Por Daniel Mera Villamizar (*)


Actualidad Étnica, Bogotá, 06/07/2007. Imaginemos que el sueño afrocolombiano es vencer la desigualdad socioracial mediante la igualdad socioeconómica: una sociedad nacional con dos tercios de clase media y un 10 % de adinerados, donde los negros tengamos la misma estructura social, aportemos líderes cosmopolitas a las instituciones según nuestro peso demográfico y seamos fuente dinámica de la diversidad de la cultura colombiana. ¿Cómo avanzar significativamente en 2 generaciones? Digamos hacia 2051, para celebrar 200 años de la abolición de la esclavitud.

 

Lo primero, ya se sabe, es tener un sueño, inseparable y afluente del sueño colombiano. Pero, ¿existe? Sí y no, porque la falta de consenso sobre los medios se ha extendido a la visión de largo plazo. Es una inusual petición a la dirigencia nacional: ¡por favor, necesitamos un sueño colombiano!

 

Lo segundo es seguir las reglas del juego, algunas no escritas, siempre del lado que es fiel al sueño frente a la dura realidad. El sueño de Colombia es liberal, es decir, cree en el mérito del individuo, sin distinciones. No obtendremos el progreso ni el respeto basados en la aspiración de cuotas antiliberales. No en Colombia. El acuerdo cultural de la población negra se ve en que históricamente su postura ha sido más "que no nos quiten... ni nos regalen nada por el color de la piel". Un reclamo de 'sin distinciones', que confía en la capacidad propia y el mérito.

 

Lo tercero es vincular a los aventajados, la clase media negra, a la causa de la gran mayoría negra desfavorecida, con el compromiso de buscar nivelación de los más pobres para competir y no beneficios para sí mismos: más y mejor educación y cero puestos sin concurso abierto en la administración pública.

 

Ocurre que la mayoría de profesionales negros que asciende socialmente no encuentra maneras compatibles con su proyecto y sus valores para ejercer cierta solidaridad de raza, en términos de responsabilidad social, no de militancia étnica. Resolver esta cuestión les permitirá a los que no pueden mucho contar con el compromiso de los que sí pueden influir a nivel macro. El movimiento afro necesita compañía en la causa.

 

Lo cuarto es promover una cultura dirigente entre el liderazgo afrocolombiano, que le permita dialogar con el país y encontrar soluciones aceptables y viables en asuntos complejos como las políticas afirmativas en educación, salud, crédito. Igualar los indicadores sociales de la población negra con los del país pasa por focalizar geográficamente la acción del Estado, lo que evita bastante discriminar a nivel local a los pobres que no son negros. Pero, en todo caso, se requiere equilibrio para hacer discriminación positiva dentro de la visión liberal que domina nuestra cultura política.

 

Lo quinto es recrear una identidad negra que sea depositaria, intérprete y productora de una parte de la historia, la cultura y el sueño nacional, que conviva feliz con las múltiples identidades (no étnicas) del individuo, y que esté libre del esencialismo de creer que ser negro determina toda la cultura de la persona.

 

Nina de Friedmann escribió que "el comportamiento de los negros ha sido un proceso de estrategias de huida y enfrentamiento". Lo que sigue es una estrategia de "identidad e integración", más centrada en la patria colombiana que en la diáspora africana (...)

Por Daniel Mera Villamizar


* Miembro de la Junta Directiva de la Fundación Color de Colombia, 30 de junio 2007

 

Tomado de Lecturas Fin de Semana/El Tiempo

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