Por Ricardo Villa Sánchez - @rvillasanchez

"La Paz será un nuevo trato social: el pacto de romper con la inequidad económica, la desigualdad social y la exclusión política". Clara López Obregón.


Recuerdo cuando niños, que entre todos los amigos del barrio pintamos una gran paloma blanca en la Calle en Santa Marta. Había esperanza en que el resultado del proceso de Paz durante el Gobierno de Belisario Betancur, fuera una solución política negociada al conflicto armado con la insurgencia. Duró la paloma varios años desgastándose con el paso de los vehículos y la salinidad del ambiente; crecimos, nos mudamos, dejamos de vernos entre amigos, proyectamos nuestra vida, estudiamos, nos casamos, tuvimos hijos y hasta ahora no se ha terminado la guerra. De los 52 años de confrontación armada con las Farc, con sus atrocidades, desencantos, violencias y daños, han sido 32 años de voluntad de acercamientos y de suma de esfuerzos por el diálogo y para llegar a acuerdos: de La Uribe a Caracas, a Tlaxcala, al Caguán y ahora en La Habana.

Nunca  se había estado tan cerca del fin del conflicto armado pero en el camino, durante las guerras de la Paz, todos hemos perdido en el dolor, las venganzas, la justicia a mano propia, la deshumanización, la indiferencia e insensibilidad. Somos conscientes de que la firma de los acuerdos no llevará a una Paz automática, pero si será el paso firme a la construcción colectiva de la Paz y la reconciliación.

Lo más claro que el agua es que con la firma de los acuerdos y su inminente refrendación ciudadana a través del plebiscito por la Paz, se minimizará el dolor. Entre todos decidiremos  cerrar la fábrica de víctimas. El conflicto armado ha dejado cerca de 8 millones de víctimas, más de 6 millones de desplazados y el total de hechos victimizantes, supera los 9,5 millones, según la Unidad de Víctimas.

En la primera década de este siglo, el 83% de los municipios del país se vio afectado por el conflicto armado; sin embargo, con el desescalamiento del conflicto a partir del cese unilateral al fuego y la tregua bilateral y de hostilidades, ha habido un ahorro de 1.500 vidas, según la CERAC. Esto no tiene precio.

De acuerdo con lo anterior, en un país en Paz, la inversión social se fortalece. Se estima que el crecimiento económico de los países en conflicto es 2,2 veces menor que el de los países sin conflicto. (Paul Collier, Oxford). En ese sentido, la firma de los acuerdos de paz hará crecer la economía entre un 1% y 1.5% adicional por año (Ibáñez, Mejía) Es decir, para nuestro país el negocio más rentable es la paz. El fin de la Paz es generar riquezas. La guerra es un gasto, la Paz es inversión. Por esto y por muchas razones más, la posibilidad de la Paz no puede ser motivo de disputa y sí  será la vía a un mejor país, más justo y más humano para todos.

Como sociedad, nos encontramos en un momento histórico ciudadano único de decidir si seguimos en la permanente confrontación o pasamos a un clima de deliberación democrática. Con el plebiscito por la Paz, el balón está en la cancha de la ciudadanía. Podemos hacerle un gol a la guerra. No será una época de cambios, sino un cambio de época. El mensaje contundente de este proceso es que el diálogo es la vía a la resolución de los conflictos y para llegar a acuerdos colectivos. Es necesario superar la violencia como medio, para convertir a la vida en un medio y en un fin compartido; en nuestro bien supremo e interés estratégico. Para la guerra nada, para la Paz todo. Como diría Gabriel García Márquez cuando recibió el Premio Nobel: Nuestra respuesta es la vida. El Sí a la Paz es el Sí a la vida y el sí a la vida es un imperativo ético. Esa es la base del nuevo pacto social que llevará a la otra Colombia posible, en Paz.


Bogotá, D. C. 20 de agosto de 2016.

Fuente: https://ciudadcaotica.blogspot.com.co/2016/08/el-si-la-paz-es-el-si-la-vida_20.html

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