Entrevista realizada por Centro Afro CAEDI

Hemos tenido el agrado de conocer y dialogar en estos días con Francia Elena Márquez Mina, a quien recientemente le fue entregado el reconocimiento como defensora del año. Ya son frecuentes sus entrevistas y videos en internet, es algo positivo, necesitamos de hombres y mujeres con esa valentía y dedicación, con ese corazón dedicado a la causa de nuestros pueblos. Pero, quién es Francia, cuáles son sus orígenes y su caminar por este mundo. A continuación se la presentamos.

Francia Elena Márquez Mina tiene muchos hermanos, mi  familia es muy numerosa –dice- al recordar la gran olla  que ponían al fuego y de la cual comían todos juntos. Su  niñez la pasó muy cerca de sus abuelos. Creció en Yolombó, donde hizo su primaria, luego pasó a Suárez y estudió en el colegio agrícola. De allí se retiró a los 16 cuando quedó embarazada. Fue entonces cuando se puso  a trabajar en la mina. Francia recuerda muy bien que hasta el último día de gestación fue a la mina a ganarse su sustento, pesando en no pasar muchas penalidades en los días de dieta.  

Su hijo nació de madrugada. Su mamá que es partera, fue la encargada de recibirlo en este mundo. A sus hijos los crió también con la ayuda de su mamá porque los padres no asumieron su responsabilidad.  Sus hermanos han sido papá y mamá para sus hijos, sobre todo cuando ella ha tenido que ausentarse. A Francia le gustaban mucho las artes, cantar, danzar y hacer teatro callejero, en varias ocasiones participó en el Petronio Álvarez.

Ella tiene bien claro que en sus apellidos está resumida su historia. El “Márquez” tiene que ver con los esclavistas que maltrataron inmisericordemente a su pueblo. El “Mina” hace parte de su descendencia africana de la cual se siente muy orgullosa, eso se percibe en la pasión con que habla de sus orígenes negros. Francia, recuerda sus otros apellidos como el Charrupí y el Mandinga, que ya no los heredó.

Francia conoce los nombres de sus bisabuelos pero de ahí para atrás, no. Ella sabe que el lugar donde habitan actualmente, fue un asentamiento de gente negra  que fue traída en condición de esclavitud. Y en esto ella es insistente, pues afirma que ellos no fueron “esclavos”, sino “esclavizados”,  porque esto sería aceptar una “condición natural” y en verdad tiene mucha razón, de esta forma se enfatiza en la acción cruel y violenta de quienes les impusieron ese yugo y violencia. 

Después de hacer un técnico agropecuario en el SENA, vio que era necesario terminar su bachillerato, lo hizo en Puerto Tejada, donde luego ingresó a la universidad. Francia al ver las dificultades de su población en el incumplimiento a sus reclamos decidió estudiar derecho; aunque si por gustos fuera hubiera estudiado antropología porque quería conocer más de África, de cuáles eran sus orígenes, cuáles eran las prácticas culturales antes de que sus ancestros fueran traídos en condición de esclavitud. Francia nos cuenta que fue de gran ayuda conocer el Proceso de Comunidades Negras – PCN. Ellos acompañaban a las comunidades afrodescendientes en las denuncias por los daños causados por la desviación del río Ovejas, la cual no se ha logrado gracias a la resistencia de la comunidad. Para ella, Carlos Rosero, es uno de sus referentes, un hombre muy humilde quien influyó en su auto reconocimiento como mujer negra. Fue entonces cuando empezó a darse cuenta de la importancia del acompañar los procesos de la gente.

De su infancia, recuerda Francia lo difícil que fue. La esclavitud ha dejado huellas profundas en su comunidad. Esto se refleja en ideas como: los negros no son aceptados por la sociedad o que se deben conseguir un hombre blanco para mejorar la raza. Esas palabras las oía dentro de su familia y al interior de las comunidades. Otras expresiones comunes eran: “que si se es más clarito se tendrá mayor aceptación, y que si uno es más negro no será muy aceptado, o sea ese tan negro y la otra más clarita”. Para ella todo eso es fruto de los Karimbas mentales de  los que habla Manuel Zapata Olivella.  

Francia reconoce que ahora la ley 70 ha permitido la generación de nuevos procesos en los cuales gente negra se reconozca como lo que es y no se sientan avergonzados. Ella enfatiza con su voz la pregunta, “¿es qué quién quiere ser hijo de un esclavo? Si el esclavo era quien no tenía derechos.  ¿Quién quiere ser hijo de una cosa? Si todo mundo quiere ser hijo de quien tiene derechos y es persona y no de una cosa. Entonces, en ese tiempo se  nos decía que éramos esclavos y no esclavizados, que éramos una cosa, ¿entonces quien quiere ser esa cosa? Y nos mostraban los peor de África, entonces África es desnutrida, los niños llenos de moscas, los niños muriéndose, y con el lenguaje típico que define a África como desgraciada. Seguramente los negros habían hecho una cosa mala y por eso fue que los castigaron”. Esa era la información oficial que se repartía por doquier.

Para el común de los colombianos la historia de la esclavización de los negros y los indios en Colombia es cuestión del pasado. Pero para las comunidades afro e indígenas el genocidio aún está presente. En realidad no han pasado ni tres generaciones desde que se abolió “seudo-oficialmente” esta institución de muerte; por ello Francia sabe muy bien que en el ambiente normal quedan muchos elementos racistas y discriminatorios.

Nos cuenta Francia que en la mina Genima, se hizo primero la minería de los esclavistas. Fue una de las más grandes de la zona y surtía a Popayán, la cual pasó a mano de los jesuitas y luego a mano de la comunidad. Pero ella nos dice: “decir paso a…” en realidad se debió a un proceso de lucha para conseguir la tierra. Todo lo que nos cuenta es porque se lo han trasmitido vía oral, y luego lo ha corroborado con investigaciones en los archivos del Cauca. De hecho la universidad del Cauca hizo un libro con la comunidad de la Toma, en el que se demostró que allí hubo presencia de gente negra desde 1635. De esa época datan los relatos en los archivos históricos en los que dicen que tenían cuadrillas de esclavos. O sea, hay una verificación documental desde cuando ellos habitan estas tierras. Más allá de esta comprobación histórica, Francia sabe que hay un gran silencio, muchos silencios sobre aquellos años; ahora ha llegado el tiempo de reconstruirlos.

Francia se resiste a creer en las religiones; sobre todo en la religión católica, porque fue ella quien esclavizó a su pueblo, aun así, tiene una especial sensibilidad por la espiritualidad. Nos cuenta que así como las generaciones pasadas fueron obligadas a perder su lengua y aprender el español, así mismo les obligaron a hacerse cristianos. Hoy quienes más defienden la iglesia y la cruz son las mismas comunidades nuestras, porque los obligaron y eso se volvió una costumbre que pasó de generación en generación. Ella afirma que en esto se nota  un sincretismo, porque a pesar de que la gente es tan religiosa, se ve presente lo afro en expresiones religiosas, como son los actos fúnebres. De hecho los ritos funerarios negros son muy distintos a lo que hace el resto de la comunidad.

Ella se sorprende que en lugares como Haití, Cuba y Brasil las expresiones afro sean más fuertes, claras y visibles que aquí en Colombia. A ella le gustaría saber por qué en Colombia estas expresiones no son tan evidentes, lógicamente eso tiene que ver con la forma y manera violenta como se impuso la religión. Aurora Vergara llevó a cabo una investigación en el norte del Cauca en la que se comprobó que muchas mujeres negras acusadas de brujería fueron quemadas vivas, lo anterior hizo que en las mismas comunidades, como medida de protección se generara un alejamiento de sus propias tradiciones. Francia reconoce que hay muchos religiosos buenos dentro de la Iglesia Católica, que llevan un trabajo comprometido con la lucha social y la defensa de los derechos; pero en el lleno de la iglesia no ve una línea como tal. Eso sí claro, se muestra sorprendida de la postura del Papa en especial cuando proclama la defensa del ambiente, y  se alegra de saber que en el mundo hay buenas excepciones.

Fue Entonces cuando Francia empezó a conocer más sobre  las comunidades negras, y a conocer personas que se sentían orgullosas de ser negras y que proclamaban con fuerza su identidad. Fue entonces cuando se empezó a enamorar de lo que realmente ella era. Antes Francia soñaba casarse con un hombre blanco que tuviera los ojos verdes, porque ella no quería tener un hombre negro que fuera sinónimo de sufrimiento para sus hijos. Ella quería que sus hijos  no sufrieran cuando los peinaran y que ellos vivieran más bonitos y más aceptados en la sociedad. Esa era la supuesta belleza que les vendían; pero hoy gracias a Dios hay muchas organizaciones afro y gente que promueve la cultura negra. Es así como Francia se ha ido auto reconociendo como mujer negra, se sienta orgullosa de ser descendiente de hombres y mujeres de ascendencia africana, de hacerse sus trenzas. Ella irradia la alegría de caracteriza a su gente y también el amor que la gente negra le pone a todas las cosas que hacen; es felizmente negra, de eso no se avergüenza para nada.

Cuando Francia empezó a oír realmente de la historia, se dio cuenta que los negros no eran eso que siempre le habían dicho, que si los negros utilizaban su mañas para no trabajar, era porque sencillamente no querían sacrificarse para conseguirle ganancias a los ricos. Esa nueva manera de ver las cosas ya es otra visión muy diferente, la Iglesia por ejemplo les impuso la religión, no porque la gente fuera sumisa, sino porque la Iglesia les hizo agachar la cabeza para que obedecieran al amo, pues en últimas esa era la única manera de salvarse. Al Francia darse cuenta de todas estas diferencias fue reafirmando más su identidad, depurando y volviendo más firme su criterio, ella se ha quitado esas mentiras y cadenas, los karimbas mentales que les habían colocado.

Francia reconoce que en este camino  van a su lado muchas personas, no está de acuerdo con las idolatrías ni en poner a x  o y persona como salvadora de los demás. Es consciente de que una sola persona no hará nada si no hay una comunidad y un mundo al lado apostándole a la construcción de un mejor mañana. De hecho Francia se siente un poco avergonzada y hasta no merecedora del premio recibido, pues considera que hay mucha gente que hace los mismo y hasta mucho más y mejor que ella. Aun así este premio también es un reconocimiento para todas las personas que están acompañando estos procesos.

En cuanto a los movimientos afro, Francia cree que hay muchas visiones y formas de pensar el camino, de igual manera lo hubo en el proceso de esclavitud.  Hubo negros que esclavizaron a sus hermanos negros, hubo negros que los vendieron a sus hermanos. Hubo negros que le “lamboniaron” al amo y recibieron el título de capataz, y luego lastimaban a sus hermanos negros a punta de látigo. Pero también hubieron negros que lucharon por liberar a su pueblo y gracias a ellos existen actualmente las comunidades negras.

Francia afirma que en la actualidad hay ciertos rasgos de esas categorías, pues de alguna manera todavía hay gente que cree  que va llegar a la libertad si se alía con el esclavista, hay gente que cree que va a llegar a libertad si se alía con el gobierno, hay gente que cree que va a llegar a la libertad si resuelve el día a día. También hay quienes piensan que siendo más radicales lo conseguirán, y se muestran indiferentes.  Se podría decir que todas esas visiones son válidas. El tener orígenes africanos no significa que tengan las mismas tradiciones, las mismas creencias. Francia cree que lo importante es que la gente negra en este país logre articularse y construir su camino en medio de las dificultades. Pero no construyendo a partir del sufrimiento de los demás, ni haciéndole la vida imposible a las otras personas, solo porque ella va echando pa’ lante… entonces ahí sí aparece el que le pone la zancadilla para que caiga.

Francia mira positivamente los avances que se están dando en cuanto al auto reconocimiento, pues antes había una negación del yo, del ser. Ella ve que hoy la gente se auto reconoce en este país, orgullosamente como negros a pesar de las dificultades, y ve qué es el momento para emprender caminos juntos, haciendo comunidad para fortalecer los procesos.

Para Francia es claro que cada vez más personas van entendiendo mejor este proceso histórico, que son solidarias. Para nadie es un secreto que el racismo es un fruto de la colonización y de la esclavitud, y esto hace que hoy en Colombia exista el racismo estructural. Si el estado mismo no reconoce los derechos de la gente negra, eso responde a que el estado te sigue viendo con su lente como “esclavo”, o sea como quien no tiene condiciones ni derechos, y por tanto es una idea loca reconocérselos. Por otra parte –dice Francia- si el estado nos catalogara como como esclavizados, tendría que reconocer su responsabilidad histórica, pues fue el estado quien adoptó de la colonia, y sigue aplicando un, racismo estructural. Para Francia lo anterior es un elemento fundamental en la compresión de la historia porque entonces ahí cabe la pregunta, ¿quién fue el que nos esclavizó?, eso lo entiende muy bien en lo que dice Walter Mignolo, cuando afirma que: la modernidad no se baja de encima de la colonialidad.

En cuanto a la celebración del Decenio Internacional Afrodescendiente, Francia espera que no sea un show mediático, donde solo se hagan reuniones y eventos, donde asistan los líderes y lideresas con coloridos trajes, desfilando. Ella espera que realmente se dé un proceso en que la gente negra de Colombia obtenga las garantías frente a la protección de su territorio, que se les garantizara hoy mismo la consulta previa. También espera que se les reconozcan sus planes de gobierno propio de buen vivir, donde puedan ejercer gobiernos propios en sus territorios para que reafirmen su identidad. También es importante un óptimo acceso a una educación que les permita reafirmar lo que son como pueblo. Pero sin duda todo lo anterior no está pasando, y no lo está, porque no es del interés de la agenda del estado y de ciertos sectores de la comunidad internacional que obedecen al show. Aun así hay que seguir trabajando.

Francia ha visto grandes cambios en su vida, de hecho ella ve que su vida personal se volvió comunitaria. Ella antes era feliz cantando, bailando. A pesar de todo ella siente que estar trabajando por el bien de su comunidad, le llena y le da paz. A raíz de las amenazas que ha recibido, su familia le pide que no se arriesgue más, le dicen: “mire que a usted la matan y los dos primeros días la gente dice que pesar pero después la olvidan, igual que pasó con Genaro, todos muy conmovidos los primeros días pero luego todo seguirá normal…” Bueno, dice Francia, pero también a veces me digo, si uno no hace lo que hay que hacer, ¿entonces quién lo hará?

Para Francia está claro que todos los reconocimientos en cuestión de derechos,  de territorios colectivos, de derechos ancestrales, no han sido regalos. Para que eso se haya logrado muchas personas arriesgaron su vida, y gracias a ellos las nuevas generaciones puedan decir con orgullo que tienen una identidad negra. Ella no pretende mostrarse como una futura mártir, pero ocurre que esas situaciones hacen parte de los proceso de liberación. Al final como ella dice: “Dios es el que sabe hasta cuánto va uno a vivir, y lo que toca es seguir luchando. Yo amo este proceso, yo me siento feliz haciendo lo que hago, aunque a veces muy frustrada pero…”

A veces escribe algo de música cuando está muy dolida y cuando tiene mucho sentimiento, ha escrito algunas canciones, se ríe un poco y dice: “si las grabo me vuelvo famosa y me pierdo, y término creyéndome la fama”. De hecho en el 2001 cuando hubo la masacre del Naya, escribió una canción, la cual cantó en su reciente visita a Cuba. Aquí le dejamos una de esas canciones. 

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Fuente: http://centroafrobogota.org/index.php/10-ultimasnoticias/64-fran

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