cheeeGuillermo Segovia Mora

Hace 50 años fue asesinado en el pequeño poblado de La higuera, Bolivia, Ernesto Guevara de la Serna, bautizado “El Che” en la Sierra Maestra  cubana y para la posteridad, tras ser capturado en el último combate de la diezmada guerrilla con la que quiso dar inicio a su enseña de “crear uno, dos, tres Vietnam” desde  los Andes.

Nacido en Rosario, Argentina,  médico de profesión, se hizo revolucionario como testigo de la realidad lacerante de los pobres de Bolivia, Colombia, a la que advirtió en las puertas de la infernal violencia de los 50, y Guatemala a la que los yanquis le negaron el derecho de andar derrocando a Jacobo Arbenz. Adhirió en México a la gesta rebelde de Fidel Castro contra el oprobioso régimen de Batista en Cuba,  al comando del Frente de Guerra Oriental con la toma de Santa Clara aseguró el triunfo de la Revolución de 1959 y fue uno de los orientadores del rumbo que tomaría la isla caribeña hacia el socialismo.

Tras ocupar cargos y responsabilidades  relevantes en la dirección de la economía y las relaciones internacionales, los declinó para entregarse a la guerra revolucionaria, primero en una fallida experiencia en el Congo y, luego,  con el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, un destacamento de cubanos, argentinos y bolivianos, conformado por orden de Fidel Castro a instancias suyas, al mando del cual hallaría la muerte.

Su vida y las circunstancias del final  lo convirtieron en una figura mítica de las rebeldías y el contra poder en el mundo, fascinante parábola vital que sigue siendo motivo para las ciencias sociales, el periodismo, la literatura, el cine, el arte y la historia.

De la Sierra Maestra a Ñancahuanzú

En sus viajes por Latinoamérica, el Che joven palpó la miseria, el engaño del reformismo, el vasallaje a la Casa Blanca y el tutelaje del imperio, situaciones que  lo llevaron a la convicción de la necesidad de un cambio por la vía revolucionaria. Embarcó en el yate Granma en México y vivió el fracaso del desembarco pero con el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro, en la Sierra Maestra emergió su ruda alma guerrera y fue artífice de la toma del poder. Presidió los tribunales revolucionarios que juzgaron a los miembros de las fuerzas represivas del régimen batistiano, muchos de los cuales fueron condenados y ajusticiados, polémica actuación que se convirtió en argumento político de los enemigos y detractores suyos y de la revolución.

Teorizó, actuó  y polemizó desde el marxismo. Cuestionó el burocratismo, la ineficiencia y el afán de lucro. Promovió la reforma agraria,  la planificación centralizada, el trabajo voluntario  y los estímulos morales en su ideal de un “hombre nuevo” y trató de enseñar con el ejemplo. Representó a Cuba en los grandes escenarios diplomáticos del mundo, donde impactó su discurso contundente y elocuente. Fue un convencido y radical antimperialista. Denunció los desequilibrios de la economía mundial, reclamó equidad de los países socialistas y logró con ellos acuerdos favorables sin renunciar a cuestionarlos.

La experiencia de la Sierra Maestra y la victoria de  la revolución, en la que fue protagonista como estoico y avezado combatiente, se tradujo en  su teoría del foco guerrillero, con la que planteó que un destacamento de revolucionarios en armas en un contexto de condiciones objetivas favorables, como era la situación de miseria y explotación de buna parte del mundo, podía crear las condiciones subjetivas para el levantamiento popular, concepción que resultó inviable en entornos diferentes al cubano. “Otros pueblos reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”, dijo en carta a Fidel en la que le comunica su decisión, la cual el líder lee con voz compungida en un acto de una organización de masas el 3 de octubre de 1965, en medio de aplausos y nostalgia.

Su vida selló un compromiso voluntarioso tras ser capturado con un balazo en la pierna izquierda en la quebrada del Churo en la región de Ñancahuanzú. Detenido en la escuela del caserío de La Higuera mientras se definía su suerte, ya que los militares querían evitar un escándalo más resonante que el creado por el juicio a Regis Debray, periodista involucrado en la guerrilla del Che,  al final,  por órdenes del general Barrientos, presidente, y el alto mando, el 9 de Octubre de 1967, en presencia de agentes de la CIA contrarios a la decisión, fue baleado por un oficial nativo ebrio al que médicos cubanos le devolvieron la vista 40 años después y a cuya hija, el presidente indígena Evo Morales nombraría como segunda al mando de las Fuerzas Armadas.

La noticia fue confirmada por Fidel Castro al pueblo cubano en una comparecencia televisada el 15 de octubre de 1967. El 18 se realizó una velada solemne en memoria de Guevara en la que Fidel proclamó “Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che!  Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che!  Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! El  Che fue declarado Héroe Nacional, proclamado “Guerrillero Heroico” y se convirtió en estandarte de las luchas populares en el mundo.

El enigma de su cuerpo, sus manos y su diario

Acicalado tras ser asesinado y expuesto en la pileta de una escuelita para corroborar que estaba muerto, las fotografías contribuyeron a darle a la escena un aire místico. Luego los militares subalternos le cortaron las manos y las depositaron en un frasco con formol para identificación e intentaron incinerar el cuerpo de lo cual desistieron tras varios intentos, para finalmente amarrarlo a los soportes de un helicóptero y conducirlo por el aire hasta Vallegrande y enterrarlo en una de las fosas que cavaron para arrojar los cadáveres de los demás guerrilleros abatidos, cerca de la pista del aeropuerto, operación que se ocultó por un pacto secreto al que se puso final 40 años después.

En 1996, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson en la búsqueda de material para su biografía sobre Guevara entrevistó a uno de los militares responsables de la operación en su contra, quien ante una pregunta hecha al final y “por si acaso” le reveló el secreto, tras de lo cual forenses argentinos y un nutrido grupo interdisciplinar conformado por el gobierno cubano trabajaron en forma ardua para finalmente confirmar en julio la identificación de todos los cuerpos, incluido el del Che sin sus manos. Cuba erigió un impactante monumento a la a los caídos en Bolivia en la ciudad de Santa Clara y luego de multitudinarios homenajes en La Habana y Santa Clara los restos de Guevara y sus compañeros fueron depositados en el memorial.

Los pormenores de la experiencia boliviana de la guerrilla, desde las expectativas y el entusiasmo ilusorio del comienzo, su progresiva desintegración, hasta  los tormentosos momentos de la derrota, fueron consignados al detalle por el Che en una libreta y una agenda que describen las vivencias y padecimientos de los rebeldes desde noviembre de 1966 hasta el 7 de octubre de 1967. Los diarios le fueron confiscados con otros objetos al momento de su captura. Fotocopias de algunas páginas fueron entregadas a los periodistas que viajaron a Vallegrande a cubrir la noticia, para corroborar que se trataba de Guevara. El gobierno militar, buscando lucrarse, los declaró bien patrimonial a la espera de la compra de derechos de publicación por una editorial internacional.

Por coincidencias del destino, tanto las manos como el diario de Guevara llegaron a las manos de Antonio Arguedas, un exmilitante comunista que para entonces fungía como ministro del interior y mal escondía su molestia por el fusilamiento del guerrillero. Luego de las pruebas de identificación, Arguedas se quedó con las manos porque el militar responsable, al preguntarle qué hacer con ellas, le dijo, “haga con ellas lo que quiera”. Al ministro también le fue encomendado sacar una copia del diario, lo que aprovechó para hacerse a  una adicional.

Una vez con los objetos en su poder, Arguedas contactó a Víctor Zannier, un viejo camarada, para encargarlo de hacerlos llegar al gobierno cubano. Zannier contactó a Hernán Uribe, miembro del equipo directivo de la revista de izquierda Punto Final, en Santiago. Uribe y sus colegas periodistas planearon la operación “Tía Victoria”: Zannier les entregó clandestinamente el microfilm del escrito camuflado en un disco lp de música andina y Mario Díaz lo llevó a La Habana vía México en otro lp. de música clásica. De esta forma, las cuitas y tragedia de la guerrilla del Che en la selva boliviana fueron impresas con urgencia y entregadas al pueblo en forma masiva en la isla y se regaron como pólvora por el  mundo.

Así el gobierno cubano se adelantó a una posible venta por los militares bolivianos, su falsificación con fines políticos por la CIA, tergiversaciones del gobierno de Estados Unidos y probó que existió comunicación permanente entre Guevara y Castro para desmentir el supuesto abandono de los guerrilleros y el interés de Fidel por deshacerse de quien los comandaba. En 1984, alguno de los  corruptos militares bolivianos en el poder, quizá el aliado del narcotráfico Luis Arce, hurtó el original que apareció ofertado por la casa de subastas Sotheby´s de Londres, conteniendo páginas adicionales a las conocidas hasta entonces y de gran interés. Abogados al servicio de Bolivia evitaron la venta y los recuperaron regresando a los archivos del Banco Central de Bolivia.

Las manos tuvieron también un trasiego novelesco. Zannier le encomendó al militante comunista Juan Coronel Quiroga la misión de llevarlas a Cuba. En julio de 1969 le entregó una bolsa de viaje con el frasco que contenía las manos reblandecidas por el formol verdoso y la mascarilla de reconocimiento hecha al Che. Mientras ingeniaba el plan para trasladarlas, Coronel las tuvo cinco meses debajo de su cama en una pieza en arriendo en La paz. En diciembre las embarcó como equipaje de manos en un periplo que lo llevó por Lima, Guayaquil, Bogotá, Caracas y de allí a Madrid, París y Budapest, Hungría, donde un contacto del Partido Comunista le coordinó una cita con sus camaradas de Moscú para que éstos facilitaran la entrega a Castro.

En la capital rusa se encontró con Zannier quien gestionó su viaje a La Habana pero fue rechazado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, pues el gobierno consideraba a Coronel un traidor por pertenecer al PC boliviano que le había dado la espalda al plan guerrillero de Guevara. Entonces los bolivianos las entregaron a funcionarios de la embajada cubana en Moscú y fueron enviadas el 5 de enero de 1970 a La Habana.

Tras conocerse la publicación del diario del Che el 1 de julio de 1968 en Cuba, Arguedas huyó a Chile, de allí viajo a Inglaterra y  luego a Estados Unidos  donde por las reuniones que sostuvo se verificó el rumor de que también era agente de la CIA. Al regresar en 1969 a Bolivia  fue encarcelado por un tiempo y se declaró marxista. Luego de sufrir un grave  atentado organiza la entrega las manos del Che y  se asila en México. A finales de la década de los 70, vuelve para activarse en el ejercicio político y monta un grupo de investigación contra el narcotráfico, lo que le cuesta un montaje de la policía para vincularlo con actos terroristas y finalmente su muerte en un atentado al estallarle  una bomba que fuentes policiales le atribuyó.

El enigma y la tragedia que envuelve la muerte del Che, el destino de su cadáver, sus manos y su diario se extiende a la muerte violenta de la mayoría de quienes intervinieron en su asesinato. El dictador Barrientos murió al estrellarse el helicóptero en que viajaba, en abril de 1969, el comandante de la ejecución fue baleado en París en noviembre de 1970 por una célula clandestina al tiempo que en Hamburgo, la joven boliviana de origen alemán Mónica Erlt, miembro del ELN del Che en reconstrucción, mató a tiros a Roberto Quintanilla, quien ordenó la amputación de las manos.

En 1973, el coronel que intentó incinerar el cuerpo fue muerto a golpes en La Paz. El General Torres, miembro del alto mando decisor de la muerte de Guevara y luego al frente de un golpe de izquierda de breve duración, fue ultimado en Argentina en el 76 por orden de la dictadura boliviana. Gary Prado, captor del guerrillero quedó paralítico en una acción represiva que dirigía contra pobladores en Santa Cruz de la Sierra.

Una imagen ubicua y sempiterna

“No fue un encuadre, fue una inspiración”, diría Alberto Díaz “Korda”, fotógrafo cubano al servicio del Movimiento  26 de Julio desde los inicios de la guerrilla en la Sierra Maestra,  de la imagen del Che Guevara que con el tiempo se convirtió en icono de la rebeldía universal y es una de las más importantes y la más reproducida de la historia de la fotografía. El 4 de Marzo de 1960, apenas unos meses después del triunfo de la Revolución Cubana, un sabotaje de la CIA hizo estallar en el puerto habanero la embarcación La Coubre que contenía munición de origen belga comprada por el gobierno revolucionario, causando decenas de muertos. Al día siguiente, en segundo plano de la tribuna de la ceremonia fúnebre, en algún momento,  mientras Fidel honraba a los mártires y señalaba a los criminales, discreto se asomó el Che a ver la multitud indignada.

“Korda” obturó su máquina captando un instante que trascendió el siglo en una hermosa fotografía. Al  centro, en medio plano, el Che bravío con su mirada perdida en la multitud. De la boina negra adornada por la estrella de cinco puntas, insignia del grado de Comandante, caía una desordenada melena al viento, resaltada por la chaqueta de cuero cerrada hasta el cuello. Su mirada herida, profunda y viril  reflejaba el dolor del pueblo en la plaza. A la derecha, tras él, una palmera cubana. En el flanco izquierdo, distante, un hombre a quien con los años se identificaría como Jorge Masetti, periodista argentino fundador de Prensa Latina, muerto en un intento de implantación guerrillera en ese país. En otra toma del rollo, en la primera fila de la tarima,  un poco delante del Che, Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre,  filósofos y escritores existencialistas que encontraron en Cuba una esperanza, escuchan la prédica iracunda y acongojada  de Fidel.

En su laboratorio, “Korda” recortó la foto dejando al Che solo lindando con el cielo, acentuó el oscuro de los ojos y la tituló El Guerrillero Heroico. Al comienzo fue utilizada para ilustrar avisos de prensa de convocatorias a eventos y charlas del Comandante. El fotógrafo facilitó algunas copias a amigos y visitantes extranjeros. Tras la especulación sobre  su presencia al mando de un destacamento guerrillero en Bolivia, la revista parisina Paris Match la usó como portada. El editor comunista milanés Giangiacomo Feltrinelli, a quien Korda había regalado un par de impresiones, la reprodujo en un millón de afiches con la frase de despedida de la carta a Fidel, Hasta la victoria siempre, para hacer visible a la guerrilla boliviana, y con ella ilustró el Diario del Che en Bolivia que puso a circular por el mundo un año después de su muerte, luego de la edición oficial en Cuba.

Sobre el mismo retrato, el artista  cubano Frémez hizo la primera versión gráfica en su país, para el afiche de convocatoria al homenaje de  despedida del guerrillero, configurando el rostro con una trama de puntos negros difuminados con intensidad ascendente, acompañado abajo con la leyenda Hasta la victoria siempre y la firma del Che, también en negro, todo en fondo rojo, el color del único papel de que se disponía. Sobre una bandera de Cuba, la imagen agigantada, escogida por Celia Sánchez Manduley, cubrió el edificio del Ministerio del Interior, vecino a la Plaza de la Revolución, en el acto solemne de despedida al Che, el 18 de Octubre de 1967, y luego fue silueteada en acero en el mismo lugar, como recuerdo perenne.

El irlandés Jim Fizpatrick plasmó la silueta negra sobre fondo rojo que sirvió de base a un mosaico de Andy Wharol que  afianzó la universalidad del ícono de un personaje que ya era figura mundial. Fue la contribución del pop-art, en pleno auge entonces  (junto con The Beatles, la píldora anticonceptiva, el movimiento esudiantil y el repudio a la agresión estadounidense a Vietnam), que con la simplicidad de perfiles y superficies de su concepción reduccionista, estereotípica e igualitaria,  facilitó la reproducción de la imagen con aerosoles, screen, siluetas, offset y otros medios fácilmente disponibles, con los que se fijó en volantes, afiches, paredes, camisetas y pendones que caracterizaron e identifican movilizaciones, rebeldías y desde hace años un intenso mercadeo.

Así, la foto se convirtió en el símbolo del movimiento contestatario que sacudía a Occidente a finales de los años 60, una  década de cambios, y en adelante ha inspirado  la creatividad de la plástica cubana y mundial. Con variaciones de todo tipo recorre el mundo con su significado de indignación, indocilidad, reto y clamor de justicia.

La fascinante historia de la foto, sus aplicaciones artísticas  y usos comerciales fue apreciada con el nombre de Narrativa de un relato: el Che de Korda, en el Museo de la Fotografía de los Ángeles, el Victoria y Albert Museum de Londres,  el Centro Internacional de la Fotografía de Nueva York y en la Tiennale Bovisa de Milán y, en 2008, con algunas modificaciones, en  el Palacio de la Virreina de Barcelona, bajo el título ¡Che! Revolución y Mercado, exhibiciones preparadas por  Trisha Ziff, quien junto con Luis López dirigió, a partir de la muestra, el documental  Chevolución, con testimonios de admiradores del Che como Gael García, Antonio Banderas, Garry Adams del IRA, la hija de Korda y Liborio Noval, otro fotógrafo de la Revolución ya fallecido.

Si “Korda” logró el retrato que dio a conocer al Che en el mundo y lo convirtió en ícono de la rebeldía, el fotógrafo boliviano Freddy Alborta, admirador de Guevara, con los 77 registros de su aprisionamiento y muerte, logrados, como lo reconociera, en un ambiente de misticismo y misterio pero negando que tuviera intenciones de darle una dimensión religiosa –la que sin embargo impregnaba el escenario con campesinos en oración penitente y el Che yerto sobre una alberca como arquetipo de la muerte en Occidente-,  logró encuadres que aseguraron su canonización. Según el crítico inglés John Berger, al comparar esas fotos con las pinturas clásicas La lección de anatomía del Doctor Tulp de Rembrant y Cristo en escorzo de Mantegna -a las que debe agregarse  El Cristo muerto de Holbein el joven y  la mítica pasión de Cristo-, la composición tradicional del cuadro empleada por Alborta, inmersa en el imaginario colectivo occidental, enlaza sus registros con esas representaciones de Jesús, dándoles una aureola de misticismo.

Con  las fotos los militares buscaban mostrar la veracidad de la muerte y buen trato,  para lo cual ordenaron limpiar  el cuerpo, despojándolo de andrajos y barro, y acicalar el rostro abriéndole los ojos que después ya no pudieron cerrar. El arte y la magia de la fotografía, con los misterios que rodearon las instantáneas, potenció el mito.  Hoy aún y cada vez mas los lugareños  veneran a San Ernesto de La Higuera, el profeta martirizado. Pero para la acción, sigue hablando la foto de Korda en las marchas estudiantiles latinoamericanas, las acampadas de los indignados europeos, el  Occupy Wall Street, la lucha palestina y las barriadas africanas. En todo lugar donde se rebelan o resisten los de abajo.

Con la CIA y el FBI en los talones

En 1997, con motivo del treinta aniversario del asesinato del Che, la editora Ocean Press puso en circulación en inglés el libro El Che Guevara y el FBI. Documentos de la policía política de los Estados Unidos sobre el revolucionario latinoamericano, de los abogados progresistas estadounidenses Michael Ratner y Michael Steven Smith, editado en español en el 2000 por Siglo XXI de México. Contiene 109 documentos del FBI desclasificados en 1985 por solicitud de los autores amparada en la Ley de Libertad de Información. No acudieron a otras agencias pero varios de los reportes reproducen informes de la CIA, el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado, embajadas estadounidenses y otras dependencias especializadas en espionaje y contrainsurgencia.

En la introducción, los abogados, basados en los archivos, constatan los estereotipos sobre los latinoamericanos incultos y antiestadounidenses por “celos y resentimientos infantiles” y deducen que en muchos casos los reportes están elaborados con información falsa pero plausible para el gobierno o consecuente con los deseos de las agencias o grupos interesados, como los supuestos desacuerdos entre Fidel y El Che por el liderazgo y el alineamiento internacional, las tensiones de Cuba con la URSS y China, el destino de Guevara una vez se ausentó definitivamente -lo veían en todas partes- y las especulaciones sobre su muerte, antes de Bolivia lo “mataron” varias veces-.

Según los registros, el Che fue motivo de seguimiento temprano, desde su paso por Miami al final de su primera excursión latinoamericana (“Diarios de Motocicleta”), en 1952,  el cual cesó en 1968,  meses después de su muerte en Bolivia, encontrándose informes de infiltrados en la guerrilla de la Sierra Maestra y transcripciones de discursos en vivo exclusivas. Si bien los documentos no son explícitos sobre planes para asesinarlo y están muy tachonados, en ellos es evidente que los servicios secretos se empleaban a fondo en neutralizarlo, mientras boinas verdes gringos asesoraban a los ranger bolivianos en contraguerrilla. Se corrobora así lo que ya habían demostrado varios años antes los escritores cubanos Adys Cupull y Froilán González, en el libro La CIA contra el Che, a partir de investigación de campo, entrevistas, incluidos ex-agentes de la central, archivos latinoamericanos y fuentes cubanas.

Una década después del libro Ratner y Smith, el levantamiento de la reserva de los archivos secretos por el Gobierno Clinton y el Congreso permitió a los periodistas Mario Cereghino, argentino, y Vicenzo Vacile, italiano, acceder a una documentación más amplia sobre el asunto, publicada en 2008 por RBA de España, con el nombre de Che Guevara Top Secret. La guerrilla boliviana en los documentos del Departamento de Estado y la CIA. Se trata de documentos de fuentes estadounidenses sobre la situación boliviana correspondientes a los años 1963-64 y 1967-68, algunos ya publicados por Ratner y Smith.

Refrescan hechos tan interesantes como el reporte del supuesto acercamiento del Che Guevara      -que Ratner y Smith deducen inducido por los agentes gringos- a Richard Goodwin,  representante del Presidente  John Kennedy, en una reunión en Montevideo en 1961 en búsqueda de un modus vivendi, que si bien no fructificó podría evidenciar las diferencias entre las vías diplomáticas del ejecutivo y las de hecho de los servicios secretos, o las dos caras de la misma moneda.

Lo contradictorio, aunque no tanto viniendo de la diplomacia detectivesca de los Estados Unidos, es que documentos posteriores involucran al propio Goodwin tratando de influenciar con  falsedades, la información sobre las relaciones cubano-soviéticas para ambientar fracturas desfavorables a la isla caribeña. Las reuniones con el Che, con ocasión de la cumbre de Montevideo, provocaron los golpes de Estado que derrocaron a los presidentes Janio Quadros de Brasil y  Arturo Frondizi de Argentina.

El intento de acercamiento, en apariencia, se repitió en diciembre de 1964, cuando a instancias de la periodista Lisa Howard -quien moriría en extrañas circunstancias- el senador Eugene McCarthy, candidato presidencial demócrata en 1968 contrario a la intervención en Vietnam y entonces cercano a Robert Kennedy, se encontró con el Che en un apartamento en Manhattan para tratar sobre alternativas para superar sus conflictivas relaciones en la perspectiva de una posible presidencia de su amigo, asesinado, como su hermano, un tiempo después. Enterado el Departamento de Estado desautorizó de manera fulminante tales acercamientos. Este hecho fue corroborado por el juez Jim Garrison quien sigue la hipótesis de un complot de la mafia, los anticastristas y la CIA en el asesinato de John Kennedy.

A partir de los archivos, los periodistas muestran  la desconfianza del embajador estadounidense Henderson sobre las alarmas planteadas por el gobierno boliviano acerca de la amenaza de guerrilla en su país y, luego, por la supuesta presencia del Che, que considera exageradas para justificar la petición de ayuda. El escepticismo del diplomático, aducen, se debía a que los servicios secretos lo mantuvieron al margen de la información y sus operaciones, por ser de la cuerda de Kennedy y aconsejar el respeto y no aniquilamiento de los prisioneros.

Tras deslizar un par de frases comprometedoras contra la URSS en la muerte del Che; basados en lo sostenido varias veces, años después, por el agente de la CIA Félix Rodríguez, quien intentó interrogar a Guevara -quien lo llamó  “gusano” por su origen cubano- y fue testigo de su asesinato, afirman que la orden de ejecución no provino de la agencia sino del alto mando boliviano asustado con las repercusiones internacionales de un juicio al guerrillero. Supuestamente, los agentes estadounidenses querían trasladarlo vivo a Panamá. De ser cierto, el temor y ciego anticomunismo de los militares bolivianos privó a los EE.UU. de la posibilidad de intentar utilizarlo para vapulear a Cuba y contribuyó a convertir al Che en un mito.

El sortilegio de la rebeldía

Personajes mundiales famosos de actividades, personalidades y creencias disímiles han contribuido con el tributo al Che por identificarse con su mensaje de justicia e irreverencia. El futbolista Diego Maradona lo lleva tatuado en el hombro y es pública la admiración del francés Tierry Henry y de Sergio el “Kun” Agüero;  el boxeador Myke Tison se lo estampó en el abdomen. El líder del movimiento gay en Chile lo reivindica. El rockero Carlos Santana, asistió a la entrega del Oscar en 2005 con una camiseta con su imagen, Jhony Deep lo lleva en una cadena en su cuello. Rubén Blades  cantó su hazaña en el tema Juan González “de la sierra sale un grito: no ha muerto en vano compadre”.  Andrés Calamaro, Maná, Manu Chao, Vicentico y los Fabulosos Cadillacs (“El gallo rojo”), Charly García, Rage Against The Machine (Rabia contra la máquina), La Bambarabanda, Komplot y Madonna, se suman a cientos de bandas y cantantes de todo género que le han dedicado composiciones y han incorporado su imagen a sus cuerpos, sus conciertos y producciones.

Se le han prodigado homenajes musicales y poéticos en todo el mundo como el emblemático y sentido “Hasta siempre comandante” de Carlos Puebla (con más de 200 versiones) y el poema “Che comandante” de Nicolás Guillén”, pasando por Silvio Rodríguez (“Fusíl contra fusil”), Pablo Milanés (“Si el poeta eres tú”), Víctor Jara, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Nathalia Caradone, María Farantouri,  Frank Fernández, aclamado pianista cubano que musicalizó filmes en su honor,  hasta la hermosa cantata Diario del Regreso con poemas de Hamlet Lima Quintana, musicalizada por Oscar Cardozo Ocampo e interpretada por Jairo, argentinos, con la orquestación de músicos argentinos y la Sinfónica villaclareña, estrenada el 14 de junio de 2000 en  el mausoleo al Che en Santa Clara, frente a la Plaza de la Revolución, atiborrada de gente emocionada y nostálgica, como homenaje a los 72 años de su nacimiento.

Se agregan el trabajo discográfico “Tu querida presencia” grabado en homenaje a los 40 años de su muerte por los mas importantes músicos cantantes y poetas de Cuba. Años después el español Alberto Iglesias compuso la banda musical de las películas Guerrilla y El argentino, sobre la vida pasión y muerte de Guevara,  el argentino Gustavo Santaolalla ingenió la  banda de Diarios de Motocicleta, que incluye la bella canción Al otro lado del río compuesta y cantada por Jorge Drexler. El 50 aniversario de su muerte se conmemora con la elegía “Catorce verbos  de junio para Guevara” video canción de la autoría del trovador cubano Karel García. Realizado por Ernesto Llerena fue interpretado por miembros de las tres generaciones de la Nueva Trova, Aurora Feliú, Vicente Feliú, Pepe Ordás y Karel García, entre amigos.

El Che ya es parte del imaginario libertario  y personaje de la historia como lo reconoció la Unesco al catalogar su obra en el proyecto “Memoria del mundo”. La estatua que lo recordaba fue decapitada con dinamita  en Santiago de Chile tras el golpe de 1973 pero al regresar su cuerpo a Cuba, un majestuoso memorial lo esperaba en Santa Clara en 1997, al cumplirse 30 años de su asesinato, y dos gigantescas estatuas se descubrían en Rosario, su ciudad natal y en El Alto, Bolivia, en el cuarenta aniversario.  Un equipo de tercera división en Brasil, Atlético Madureira, lleva su imagen en el uniforme y en su patria, Argentina, el Club Deportivo Che Guevara le hacen honor en el fútbol. Un busto, una tienda, su rostro en las paredes de las casas y la escuela donde lo asesinaron, convertida en museo, lo recuerdan en La Higuera y un mausoleo en el lugar de su  primer entierro en Vallegrande. Su estela habita en Cuba y en el corazón de los cubanos.

Los años recientes han sido prolijos en nuevas biografías y publicación de documentos relacionados con el Che. Además de la extensa bibliografía sobre los Episodios de Bolivia compuesta por obras de muchos de los protagonistas. El prestigioso periodista Jon Lee Anderson, tras una investigación de una década presentó un denso y documentado volumen, el novelista mexicano Paco Ignacio Taibo II un apasionado y vibrante recorrido por su parábola vital, Jorge Castañeda, en la Vida en rojo, impone la conclusión, acorde con sus posiciones políticas, de que la suerte del Che estuvo en manos de Fidel y de Moscú a lo que se acerca Pierre Kalfon en otra abultada reseña, el argentino Paco O´Donell lo reivindica desde la polifonía, el compromiso y la admiración al igual que su compatriota José “Coco” López. 

Walter Salles, con el protagónico de Gael García, llevó al cine los  diarios del primer viaje del joven Guevara por Latinoamérica, Steven Sodeberg, con Benicio del Toro como El Che, produjo los largometrajes El Argentino y Guerrilla sobre su vida; el documental homenaje El Hombre Nuevo de Bauer Tristán, con imágenes y documentos inéditos facilitados por la familia y el gobierno cubano así como involuntariamente por las reticentes autoridades bolivianas, al momento de la grabación, fue premiado en Canadá en 2009 y Un hombre de este mundo de Marcelo Schapces,  mediante testimonios evidencia la calidad humana y el compromiso humanista de Guevara.

El sociólogo Juan José Sebreli, conocido por su crítico ensayo Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, en un  viraje ideológico total, en el libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, dedica un capítulo al Che con exhibición de erudición y cultura para intentar hacer incuestionables sus asertos. En su nueva óptica, el revolucionario no fue más que un joven amargado y vengativo por ausencia de familia, un aventurero mesiánico fugado de la literatura, un ególatra y narcisista, un ser mediocre, un farsante intelectual que vivió y murió para hacer de su muerte un mito y llevó a muchos a morir por egoísmo.

El ensayista mexicano Enrique Krause en su libro Redentores dedica un capítulo al Che, una semblanza de un hombre voluntarioso, idealista y violento. La novela Método práctico de guerrilla, del joven autor brasileño Marcelo Ferroni, según la presentación de contratapa “utiliza las armas de la ficción para recuperar y traicionar biografías, diarios y declaraciones”, inventando un guerrillero brasileño y explotando morbosamente los momentos dramáticos vividos por la guerrilla, en la nueva tendencia de la industria editorial de alterar escandalosamente hechos históricos como atractivo de venta.

Aprovechando el 50 aniversario de la muerte del revolucionario, el olfato mercantil del fabulador español J.J. Benítez se lanza al ruedo con “Tengo a papá”  Las últimas horas del Che un líbelo tergiversador que pretende dar respaldo a través de diarios falsos a las teorías del complot de Fidel y la URSS para acabar con Guevara y mostrarlo como un demente. Pero la falsedad de los testimonios y el uso distorsionado y descontextualizado o amañado de los hechos evidencia mala fe.

El Che en el presente

En una de las ferias de innovaciones tecnológicas más importantes del mundo, Las Vegas, Nevada, Enero de 2012, Mercedes Benz, la fábrica de autos para los multimillonarios, presenta un nuevo modelo. Los creativos publicitarios despliegan al fondo del escenario la más famosa imagen del Che Guevara remplazando en la boina la estrella de cinco puntas por  el símbolo de la marca y el letrero ¡Viva la Revolución! El presentador justifica el contrasentido con el argumento de que el auto invita a compartir y si eso es revolucionario, “bienvenida la revolución”, con tal de vender.

Desde luego que la reacción de la comunidad cubano-estadounidense anticastrista no se hizo esperar y ante el temor de perder clientes, la agencia de publicidad y la fábrica se disculparon con cualquier tontería, de las que se acepta siempre y cuando incluya desaprobación al gobierno de Cuba. Lo que no se entiende es cómo estos genios pretenden cautivar a unos consumistas alienados artífices y súbditos del capitalismo salvaje, con la presencia y las ideas de quien dio su vida combatiendo  ese modelo de explotación por responsable del hambre que avergüenza a la humanidad, a menos que en el fondo consientan en la verdad de su mensaje.

Evo Morales, indígena aymará, Presidente de Bolivia, gestor de los cambios más importantes de la historia de ese país en la afirmación de derechos para las minorías nativas, llega a La Habana a comienzos de Octubre de 2012 en visita de Estado. En la parte izquierda de su tradicional saco, adornado con tejidos de motivos precolombinos, luce un adhesivo con la imagen del Che. La hija de uno de los militares bolivianos que  combatieron contra Guevara ha dicho que hay que apoyar a Evo porque lucha por lo que murió el argentino.

Casi al tiempo, una congresista de La Florida, EE.UU, irrumpe iracunda en los medios de comunicación para denunciar el despropósito de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA), que, para celebrar el Mes de la Hispanidad,  envió un correo electrónico ilustrado con una imagen, probablemente tomada en Cuba, en la que tras una carreta tirada por un caballo,  asoma  un mural en la pared con la efigie de Ernesto Che Guevara y la frase “Hasta la victoria siempre”. Los funcionarios de la entidad se apresuraron  a ofrecer disculpas por el “descuido” de algún subalterno que, seguro, sabía lo que hacía.

En Colombia, la guerrilla más vieja del continente, tácticamente distante pero ideológicamente identificada con el Che,  asume el reto de negociar una salida política al conflicto armado que por medio siglo ha desangrado al país, con la demanda de tierra  y justicia  para los pobres del campo que abanderó Guevara, como condición de la renuncia a la vía armada. Entre tanto el ELN, mas afín al pensamiento guevarista asume el escenario de la negociación política para desmovilizarse. Se cierra así el ciclo abierto por la Primera y Segunda Declaración de La Habana de apoyo a la insurrección armada en el continente y la decisión del Che de volver a la lucha guerrillera en los montes de Bolivia, donde encontró la muerte. Al cumplirse 50 años del asesinato del Che, Fidel, su compañero de luchas y proyectos, ya no está. Ahora de los dos lo que diga la historia.

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