Marco Aníbal Avirama Avirama
Desde el día de ayer, 25 de noviembre, declarado Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y hasta el 10 de diciembre, Día internacional de los derechos humanos, durante dos semanas, se desarrolla la campaña contra la violencia de género, que propone impulsar acciones concretas para prevenir y poner fin a la violencia contra mujeres y niñas en el mundo.


En esta ocasión queremos insistir en volver la mirada hacia la mujer rural, esa mujer campesina, negra, raizal e indígena que en nuestro país padece diversos tipos de violencia no solo por ser mujer, sino además por ser pobre, pertenecer a algún grupo étnico y residir en regiones donde los actores armados transitan o permanecen.

Los resultados del último censo agrario nos muestran que mientras el país tiene un Índice de Pobreza Multidimensional de cerca del 21%, en zonas rurales apartadas es de 44,7%, incluyendo aspectos como analfabetismo, inasistencia escolar, aseguramiento en salud, acceso al agua, así como materiales de viviendas, entre otros. El 69,3% de la población censada en territorios indígenas se clasificó en condición de pobreza. Esta proporción fue de 53,5% para las comunidades negras, y del 19,3% para la población en territorio raizal.

Indica el censo que en el campo ha aumentado la participación de mujeres como jefes de hogar, al pasar de un 18 % en el 2005 a un 27,8 % en 2014, lo cual podría explicarse por la violencia en las áreas rurales, que lleva a que las mujeres se queden al frente de las familias. Y que cerca de una tercera parte de las personas que se auto-reconocen como indígenas, negras y raizales, son jefes de hogar mujeres.

El mismo censo nos muestra que el 12,6% de las mujeres que tienen 15 años y más, no sabe leer, ni escribir y apenas el 26,8% de ellas, entre 17 y 24 años asistió a la educación. La tasa de analfabetismo de las mujeres pertenecientes a grupos étnicos es mayor que la tasa del total: el 25,8% de las mujeres indígenas mayores de 15 años no saber leer ni escribir, así como el 14,7% de las mujeres negras y palenqueras, y el 6,7% de las raizales.

Las mujeres productoras se caracterizaron por tener mayor proporción de unidades agrícolas de menor tamaño; en la mayoría de los departamentos, en las unidades agrícolas de mujeres productoras tienen mayor participación las de menos de cinco hectáreas comparado con las totales.

Y faltaría señalar los graves y diferentes impactos que la guerra ha tenido en las mujeres del campo, las más afectadas por los distintos actores y factores de violencia. Pensamos entonces que estas mujeres diversas deben ser especialmente consideradas a la hora de actuar en los profundos cambios y transformaciones que se requieren para prevenir y terminar con las distintas violencias que las afectan.

Noviembre 26 de 2015

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