Mataron a Fredy Arias, el hermano de Jaime Arias, descendiente de todos los Arias, gente de bien. Lo conocí cuando hace algún tiempo anduve por Guatapurí, Chenesquemena y Atanquez, tierras de paz. Me decían que cuando uno se baña en el río Guatapurí significaba que volvería muchas veces, pero esta es la hora en que no se ha podido regresar por que la violencia atroz galopa sin tregua, sin freno, sin piedad.

 

Yo soy hijo de un pueblo francamente guerrero, de armas tomar, los Paeces, pero últimamente hemos tomado una decisión definitiva, contundente y sin ninguna duda: vamos a luchar en la construcción de una oportunidad de país distinto, diferente, en donde no haya la necesidad de matar al otro para imponer las ideas, propósitos e intereses.

 

Que vergüenza y que cobardía la de estos colombianos que consiguen el pan para comer todos los días matando a otro. A Fredy, no tengo la menor duda, lo mataron las AUC, las famosas Autodefensas Unidas de Colombia, y seguramente por ahí hay alguno de sus hombres parando oreja a ver qué decimos, pues aquí está nuestra posición política para restaurar nuestra posición de colombianos.

 

Que tal lo que hace este medio italiano, cuyo comportamiento no difiere de los españoles que llegaron con Colón trayéndonos sus pestes y contagiándonos de miseria, pobreza, muerte y violencia.  Un hombre cobarde, medio italiano, medio colombiano; cobarde cuando mata a un pobre indio como yo y como ustedes, que creemos en la posibilidad de una Colombia distinta, honrada, que se levanta sobre sus propios valores y que no impone el peso de las armas. El que elimina a otro porque lucha porque ese otro defiende a su pueblo - como la hacía Fredy - es un cobarde. 

 

Desde que me enteré de la muerte de Fredy soy de la posición de que llevemos su cadáver y lo pongamos en el primer retén que nos pongan las Autodefensas - que con valía gritan la capacidad de defender a los colombianos de otros forajidos que también nos asesinan - para que se lo coman. Si no son capaces de comérselo, entonces que nos expliquen cuál es la razón política que como hombres civilizados tienen para que busquen hundirnos en la peor circunstancia de inexistencia.

 

Yo no tengo armas, ni escoltas, ni necesito del régimen del Estado. Andamos como somos: en resistencia sin armas. Lástima que a Atanquez no se pueda ir; lástima que tampoco se pueda subir al río Guatapurí; lástima que los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta sean golpeados por aquellos que llegan con el ruido de las balas y la muerte.

 

Seguridad democrática, oh seguridad democrática. ¿Cómo podría explicarse, más allá del discurso? Los indígenas ni siquiera podemos llegar a Atanquez, porque los legitimados para utilizar las armas nos detienen, nos requisan, nos controlan los alimentos.

 

Me revelo contra eso. Siempre lo he hecho. Yo no quiero estar en Valledupar porque estoy 'mamado' de enterrar muertos, quiero ir a Santa Fe de Railito, así seamos tres pelagatos, porque considero que no podemos seguir soportando el exterminio del pueblo Kankuamo. ¿Cuánto más tendremos que aguantar? 92 Kankuamos han sido asesinados miserablemente. 1700 han sido desplazados. ¿Ustedes van a seguir enterrando a sus muertos y nada más? 

 

Cuando varios de los congresistas decidieron no concurrir a la sesión en donde los comandantes de las AUC fueron a exponer sus ideas, tomé la decisión de estar presente. Recuerdo que el comandante Báez, casi con lagrimas, pidió perdón por todos sus delitos y atrocidades cometidas. Hoy estamos enterrando a Fredy Arias y ahí está el resultado de sus palabras.

 

Esta mañana circuló una versión que decía que el asesinato no fue cometido por las AUC.Soy del Cauca y  vivo en el Valle. Desde esa región escucho que toda la zona de la costa es controlada por las AUC ¿Cómo un delincuente común puede llegar a una ciudad tan populosa como Valledupar, asegurada por las Fuerzas Militares, controlada por las Autodefensas, asesinar impunemente a una persona y marcharse? No creo que un delincuente común no piense tres veces el intentar cometer un delito, un crimen, una atrocidad como la muerte de Fredy.

 

   

Nos han dicho que las investigaciones están en marcha. Felicito a las autoridades, pero que también se investigue la muerte de los 91 Kankuamos más.

 

Muy seguramente nos seguirán asesinando, y los indígenas seguiremos luchando, teniendo claro que nuestra defensa no implicará empuñar ni siquiera una navaja para defender nuestros intereses. Vamos a luchar sin armas, pero con inteligencia, al amparo de la democracia y al criterio de la civilización.

 

Solicito, claro está, que aquellos que gozan del respaldo legal para usar las armas, que aprieten el cinturón y cumplan su función patriota para evitar que este tipo de crímenes sean materia de lamento, tristeza y de llanto.

 

He venido a unirme al grito de dolor, al grito de indignación, al grito de rabia que siente el pueblo Kankuamo, porque infortunadamente solo eso podemos hacer. El que tiene las armas tiene el poder, pero yo creo que lo dudan, lo dudan tanto que han decidido sentarse a negociar.

 

Pero que negocien como hombres, con honradez, que comprendan que los indios de este país -que no fuimos aniquilados por su gonorrea- estamos luchando hoy con inteligencia para darle paso a una Colombia diferente en la que no sea necesario matar al otro.

 

A mi me da miedo decirle esto a las Autodefensas, por supuesto, mucho miedo, pero alguien lo tiene que decir. Soy un hombre de guerra, aunque nunca he tomado un fusil contra nadie, pero tengo la autoridad moral, política y democrática para reclamar justicia y reclamar que detengan las atrocidades que se cometen.

 

Seguirán matando a uno, dos, tres indígenas, como a todos aquellos que luchamos por reivindicar los derechos de los pueblos, pero jamás serán capaces de asesinar nuestra dignidad. No me cansaré de seguir denunciando todas las atrocidades que se cometen.

 

Habitantes de Valledupar, gente de bien golpeada por el miedo y el terror, ayúdenos a resistir contra esta marejada de odios, incomprensiones, ignorancia, espíritus desvalidos y cobardía. Son monstruos que se sienten poderosos con un arma al cinto para reventar las esperanzas de personas luchadoras como Fredy Arias.

 

Finalmente le digo a Jaime que se cuide porque aquí no hay seguridad democrática. El gobierno, desde el mes de febrero, tenía advertida esta circunstancia trágica, y sólo ayer, como me informaron, fueron a ver qué era lo que realmente ocurría con Fredy. Dos horas después de que se entrevistaron con él, es asesinado. Vaya uno a saber si los mismos que lo fueron a entrevistar no hacían parte de ese complot.

 

*Senador de la República

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