Por Roberto Carlos Astorquiza Aguirre

Hoy es un día especial, el Gobierno Nacional y las FARC EP se disponen a firmar el acuerdo final para la finalización del conflicto armado que ha dejado cientos de muertos, víctimas, desplazados, y una sociedad que perdió su rumbo en la historia, para quienes en su derecho se manifiestan en contra de este acuerdo, es pertinente recordarles que:

“Colombia  ha sido una sociedad signada por la violencia, parece ser que los desafíos para construir nación relacionados con el actuar consciente y reivindicatorio del pueblo, no han tenido como respuesta por parte de las elites gobernantes, hechos de paz, de civilidad, que permitan la consolidación de ciudadanías, del reconocimiento de las causas del conflicto, y del trámite de dichas diferencias, de forma digna, soberana y tranquila”.  Sarmiento O., C. M. (1985). Estado y subversión en Colombia. Bogotá: CIDER.

Lo máximo que se ha conseguido en una larga historia de frustraciones, además de algunas reformas esporádicas e insuficientes, es que los diferentes gobiernos hubieran intentando llegar a la paz con los grupos armados a través de diálogosque en la mayoría de las veces, buscaron lidiar con un problema incómodo para las elites, de alcanzar una pretensión hegemónica de subyugar al enemigo, de acabar con el uso de las armas en su contra, pero no de reconocer las causas estructurales del conflicto que aún persisten. Después de la desmovilización de las Farc EP, se hace perentoria la necesidad de acometer reformas estructurales que impacten de forma directa la manera como se entiende la convivencia en la sociedad colombiana.

El acuerdo final que se suscribirá hoy en Cartagena en presencia de diferentes representantes de la comunidad internacional,  es deseable y esperanzador para una sociedad que en casi toda su historia republicana, no ha conocido vivir sin los costes de un conflicto armado, solo aquellos que se benefician de un estado de guerra, persisten en su posición, altamente rentable en el reino de las falacias, de las emociones, de la demagogia. No obstante, y más importante aún, es que estos diálogos y el acuerdo alcanzado, nos pondrán de frente sin las distorsiones de la guerra permanente, ante el desafío de reinterpretarnos como sociedad, como nación, como seres humanos,  así tendremos que determinar cuál es la paz que entendemos y queremos para la Colombia del presente y del futuro.

El acuerdo alcanzado es la cuota inicial de una sociedad que en su mayoría,aspira a transitar por caminos alternos a la violencia, al atraso y a la discriminación, dichos acuerdos, representan la base para un nuevo diálogo social, el que deberá incorporar para que sea fructífero, nuevas alternativas conceptuales, ajenas a la imposición de las violencias armadas, ideológicas, verbales, sociales, económicas, jurídicas, que no permiten diseñar una nueva praxis social.

Sin duda, para interpretar, entender y poner en práctica en toda su extensión este acuerdo, se requiere un nuevo sujeto político, capaz de aportar con acciones precisas y conscientes a este proceso y a lo que viene – porque de lo que se trata precisamente es de no permitirnos una paz escaza – si las ciudadanías asumen que no nos encontramos simplemente frente a un periodo más de nuestra grisácea historia, sino ante una oportunidad extraordinaria para desatar de forma civilizada toda una amalgama de opciones teóricas y prácticas, que nos permitan no solo transar las viejas deudas, sino de ponernos a tono con las respuestas que exige la post modernidad de la vida en sociedad; este proceso será el punto de partida democrático que permitirá las reformas que las ciudadanías estén en capacidad de implementar.

Pero ojo, el desafío no es fácil de asumir, la ideología hegemónica está cumpliendo su función, su líder por antonomasia vocifera contra los diálogos y muchos, por ignorancia y manipulación se proclaman a priori enemigos de los acuerdos.

La paz alcanzada en la Habana, como todo lo humano, es imperfecta, pero es un punto de partida, las ciudadanías conscientes y organizadas tienen la palabra, el domingo 02 de octubre sabremos su decisión, yo creo que por el bien de todos, el voto por SI deberá prevalecer.

 

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