Sin todas las condiciones, ayer retornaron al Atrato 768 desplazados. El alcalde de VigÃa del Fuerte le pidió al Ejército que continúe en la zona.
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Cientos de campesinos retornaron, en medio del temor y de los recuerdos trágicos, a la localidad de Bojayá, Chocó, escenario de la masacre de 119 labriegos, en su mayorÃa afros, que quedaron atrapados en la iglesia del pueblo el pasado 2 de mayo en medio del fuego cruzado entre guerrilleros del las FARC y paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
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A VigÃa retornaron 67 familias (235 personas), de las cuales, 67 se quedaron en el casco urbano y las demás siguieron para San Miguel, San MartÃn, Arenal, Murrà y Paloblanco. Los más ilusionados eran los 200 habitantes de Bojayá que, durante estos meses, se refugiaron en VigÃa del Fuerte, pues sabÃan que en las embarcaciones llegaban muchos de sus familiares y amigos.
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La llegada de las embarcaciones a VigÃa y Bojayá se convirtió en la culminación de una extensa jornada que comenzó a las 7:00 de la mañana del pasado domingo en Quibdó y que implicó un extenso recorrido por decenas de caserÃo ribereños, casi todos abandonados tras los combates de mayo pasado.
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El alcalde de VigÃa del Fuerte, Emiliano Perea Córdoba, exhortó al Ejército para que mantenga a los 400 efectivos del Batallón Manosalva Flórez, de la IV Brigada, que custodian VigÃa del Fuerte y Bojayá desde hace dÃas.
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La gubernamental Red de Solidaridad Social ha destinado 2.000 millones de pesos (unos 770 millones de dólares) para recuperar infraestructura y mejorar los centros de salud de la región. "Las familias están muy contentas de regresar a su municipio y lo único que esperamos es que este proceso de retorno se adelante con tranquilidad, sin ningún tipo de percance, porque el interés del Gobierno es volver a reconstruir el tejido social en esa región", señaló Raquel SofÃa Amaya, funcionaria de la Red.Â
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 La guerra de casi cuatro décadas que desangra a Colombia a un ritmo actual de 3.500 muertos por año, ha arrasado con vidas y comunidades enteras y Bojayá, localidad ubicada a 380 kilómetros al noroeste de Bogotá, es uno de los casos más dramáticos. Mientras el entonces presidente Andrés Pastrana habló de un "genocidio" y las Naciones Unidas de un "crimen de guerra", la guerrilla de las FARC lo calificó de un "daño involuntario".
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