Luego de ser secuestrados el pasado 13 de agosto, supuestamente por hombres de las Autodefensas, fueron hallados los cuerpos de los indígenas Arhuacos Miguel Niño y su hijo. Los dirigentes ya no saben qué estrategias adoptar para detener los asesinatos sistemáticos en la Sierra Nevada, que compromete a las cuatro etnias.

 

A la muerte de los dos indígenas se suman otras violaciones que van desde amenazas a líderes, asedio y hostigamiento a las comunidades y desplazamientos al interior de los resguardos ubicados en la región de Sabana de Crespo, municipio de Valledupar.

 

Lo que llama la atención es que los dos indígenas asesinados hacen parte de una lista de 16 indígenas más que han caído en lo corrido del presente año, cuyas muertes han pasado desapercibidas porque presentan formas de vida campesinas que no tienen una vinculación estrecha con las organizaciones indígenas regionales.

 

“Estas personas son producto del despojo territorial que históricamente sufrió el pueblo Arhuaco. Ese despojo significó que buena parte de la población se ubicara en las zonas alta de la Sierra. No obstante, un grupo minoritario permaneció en zonas aledañas de Pueblo Bello, adoptando tradiciones campesinas. Ellos son las víctimas directas de las acciones de los grupos armados, con asesinatos que han sido minimizados porque en la mayoría de los casos se les presenta como campesinos, cuando en realidad son indígenas”, sostuvo Leonor Zalabata.

 

La dirigente también ratificó que en esa violencia han sido asesinados personas que no son indígenas, pero que tienen una relación muy fuerte con las comunidades y las organizaciones. Entre los casos más destacados se resalta el asesinato de dos conductores que transportaban productos básicos a los territorios indígenas. 

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