La historia se remonta a cincuenta años atrás, cuando en el municipio de Caloto, departamento del Cauca, en la vereda llamada El Chocho, el 3 de enero de 1.947, nacà en un hogar compuesto por mi madre, una mujer indÃgena, médica tradicional y mi padre, mestizo, hombre pobre, trabajador, además de mis hermanos.
En esta vereda vivà hasta los once años sin estudiar porque mis padres tenÃan el temor de mandarme a la escuela porque podÃa pasarme algo en el camino, vÃa a la escuela. Fue una infancia feliz porque estaba entre los mÃos, la gente Páez. A los once años fui a estudiar en la escuela la Sagrada Familia, que era dirigida por unas religiosas. Allà empezó mi martirio, porque siendo una india era pecado estar entre los mestizos y blancos, porque estropeaba demasiado el castellano y la rezadera además no me gustaba de a mucho.
Nosotros, lo indÃgenas paeces, en lo espiritual nos formamos con base en cuentos, sentados todos alrededor de la tulpa (fogón de tres piedras y leña) escuchando el canto de los pájaros, mirando la luna, las estrellas, los relámpagos y escuchando al médico tradicional, que es quién se encarga de la limpieza del cuerpo de las personas, de la casa y de la misma comunidad, trabajo que hace el médico tradicional propio para protegernos desde que nacemos. El médico sabe que tipo de trabajo necesita cada uno, porque los espÃritus se le presentan y los ayudan. Claro que hay médicos malos y buenos y no cualquiera puede ser médico.
Volviendo al cuento de la escuela, allà me insultaban diciéndome: "india mascacoca", "no sabes hablar", "hueles feo",...me decÃan que me bañara bien porque olÃa mal. Yo no entendÃa lo que querÃan con todo eso, siendo que mis padres eran tan distintos a los del pueblo. Durante todo este tiempo de estudio empecé a cambiar sin darme cuenta, ya no querÃa regresar a mi comunidad, los alimentos me parecÃan horribles, ahora el hablado ni se diga, asà que no hable más mi idioma hasta que se me fue olvidando y ahora apenas medio lo entiendo.
En medio de todo el problema que le cuento terminé la primaria, el deseo de mis padres era que estudiara hasta terminar la secundaria, trataron de conseguir una beca lo cual no fue posible por tener 17 años (ya era muy mayor frente al resto de los compañeros); decidieron entonces, matricularme en el un colegio, pero sólo fue por dos semanas, la situación económica de mis padres era muy difÃcil y no era posible pensar en estudiar.
Entonces regresé a la comunidad, empecé nuevamente a estar con mis padres, a desenvolverme en ella nuevamente y a oÃr hablar el idioma,.. En la comunidad, en ese entonces, no éramos dueños de la tierra que trabajábamos, éramos terrajeros de un señor que era el terrateniente; él nos daba la tierra para trabajar y vivir allà y se le paga con dÃas de trabajo. Allà yo allà ayudaba a mis padres en el campo.
Un año después nos fuimos al pueblo, allà mis padres tenÃan una casa durante este tiempo empecé estaba en la casa con mi mamá, ayudándola y como el deseo era seguir estudiando, entonces nos unimos para participar en la organización de un colegio, que hasta hoy está funcionando. Cuando inicio el colegio yo hice parte de ese grupo, ahà estudié por dos años.
Para ese entonces empieza la vida sentimental, el asedio de los muchachos, empieza otra etapa de mi vida... es un proceso, durante esos dos años, conocà muchachos, emocionalmente no sentÃa nada pero al sentir el asedio empiezo a despertarse en mà la admiración por ellos, en eso,.... empecé a enamorarme como dos o tres años de novia de un muchacho que me protegÃa de los otros y me aconsejaba. Cuando mis padres vieron lo que estaba sucediendo me llamaron la atención, querÃan saber que pasaba, entonces él les respondió que estaba enamorado de mÃ, y ahà nos casamos, yo tenÃa 22 años, ya no eran tan joven para lo que usaba en esa época...
Nacieron los niños, él era del pueblo, campesino. Nos casamos era un hombre muy pobre y decidimos regresar al campo, en donde ayudaba en el trabajo a mis padres, yo también trabajaba en el campo.
Nace el primer hijo, luego el segundo y en ese momento empieza el proceso de recuperación de tierras, nace el CRIC (Organización Regional IndÃgena del Cauca), empiezan las tomas de tierra en Toribio, en Corinto, nosotros no entendÃamos nada... la comunidad empieza a interesarse, se hacen reuniones y se decide que "nosotros también Ãbamos a recuperar tierras, llegan los lÃderes y nos hablan del proceso y ahà empezamos ....
Yo participaba de las asambleas, en donde era la secretaria por lo que tenÃa un poco de estudio. La gente decÃa "como ella sabe leer y escribir que nos colabore en la secretaria", se trataba de hacer actas, una programación, o a veces me tocaba leer, por ejemplo, la historia del QuintÃn Lame, yo le exponÃa, contaba quién era, qué habÃa hecho, .... Sin darme cuenta me fui metiendo en todo eso porque habÃa estudiado. No me daba medió porque estaba en medio de mi comunidad y de mi familia.
Se empezó a hablar sobre tierras, se salÃa a manifestaciones en el pueblo, a Cali, a Santander de Quilichao, a Corinto, sobre todo los hombres, las mujeres algunas, yo no salÃa por mis hijos pequeños, en lo que podÃa colaborar era haciendo actas, a veces preparando con otras el almuerzo cuando la gente se reunÃa. Eso es por allá en el año 72. Mi esposo empieza a participar en reuniones, en asambleas, en comisiones de tierra, marchas,.. él se iba y yo me quedaba sola con los niños y mi mamá; yo me sentÃa muy segura porque mi mamá era médica tradicional, ella constantemente me hacia refrescos y remedios porque, ella decÃa que habÃa que refrescar para que no le pase nada a la comunidad. Yo me quedaba con ella tranquila y ya empezaron las recuperaciones ya en mi vereda, Primero fue un pedacito, ahà llegó el terrateniente con la policÃa y nos amenazó y como le dijimos que era sólo un pedacito nos dejó.
A las recuperaciones iban sobre todo los hombres, las mujeres nos quedábamos preparando los alimentos y pendientes por si venÃa la represión para avisarles. Fue todo un proceso, por un tiempo largo, los hombres se iban para reuniones para Tierradentro, para Miranda, Florida, se iban a pie, pero mi trabajo seguÃa en la casa y cada vez que se hacÃan grandes reuniones yo asumÃa la secretarÃa haciendo la orden del dÃa y leyendo los libros que un señor que llegó nos entregaba. Leà lo que eran las luchas populares, las luchas obreras, lo de las torturas, ... cosas que causaban terror, yo le leÃa como un cuento, pensaba que eso no podÃa suceder en la vida real, eran cosas horribles lo que leÃa.
Yo era sola en este proceso de leer libros, de formación, puesto que en la comunidad no habÃan más mujeres que supieran leer y escribir, esto porque los s indÃgenas no solÃan poner a las muchachas a la escuela. En mi caso ayudó que mi papá se habÃa criado con un mayordomo que tenÃa una visión diferente,... yo era la única, otras mujeres me decÃan que por que no ayudaba en la cocina y que sólo estaba con los cuadernos o los libros; pero cuando ellas empezaron a sentir ese celo yo le decÃa vengan Uds. a asumir esto que yo estoy haciendo y yo hago lo que ustedes hacen; ahà ya me respondÃan que era cierto que ellas no podÃan hacer lo que yo hacÃa y se conformaban. En algunas asambleas era todo el dÃa recogiendo lo que se discutÃa... asà transcurrÃa la vida, leyendo y aprendiendo de las explicaciones que nos daba ese señor que era colaborador del CRIC y fue prácticamente quien orientó el trabajo en la zona.
En el 74 se realizó el congreso del CRIC y la comunidad me manda a participar, argumentado que yo podÃa intervenir y explicar todo el trabajo que estábamos llevando en la zona. A mà esto me dio miedo, me daba miedo irme y sobre todo dejar los niños, que no era mi costumbre, pero viendo que era importante yo me fui para ese congreso con toda la comunidad, ahà fue la primera vez que participé en público ante miles de personas.
Cuando me llegó el momento de hablar, en el congreso, yo sentÃa que toda la sangre se me bajaba a los pies, un temblor único, una cosa que nunca habÃa sentido, sentir que todo la gente me miraba, fue horrible.... pero pensando en la gente y que tenÃa que hacer quedar bien la zona norte, asà pude empezar a hablar y a explicar todo nuestro trabajo polÃtico.
Me sorprendió mucho que la gente me aplaudió mucho, creo que porque era mujer e indÃgena, aplaudieron bastante, fue positivo. Allà estaba con mi esposo quien estaba dedicado de lleno a ese trabajo. El me apoyaba siempre y cuando estuviera con él, además como no habÃa otra mujer que hiciera lo que yo, le tocaba dejarme aunque no le gustara. A veces cuando yo iba para una asamblea él me decÃa que a qué iba, pero yo no le hacÃa caso, sino que iba y resultaba allà haciendo un trabajo y como me veÃa trabajando se "aguantaba" y no me decÃa nada, Como que yo iba a lo iba y no a perder el tiempo, tal vez por eso no se opuso.
Asà transcurrió mi vida en medio del trabajo y las recuperaciones, ahà llegó la represión, en una época en que hicimos una recuperación, para un diciembre, llegó la policÃa y golpeó a todos los compañeros y nosotras nos salvamos por fortuna. Se llevaron a todos los compañeros a la cárcel y nosotras organizamos a las mujeres y nos tomamos, sólo mujeres, el juzgado (oficina del juez), y allà reclamamos que nos devolvieran a los maridos porque sin ellos no hay quien trabaje, les decÃamos, y los niños están aguantando hambre . El juez se burlaba y nos decÃa: no dicen que las indias son muy trabajadoras y no necesitan a los maridos,... pero de esa manera presionamos para que largaran a los esposos, de hecho soltaron a casi todos. Fue una iniciativa muy buena, todas con los niños pequeños a las espaldas, de pronto el juez se apiadó de nosotras y por eso los soltaron.
La vida mÃa iba entre recuperaciones, asambleas, llevando actas, hasta que aparece una organización nueva, entre la gente, un movimiento polÃtico y armado (que años mas tarde se reinsertó en el proceso de paz) y con ellos empezamos a estudiar alrededor de las tulpas, estudiábamos temas polÃticos, la plataforma polÃtica del CRIC. En ese entonces la comunidad ya tenÃa tierras comunitarias y estábamos haciendo actividades de fortalecimiento de la organización y también para recoger fondos. Yo a veces estaba en la cocina y haciendo otras cosas propias de la organización también.
Durante este proceso estudiamos por grupos y analizábamos la situación de la comunidad. Como 5 o 6 años anduvimos en esas. En esas mi marido se va con ese grupo para el monte (trabajo armado) y yo me quedo sola trabajando en la comunidad, es cuando viene la propuesta de que me fuera a un trabajo con los obreros de una petrolera, en Orito putumayo, eso fué como en el 77; Y me voy a trabajar con la clase obrera ; esto era algo aparte de la organización indÃgena, habÃa gente de todo el paÃs, me vinculé y ya en Orito, al llegar pensé que podrÃa trabajar también con indÃgenas, pero al llegar me dejaron sola en una casa y mis niños se lo llevaron a Mocoa (la capital del departamento, también un pueblo muy pequeño) a estudiar, mientras tanto mi esposo seguÃa en el monte, lo único que me recomendaba era que estuviera pendiente de que no se fueran a afectar los niños. Si podemos apoyar para nuestros hijos lo hacemos y allà me dejaron con uno solo, el más pequeño, con él debÃa ir a la montaña a hacer formación polÃtica.
En el pueblo estudiaba con un grupo de obreros. TenÃa mucha dificultad porque habÃa muchos hombres solos y me molestaban mucho, y además se habÃan llevado lejos mis hijos y el compañero que orientaba allá empezó a decirme que me olvidara de ellos, que si yo era revolucionaria que no olvidara de los principios marxista, a lo cual se respondÃa que si yo luchaba era para mis hijos y trabajaba por ellos y por comunidad. En ese trabajo habÃa solo otra mujer que era maestra, la compañera de uno de ellos, él me trababa muy bien a mà pero a la esposo nó, ella se quejaba mucho porque la maltrataba.
Yo acostumbrada a la comunidad, allà me empecé a sentir sola, a preocuparme y me regresé porque mis padres estaban enfermos, al mes regresó mi esposo porque habÃa mucho peligro y volvió a la casa y nos metimos de nuevo con la comunidad, organizándonos, recogiendo fondos y el grupo de la comunidad organizada crecÃa. Como esposo habÃa cometido errores en su grupo vinieron y lo sacaron alguna vez. Volvimos al pueblo y allà lo llaman al trabajo nuevamente armado, se fue para el occidente y allà habÃan otros grupos y allà lo asesinan, creo que fue asà porque desapareció, nunca volvió a la casa. Yo en el pueblo me dedicaba a ser trabajos de modisterÃa, yo no tenÃa cabeza para nada, con mis 5 hijos y con preparación, las lecturas de torturas ahà sentà que estaba preparada para lo que me estaba pasando, me toco enfrentar esa situación, mi razón eran mis hijos, yo pensaba que mi razón eran ellos y por ellos tenÃa que levantarme y asà trabajando. Me dio apoyo una señora de Caloto, me daba trabajo en el campo, muy duro, yo no estaba acostumbrada pero me toco, para sacar los hijos adelante (llanto).
Fue como un proceso como una año, sola no volvà a saber nada de los compañeros, no supe nada más,.. como al año me llamaron de mi comunidad para que participara de una reunión y claro como dice el dicho: "al que le gusta le suena" y ahà fue para ver en que ayudaba y regresó y encontré que el grupo armado era bastante fuerte, pero no era gente de la comunidad, era gente que habÃa llegado de la costa pacÃfico de muchas otras partes. Un compañero me ayudó mucho. Mis hermanos decÃan que si uno era de la comunidad valÃa mucho pero en el pueblo no, pero un compañero decÃa que yo en el pueblo podrÃa hacer algo y empiezan a ponerme tareas: trabajar con la gente, formar grupos, orientarlo, como tenÃa experiencia, pero era muy difÃcil pero me vinculé y seguà trabajando.
En el 81 muere mi madre, fue un golpe muy duro ya que ella como médica me apoyaba mucho, luego muere una hermana mÃa, sufrà mucho, y luego desaparece mi marido, y sólo queda un hermano que me ayuda, aunque sea revuelto me daba para la comida de los muchachos, pero resulta que muere en un accidente, un carro lo mata y es otro duro golpe, pero yo seguÃa... yo recuerdo que entre lágrimas seguÃa trabajando y sin deseos de nada y un dÃa me encontré con que habÃan cogido a unos de mis hijos y lo habÃan golpeado en la espalda y esto fue como un golpe tan fuerte que me levantó él animo, no era que porque el papá no existe todo el mundo se va a aprovechar de mis hijos. Fue algo bueno porque me levantó la moral y me animó a volver al trabajar.
Cuando empecé de nuevo al trabajo, vi que era muy difÃcil porque ahà yo vivÃa de jornal y me di cuenta que asà era muy difÃcil el trabajo organizativo porque uno esta amarrado al patrón, pero yo me las arreglé. En ese momento habÃa nombramiento de nuevo cabildo y resulta que no habÃa quién y yo me ofrecà diciendo que yo querÃa trabajar en el cabildo y me nombran capitana del cabildo (88) y trabajé por dos años. Aunque el perÃodo es de un año, a mà me dejaron dos años. Fue una experiencia muy bonita de estar con la gente, de trabajar con ellos, orientarlos, conocer los problemas ayudarlos a resolver, ver de cerca los problemas. La gente me aceptaba, la comunidad no me rechazó por ser mujer lo que sà sentà era que las mujeres me buscaban mucho para poner sus quejas, decÃan que yo las escuchaba. En el 91 cuando la masacre del Nilo, que fue un golpe muy duro, nosotros estuvimos ayudando y trabajamos mucho en las marchas.
En el 92, entra un gobernador que le tocó muy duro, al frente todo lo de la masacre del Nilo, nosotras las mujeres ayudamos mucho, por la experiencia que tenÃa, ya en el 91 me habÃan propuesta que fuera gobernadora, pero no yo acepte porque me daba miedo la responsabilidad que significaba, el compromiso es muy serio. Pero en el 93, la gente me exigió y me toco aceptar ser gobernadora, conocà que era eso, hay otro cambio, porque no estaba acostumbrada a estar frente a una comunidad, allà hay que mandar, hay que dirigir, al comienzo fue una experiencia dura, yo pensaba qué podrÃa hacer yo de gobernadora, y la plana mayor que quedó en el cabildo me colaboraron mucho, yo era la única mujer en medio de 42 cabildos, todos me respetaron. En la comunidad hay algo de los antepasados frente a las mujeres, por ejemplo lo de cacica Gaitana, mujer que lucho por la comunidad; yo creo que cuando una de nosotras se propone y trabaja con la comunidad con honestidad y seriedad hay mucho respeto, uno lo siente y pienso que si uno no da motivos para la crÃtica lo acogen bien. Trabajé un año y en ese entonces empezó el proceso de la ACIN , antes ya empezó todo el cuento de la erradicación de cultivos ilÃcitos y de ahà surge el embrión de la organización zonal, y empezamos a participar en todo eso. De gobernadora era ya con los otros doce gobernadores, algunos eran muy arribistas, otros me apoyaban mucho, pero ahà se va viendo la diferencia, pero no hubo mayor problema, asà trabaje.
En el 94 los doce cabildos se reúnen y proponen que vaya a trabajar al ejecutivo, para remplazar uno que salÃa a hacer polÃtica. En el ejecutivo no hubo rechazo, pero vino polÃticamente la diferencia, ya no era la zona, sino el departamento, las 7 zonas. Es una experiencia muy bonita, llegué a conocer cosas, unas que no era muy buenas, pero trabajaba. Como mujer no se tocaba el tema, yo no me sentà mal, tal vez porque yo no era una niña, ya era una mujer madura, eso era una ventaja.
Las dirigentes mujeres nos diferenciamos de los hombres, en que ellos se resuelven con mayor facilidad, por ejemplo en los viajes, ellos salen a un lado y otro sin problema, y yo ahà si tuve mucho miedo, yo no estaba preparada para eso. Por eso los viajes no, sólo acompañada. En el trabajo con la gente la diferencia es que las mujeres estamos más en la base, cuando yo terminé el ejecutivo, la propuesta era ir a la ONIC, pero no acepté por mi familia. Nosotras estamos pensando en fortalecer las bases, en las necesidades de la gente; deseamos menos el poder, más la gente, la organización de la gente, nosotras de mujeres, no todas, no pensamos en el poder, pensamos en el mejoramiento de la comunidad, la paz y la fortaleza de la familia.
En el trabajo de las mujeres, me encontré en el ejecutivo con la primera mujer que se habÃa elegido el congreso, y se propone que yo la remplazará cuando salió, pero yo no acepte porque en el trabajo zonal uno esta cerca de la zona, en el regional no se puede, se aÃsla uno de la casa y de la comunidad. Luego más tarde en una asamblea de mujeres a la que fui para ver cómo era el trabajo de las mujeres, que no conocÃa mucho, porque habÃa estado