Durante la marcha a Washington por el trabajo y la libertad, el reverendo MartÃn Luther King pronunció un célebre y sentido discurso sobre la reivindicación de los derechos civiles y polÃticos de la población negra en Estados Unidos. Han trascurrido 40 años y sus palabras siguen teniendo vigencia, especialmente en Colombia donde la discriminación y la exclusión social siguen siendo una dramática realidad para los 10 millones de afrocolombianos que también celebran 10 años de expedida la Ley 70. Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy dÃa en esta que será, en la historia, la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro PaÃs.
Hace cien años, un gran Americano, en cuya simbólica sombra estamos hoy parados, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos Negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Vino como un lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años después, el Negro aún no es libre; cien años después, la vida del Negro aún es tristemente lisiada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el Negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el Negro todavÃa languidece en las esquinas de la sociedad Americana y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Entonces hemos venido hoy dÃa aquà a dramatizar una condición vergonzosa. En un sentido hemos venido a la capital de nuestro PaÃs a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magnÃficas palabras de la Constitución y la Declaración de independencia, ellos firmaban un pagaré del cual cada Americano serÃa el heredero. Este pagaré era la promesa que todo hombre, sÃ, el hombre negro y el hombre blanco, tendrÃan garantizados los derechos inalienables de vida, libertad, y búsqueda de la felicidad.
Es obvio hoy dÃa que América ha incumplido este pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, América ha dado a la gente Negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el sello "fondos insuficientes." Pero rehusamos creer que el Banco de Justicia está quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de oportunidad de este PaÃs. Y entonces hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dará sobre manera la riqueza de libertad y la seguridad de justicia.
También hemos venido a este sagrado lugar para recordar a América la urgencia impetuosa de ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación al camino alumbrado de la justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro PaÃs de las arenas movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. SerÃa fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento.
Este verano ardiente por el legÃtimo descontento del Negro, no pasará hasta que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad. 1963 no es el fin, si no el principio. Y los que pensaban que el Negro necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendrán un rudo despertar si el PaÃs regresa al mismo oficio. No habrá ni descanso ni tranquilidad en América hasta que al Negro se le garantice sus derechos de ciudadanÃa. Los remolinos de la rebelión continuarán a sacudir las bases de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso dÃa de la justicia.
Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales están parados en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia fÃsica. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza fÃsica con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia, la cual ha envuelto a la comunidad Negra, no deberÃa llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy dÃa por su presencia aquÃ, han venido a darse cuenta que su destino esta amarrado con nuestro destino. Y ellos han llegado a darse cuenta que su libertad esta inseparablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atrás.
Hay aquellos que están preguntando a los devotos de los Derechos Civiles, ¿cuándo estarán satisfechos? Nunca podremos estar satisfechos mientras que el Negro sea vÃctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que la movilidad básica del Negro es de un barrio pequeño a uno más grande; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros hijos están despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero escrito "Sólo Para Blancos," no podremos estar satisfechos mientras que el Negro de Mississippi no pueda votar y el Negro de New York crea que no tiene nadie por quién votar. No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta "que la justicia corra como el agua y las virtudes como una fuerte quebrada".
Yo no desconozco que algunos de ustedes han venido pasta aquà con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién de unas angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de persecución y derrumbados por los vientos de la brutalidad policÃaca. Ustedes han sido los veteranos de sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; Regresen a Alabama; Regresen a South Carolina; Regresen a Georgia; Regresen a Louisiana; Regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades Norteñas, sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.
Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño Americano, que un dÃa esta nación surgirá y vivirá verdaderamente de su credo, "nosotros mantenemos estos derechos patentes, que todo hombre es creado igual." Yo tengo un sueño que ese dÃa en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e hijos de dueños de esclavos anteriores se podrán sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo un sueño que un dÃa aún el estado de Mississippi, un estado ardiente por e1 calor de justicia, ardiente por el calor de la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un sueño que mis cuatro pequeños hijos algún dÃa vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de sus carácteres.
Hoy yo tengo un sueno! Yo tengo un sueño que un dÃa en Alabama, con sus racistas viciosos, con su Governador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación, un dÃa allà en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas. Hoy yo tengo un sueno! Yo tengo un sueño que algún dÃa cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, "y la gloria de Dios será revelada y todo género humano se verá junto.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonÃa de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararse juntos por la libertad, sabiendo que algún dÃa seremos libres, y este es el dÃa.
Este será el dÃa cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos sentidos "Mi PaÃs es de ti, dulce tierra de libertad a ti yo canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de la montaña, dejemos resonar la libertad." Y si América va a ser una grande nación, ésto tendrá que hacerse realidad.
Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de California. Pero no sólo ésto. Dejen resonar la libertad de la Montaña de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de Mississippi. "De cada lado de montaña dejen resonar la libertad." Y cuando ésto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de cada aldea y cada caserÃo, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el dÃa en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, JudÃos y Cristianos, Protestantes y Católicos, podemos unir nuestras manos y cantar en las palabras del viejo espiritual Negro:Â
"Libre al Fin, Libre al Fin; Gracias Dios Omnipotente, somos libres al fin."

