revolución Guatemalteca”. El joven argentino Ernesto Guevara, de recorrido por las américas -ya había visto sucumbir la revolución boliviana-, buscó infructuosamente vincularse a la resistencia. Al poco tiempo se sumaría a los rebeldes cubanos de Fidel Castro en México para lanzar la expedición guerrillera contra el dictador Fulgencio Batista.

En República Dominicana, luego de mantener en el poder al tirano Rafael Trujillo, quien contuvo varias conspiraciones en su contra, Washington repitió la fórmula al apoyar el derrocamiento del gobierno democrático de Juan Bosch e invadir el país con complicidad del resto del continente para contrarrestar las fuerzas constitucionalistas al mando del Coronel Caamaño Deñó. El independentismo puertorriqueño, inspirado por Albizu Campos, también se hacía sentir en el propio Capitolio estadounidense con la acción de propaganda armada  de Lolita Lebrón y Rafael Cancel Miranda, lucha que años después resurgiría con Los macheteros de Fabricio Ojeda, ultimado tras intervención del FBI.

Con el asesinato de Jorge E. Gaitán en Colombia, desatada la ira popular huérfana de conducción, arreció la confrontación sectaria entre liberales y conservadores en el poder. Las bases liberales, con el disimulado apoyo de la dirigencia, se levantan en armas destacándose la guerrilla de los Llanos al mando de Eduardo Franco, Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure. En el Tolima y centro del país, liberales “limpios” y campesinos alentados por el Partido Comunista, “comunes”, unían sus fuerzas contra la agresión. El golpe de Rojas Pinilla, apoyado por los partidos tradicionales, intenta controlar la guerra civil. Su propuesta de paz logra desarmar las guerrillas del Llano. Guadalupe Salcedo es asesinado por la fuerza pública. La agenda propia de Rojas erosiona el apoyo de la dirigencia y el empresariado y es depuesto. Liberalismo y Conservatismo acuerdan el Frente Nacional para poner fin a la confrontación política mediante el reparto del poder con exclusión de las demás fuerzas políticas y sectores sociales víctimas de la Violencia. La herida queda abierta.

Una Cuba sojuzgada por intereses de las firmas y los grandes traficantes americanos protegidos por la dictadura, asistía a la cruda represión de la protesta estudiantil y partidaria de oposición. El 26 de Julio de 1953 un grupo insurgente liderado por Fidel Castro intenta tomarse el Cuartel Moncada en Santiago, osadía que fracasa sangrientamente, con su promotor encarcelado en la Isla de Pinos. Desde allí se proyectaría líder histórico. Liberado, va a México, organiza la oposición armada y en diciembre del 57 desembarca con 82 combatientes, entre ellos Ernesto Guevara, para un nuevo fracaso. Al mando de 12 sobrevivientes se interna en la Sierra Maestra e inicia la guerra de guerrillas. Las bestialidades de Batista y su inteligencia y audacia ponen al pueblo a su favor, poco a poco incrementa con intrepidez táctica el Movimiento 26 de Julio. El Primero de Enero de 1959, toman el poder.

La Revolución Cubana impactó al continente y al mundo. En la medida en que la contrarrevolución aumentaba sus acechanzas y EE.UU. le daba su apoyo, Castro radicalizaba sus alcances. Advertido Washington de los factores sociales tras la rebeldía, implementa la “Alianza para el progreso” buscando paliar la pobreza y fortalecer los lazos políticos y militares con los gobiernos. Al declararse Cuba socialista, el conflicto este-oeste se hacía visible en El Caribe con la derrotada invasión de Playa Girón hasta llegar a la “Crisis de los misiles” para cuya solución la Casa Blanca se comprometió a no invadir la isla. Entre tanto, jóvenes rebeldes de Latinoamérica -marxistas y no marxistas- ponían sus ojos en la patria de Martí como respaldo a sus proyectos. La Primera Declaración de La Habana de solidaridad con las luchas contra la “oligarquía y el imperialismo” fue la respuesta.

La utopía armada

Rápidamente el ejemplo y el apoyo cubano cunden,  para motivar o reactivar la lucha armada. En Guatemala, mandos militares medios, con la jefatura  de Yon Sosa, Turcios Lima y Luis Trejos crean el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre, inicio de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) comandadas después por Pablo Monsanto, para confrontar despiadadas dictaduras y la explotación al campesinado indígena. Los comunistas del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) optan por las armas, Rolando Morán lidera el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y Gaspar Ilón, seudónimo del hijo del Nobel Miguel Asturias, irrumpe al mando de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) en las aldeas indígenas.

Carlos Fonseca Amador lidera en 1961 la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en el objetivo de poner fin a la satrapía de los Somoza e instalar un gobierno popular. En El Salvador, en medio de luchas sociales en ascenso contra dictaduras y pobreza, Salvador Cayetano Carpio funda en el 70 las Fuerzas Populares de Liberación Popular Farabundo (FPL), cristianos radicalizados conforman el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en cuyo seno, al mando de Joaquín Villalobos, es ejecutado el poeta Roque Dalton, lo que, con otras diferencias, lleva a Ernesto Jovel y otros a crear la Resistencia Nacional (FARN), los comunistas asumen la lucha armada. La Iglesia Católica de base, como en Nicaragua, promueve y respalda la lucha popular.

En Brasil, laboratorio de la “Seguridad Nacional” -el enemigo comunista opera y debe ser acabado desde adentro- los comunistas se van a las armas y el maoista Carlos Marighella practica y publicita manuales insurgentes y a lo largo de varios años se encienden y apagan comandos rebeldes. Perú ve surgir el FIR de Hugo Blanco, en Cuzco, al ELN de Héctor Bejar y el MIR de Luis de la Puente Uceda. Tras las sublevaciones militares de Carúpano y Puerto Cabello, los comunistas Douglas Bravo y Teodoro Petkoff montan la guerrilla de Falcón, embrión de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en Venezuela. En México surge la guerrilla campesina de Chihuahua, Genaro Vázquez levanta Guerrero, Lucio Cabañas crea el Partido de los Pobres, las Ligas Comunistas pican aquí y allá.

La confrontación entre bandas liberales, con apoyo del ejército,  y campesinos comunistas en el Tolima, Colombia, inclinaron a las autodefensas a la conformación del Bloque Sur, un pequeño destacamento que, bombardeado en forma inclemente por el gobierno para eliminar “zonas rojas”, se convertiría el 27 de mayo de 1964 en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) bajo la comandancia del campesino caldense Pedro Antonio Marín, “Manuel Marulanda Vélez”, “Tirofijo”. De la oposición al Frente Nacional, por parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), liderado por el liberal López Michelsen, y del Movimiento Obrero Estudiantil y campesinos (MOEC), saldrían los cuadros que tras formación militar en Cuba darían origen al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1965, integrado al cual moriría en Patio Cemento (Santander) el padre Camilo Torres convirtiéndose en símbolo de la iglesia rebelde latinoamericana. La escisión del Partido Comunista de una fracción pro china da paso a la creación del Ejército Popular de Liberación (EPL) por iniciativa de Pedro Vásquez Réndón.

De la experiencia de la Sierra Maestra, el ya mítico comandante Ernesto “Che” Guevara, había elaborado la “teoría del foco”, según la que la implantación de un germen insurgente en condiciones objetivas favorables garantizaba el triunfo revolucionario. A mediados de los 60, tras ocupar importantes cargos e incidir en la dirección del proceso cubano, toma la determinación de ponerse al mando del levantamiento continental. Consideradas las posibilidades de iniciar en Argentina o Colombia, según versiones no confirmadas en el Tolima con las Farc, se decide por Bolivia comandando el Ejército de Liberación Nacional, con miembros cubanos, peruanos, argentinos y bolivianos, a pesar de la oposición del Partido Comunista. La rápida actuación estadounidense, a través de la  CIA y los rangers, en apoyo a la dictadura, dio al traste con el intento con el aniquilamiento y dispersión de la guerrilla. El asesinato de Guevara el 8 de Octubre de 1967, a pesar de la derrota, establecería un ícono de la rebeldía mundial. Tiempo después, algunos sobrevivientes volverían a fracasar en Teoponte.

La guerrilla en las ciudades

En el sur de continente, causas de distinto tipo, impulsan la guerrilla urbana. Argentina ve fracasar el EGP del periodista Jorge Masetti cofundador de la agencia cubana Prensa Latina, quien moriría en 1963 en el intento. Los levantamientos populares de 1969 en Córdoba y Rosario fueron punto de partida de una nueva estrategia de la lucha armada en las ciudades y varios tanteos organizativos. La iniciativa de estudiantes y sindicalistas trotskistas al mando de Mario Roberto Santucho da origen al Partido Revolucionario de los Trabajadores, de intensa actividad hasta la muerte de su comandante en el 78 en manos de la dictadura.

Los Montoneros se dan a conocer en el 70 con el secuestro y ejecución del General Aramburu, uno de los ejecutores del golpe contra Juan Perón en 1955 y de la represión posterior. Desde ese momento una secuela de operativos, un tanto a vista gorda del retornado peronismo, los hacen célebres en el mundo. El más destacado, el secuestro de los hermanos Born y su liberación con un rescate de U$ 100 millones que dio pie a una espectacular operación financiera internacional que involucró a Cuba como custodia de una parte del botín, sirvió para financiar a los sandinistas y cubrir el atentado que le costó la vida al dictador nicaragüense Anastasio Somoza en Asunción años después. Rodolfo Galimberti, uno de los comandantes de la operación, en tratos posdictadura con quien fuera su víctima logró que ésta recuperara parte de lo pagado y se convirtió en un acaudalado hombre de negocios.

Los militantes montoneros, sobrevivientes de la represión de la dictadura –uno de cuyos capítulos dramáticos fue la masacre de la prisión de Trelew-, entre ellos el afamado Mario Firmenich, fueron amnistiadas una vez el país se restablecieron los gobiernos civiles y se procesó la dictadura. Nuevas tentativas, como la de la toma del cuartel de La Tablada por el Movimiento Todos por la Patria dirigido por el exERP, Enríque Gorriarán, en 1989, fueron aplastadas sin contemplación.

En Uruguay, sindicalistas y dirigentes agrarios como Sendic, Menea y Marenales, Eleuterio Fernández Uidrobo y José “Pepe” Mujica fundan Tupamaros. El nombre homenaje al rebelde indígena anticolonial y el carácter “robinhoodesco” de sus actuaciones, fueron de impacto. Pero también fueron autores de resonantes secuestros políticos y económicos como los del embajador británico Geoffrey Jackson y el presidente de UTE, Ulysses Pereira Reverbel. El de Dan Mitrione, instructor militar estadounidense, quien sometido a interrogatorio confesara el adiestramiento para la represión en los centros estadounidenses y fuera ejecutado, tuvo repercusión mundial llevado al cine por Costa Gavras en “Estado de sitio”. Luego de la resonante toma de la ciudad de Pando, debilitados y encarcelados fueron rehabilitados al restablecerse plenamente la democracia.

Allende derrocado y el sandinismo victorioso

Lo que no alcanzaron las organizaciones subversivas, en Chile lo logró en 1970 la Unidad Popular, una coalición de centroizquierda, que llevó a la presidencia a Salvador Allende promoviendo un programa socialista cuya implementación polarizó al país, con la abierta intervención de los Estados Unidos en favor de la derecha, el gran capital y las multinacionales. A regañadientes de Allende y la “vía pacífica”, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), intentó conformar milicias de defensa y actuó en contra de los adversarios del proceso. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 fue contundente, el MIR con  su comandante Miguel Enríquez a la cabeza fue abatido.

Max Marambio, exmiembro del MIR e integrante del Grupo Amigos del Presidente (GAP), una escolta partidaria especializada, custodió por semanas un gran arsenal en la embajada cubana y logró la hazaña de entregarlo a miristas que fueron rápidamente reducidos. En Cuba, después del golpe, se convirtió en contraparte empresarial del gobierno, relación que terminó con su solicitud de extradición desde Chile luego de millonaria defraudación. Allí es hoy un poderoso hombre de negocios.

Pero la dictadura, a pesar de la brutal represión, no estuvo exenta de reacciones beligerantes, el Partido Comunista conformó en la clandestinidad el Frente Patriótico Manuel Rodríguez que entre otras, en la cinematográfico “Operación Siglo XX” casi cobra la vida del siniestro Pinochet, antes de terminar la dictadura logró una espectacular fuga carcelaria. Ya en democracia, se legalizó como movimiento político.

Casi al tiempo que en Chile la izquierda accedía al gobierno elecciones en Colombia la denuncia de fraude al exdictador populista Gustavo Rojas Pinilla, servía de excusa  para la presentación pública del Movimiento 19 de Abril, convergencia de cristianos, exmiembros de las Farc y militantes del ala izquierda del partido del general, conformado bajo el influjo de las guerrillas urbanas del sur del continente. Poco después irrumpirían el movimiento Autodefensa Obrera (ADO), Patria Libre, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el destacamento indígena Quintín Lame.

La Universidad de Ayacucho, en los Andes peruanos, ve nacer en los 80 una enigmática guerrilla maoísta, radical y brutal, que logra rápida expansión en las comarcas indígenas, liderada por el profesor Abimael Guzmán. Años de terror sacudieron la sierra andina y las ciudades a las que llegó el mensaje intransigente de Sendero Luminoso. Desde otra perspectiva, en la senda guevarista, surgía el Movimiento Revolucionario Tupác Amáru. En la incertidumbre, los peruanos eligen presidente a Alberto Fujimori quien conduce un régimen autoritario y corrupto que no se paró en mientes en la represión contrainsurgente. Superada la acechanza del senderismo, el electorado le dio la espalda y fue procesado junto con su corte. Fujimori y Guzmán, pagan hoy largas condenas.

Centroamérica fue sacudida por el auge insurreccional a finales de los 70. La corrupción, miseria y represión fueron caldo de cultivo para que el FSLN se unificara y se pusiera a la vanguardia del levantamiento popular que dio al traste con el somocismo el 19 de Julio de 1979. A instancias del triunfo sandinista, las fuerzas guerrilleras salvadoreñas se agrupan en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que con la ofensiva de 1981 escala la  guerra que en 1989 lo lleva a sostener combates en las propias calles de la capital pero sin posibilidad de victoria. Tras una década en el poder, languideciendo los sueños, los sandinistas pierden las elecciones con la oposición, exhaustos de la guerra impuesta por Reagan y la evidencia de los propios errores. En ese año la demolición  del “Muro de Berlín” en medio del derrumbe del campo socialista marca la inflexión del movimiento rebelde armado bajo el influjo de la hoz y el martillo.

De las armas a las urnas

El FMLN logra negociar con el gobierno salvadoreño la democratización formal del país en 1991. Otro tanto, con menor envergadura sucedió en Guatemala, donde la alianza Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) estableció acuerdos en 1996. En Colombia el intento unificador para potenciar la insurgencia se selló con la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar (GNGSB), desintegrada con la negociación por el M19 de acuerdos de paz en 1989, que seguirían el EPL, la Corriente de Renovación Socialista (CRS), escisión del ELN, y demás grupos, con excepción de las FARC y el ELN, ausentes de la Constitución de 1991 que se fraguó ingenuamente como pacto político nacional para la paz. En adelante el narcoterrorismo, el paramilitarismo, y unas FARC y ELN fortalecidas por los cultivos ilícitos, impuestos a las petroleras y otros recursos, llevarían al país a un período de horror.

La crisis social generada por el neoliberalismo, el desencanto con las fuerzas políticas tradicionales y la falta de alternativas por parte de éstas, unidas a una mayor educación y politización de la ciudadanía y el ascenso de las luchas sociales, permitió por primera vez en la historia que cerrando el siglo XX y durante la primera década del nuevo siglo, desde la izquierda o con esa cobertura que partidos y alianzas alternativas llegaran al poder. Las posibilidades del momento y la necesidad de replantear las formas de acceso la advirtió el mismo Fidel Castro al dictaminar que ya no era el momento de la lucha armada. Un simbólico eco fue la novedosa aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) despuntando el nuevo milenio con su renovado lenguaje y la apelación a la acumulación de poder desde la conciencia. Con la excepción notoria de Colombia, en América Latina la lucha insurgente armada había cesado.

Junto con los gobiernos de la  singular “Revolución Bolivariana” liderada por el excoronel golpista Hugo Chávez, el sindicalista cocalero Evo Morales en Bolivia, el obrero metalúrgico “Lula” Da Silva en Brasil y el economista Rafael Correa en Ecuador, surgidos de procesos electorales, la coyuntura posibilitó la novedad de varios ex miembros de la guerrilla fueran elegidos por voto popular para gobiernos y parlamentos. Así, el extupamaro “Pepe Mujica” gobernó Uruguay, precedido y sucedido por Tabaré Vásquez de su alianza el Frente Amplio,  Daniel Ortega, excomandante sandinista, se aferró al poder en Nicaragua, Salvador Sánchez del FMLN llegó al ejecutivo de El Salvador, antecedido por otro gobierno de su coalición, y la exguerrillera Dilma Rouseff acarició la presidencia del Brasil, donde recientemente una tramoya de la corrupta extrema derecha la sacó del mando.

Una coyuntura económica favorable por la bonanza del petróleo y los hidrocarburos permitió abrigar esperanzas pero la caída de precios y los cuestionamientos de diverso tipo, han dejado como evidencia que la reducción de la pobreza subsidiada no es sustentable, que ha habido mucho discurso y cosmética y que hay que cuidar como un tesoro lo poco que se logró porque ávida de riqueza y poder la derecha neoliberal viene de vuelta y arrasa. Muchas deben ser las lecciones aprendidas de los logros y los muchos fracasos. Al parecer, aunque lo sucedido en Brasil genera dudas, la institucionalidad democrática se ha instalado en el continente o, al menos, sus formalidades hoy no son tan fácilmente reversibles y la izquierda tiene que prepararse para demostrar que es diferente y que puede marcar un proyecto de nuevo tipo para región, más allá de la autonomía frente Washington conquistada en estos años, que destaca Noam Chomsky.

La esperada paz de Colombia

En ese entorno, Juan Manuel Santos replantea la estrategia contrainsurgente de su antecesor -negar el conflicto y el carácter político de la insurgencia- para plantear una solución política negociada a las guerrillas supérstites. Las Farc, que resintió la ofensiva militar de Álvaro Uribe se avino a la propuesta, el ELN con una caracterización  más radical del momento y de los objetivos de las conversaciones se resiste, pero está en la encrucijada. Latinoamérica apoya con entusiasmo, luego de la década de tensiones fronterizas derivadas de la confrontación con las guerrillas y la orientación de los gobiernos de la región de autonomía de Estados Unidos, mientras Uribe cerraba filas con el antiterrorismo de la Casa Blanca.

Después de casi seis años de acercamientos y negociaciones, la mayor parte, como paradoja y señal de los nuevos tiempos, en La Habana, que hace poco recibió al presidente de los Estados Unidos para restablecer las relaciones rotas en 1962, el 26 de septiembre de 2016, el gobierno colombiano y las FARC suscriben oficialmente el Acuerdo para una Paz firme y duradera. Con la refrendación ciudadana del mismo, el 2 de octubre, se inicia la disolución de la guerrilla más antigua de la región, pues sus fundadores ya estaban en armas al comienzo de la Revolución Cubana, y la mayor aún beligerante en la sufrida y esperanzada piel de América Latina. 

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