Como pastor de la Diócesis de Quibdo y en comunión con los evangelizadores que prestan su servicio en esta Iglesia Misionera, me dirijo a todos los Pueblos Indígenas de Chocó, con motivo de las dificultades por las cuales está atravesando la Organización Indígena Regional Embera Wounaan-OREWA.

 

1. Preocupaciones

 

En el mes de noviembre de 2004 se cumplirán 25 años de existencia de la OREWA, tiempo en el cual las comunidades de todas las zonas han puesto su sudor y, en no pocas ocasiones, su propia sangre con los mártires, para sacar adelante sus principios fundamentales por la Defensa del Territorio, la Afirmación de su Identidad Cultural y el Ejercicio de la Autonomía.

 

La Unidad ha sido su primer objetivo cuando dicen en su lema: "Que nuestro silencio se convierta en un solo grito: Unidad, Territorio, Cultura y Autonomía". Este quizá sea uno de los logros más importantes, pues cada etnia ya sea Tule, Embera, Katío, Wounan o Chamí se ha esforzado en poner lo mejor de sí para que la diversidad lingüística y cultural se complemente en la construcción de su Plan de Vida denominado "Lo que pensamos y queremos hacer en nuestro territorio".

 

Ustedes, los Pueblos Indígenas, nos han enseñado a la Iglesia, a la Sociedad Colombiana en general y a los Organismos Internacionales que la dignidad humana se hace respetar, que la fidelidad al pensamiento de los ancestros es la que los mantiene unidos, que el territorio es la vida y que ante todo los intereses comunitarios están por encima de los intereses particulares, por este motivo no entendemos por qué en este momento no se han podido poner de acuerdo para superar esta crisis que públicamente aparece como división de las comunidades.

 

Nosotros como evangelizadores vemos a diario el rostro de los niños y niñas indígenas que sufren los impactos de la guerra, los rostros de las mujeres que en muchos lugares, como en Bojayá, tienen miedo para ir a cumplir sus labores de recolección y agricultura, los rostros de los hombres que no pueden salir a cazar o a sembrar o a pescar, porque sufren el rigor de la amenaza de los armados, lo cual hace que consideren que sus territorios se encuentran invadidos por ejércitos de ocupación y sufran la insuficiente respuesta del Estado, en muchos casos nula, para atender este cerco en el que se encuentran.

 

Hoy, más que nunca la vida de todas las comunidades se encuentra amenazada y ya no hay más territorio para huir, como lo hicieran antiguamente en la época de la conquista europea, por eso están acorraladas, en una verdadera encrucijada.

 

Este dolor y este impacto de la guerra, parece que no conmoviera a algunos de los dirigentes indígenas, pues en lugar de estar unidos para buscar mayor protección a las comunidades, para no dejar perder todos los logros alcanzados, empezando por el territorio, se encuentren enfrascados en una pugna por tomar el control de la dirección de la OREWA, dando pie a que intereses foráneos, como lo han venido denunciando públicamente, se entrometan en la organización propiciando la división y generando una inestabilidad e ingobernabilidad, que pone en entredicho la seriedad de una organización de la trayectoria de la OREWA.

 

Nos preocupa que los efectos de la guerra puedan estar llegando a las organizaciones sociales, para hacer prevalecer mezquinos intereses en contra de las comunidades. Sería muy triste que los mismos actores de la guerra que están causando el hambre, la zozobra y la amenaza de la vida de las comunidades fueran al mismo tiempo los que estuvieran manipulando a algunos dirigentes para hacer prevalecer intereses politiqueros sobre el proyecto comunitario, presentándose, como dice el Evangelio, "como ovejas vestidas de lobos".

 

De igual manera nos asalta la preocupación por el comportamiento de algunas instituciones del Estado, cuya actuación en esta disputa de poder no ha contribuido a buscar soluciones, como es su deber, sino que irresponsablemente han generado confusión y profundización de la crisis.

 

No menos es nuestra preocupación por algunos miembros de las comunidades indígenas que se han dejado seducir por el ofrecimiento de dinero, de productos como medicamentos o de puestos al interior de la OREWA, para no pensar en el futuro a mediano plazo de sus hijos e hijas, sino con la mirada reducida de un supuesto bienestar inmediato.

 

2. Llamada

 

Por todo lo anterior hacemos un respetuoso y afectuoso llamado a diferentes niveles para que se busque una salida donde prevalezca el consenso comunitario:

 

1. A las comunidades indígenas, para que no se dejen manipular, que se informen bien de todo lo que está pasando y asuman responsablemente una posición a favor de todos los miembros de la OREWA.

 

2. A los dirigentes indígenas que se fundamenten en la verdad, para que desde allí se acerquen y revisen de forma autocrítica las causas y consecuencias de esta crisis.

 

3. A las Autoridades Indígenas (cabildos locales y cabildos mayores) a que convoquen a un Congreso Regional Indígena, para que, como máxima autoridad, resuelva la crisis y recupere la estabilidad y la confianza de la OREWA, de lo contrario cada quien convocará Asamblea que revoque la opuesta y seguirán hacia el desgaste total. 

 

 

4. A las instituciones públicas competentes, del orden regional y nacional, para que actúen de conformidad con el Derecho y el cumplimiento de su mandato constitucional de "proteger la vida, y honra de los ciudadanos", a fin de contribuir en la superación de esta crisis.

 

5. A las instituciones solidarias, ONGs y Agencias de Cooperación Internacional, que durante estos 25 años han estado apoyando el proceso de la OREWA y que en el momento tienen proyectos en ejecución, para que habiliten un espacio de diálogo y concertación con las partes implicadas en esta crisis, con el ánimo de identificar el logro de los resultados previstos en dichas operaciones, de tal forma que sea la transparencia la que recupere la confianza.

 

Elevamos nuestras oraciones, y ofrecemos nuestros servicios, para que este momento crítico y doloroso sea una ocasión de purificación y de perfeccionamiento de los principios del movimiento indígena en la defensa de sus derechos colectivos.

* Obispo de Quibdó

 

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